Sobre el poder mediático
Leí en una pared: "Es fácil esconderse valientemente en el anonimato. ¡Salga de esa máscara, influyente abusador de las redes!"
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Los contenidos mediáticos, ¿qué procuran?
¿Cómo satisfacen sus objetivos al alcanzar "tendencia"? ¿Quién tiene finalmente el control de los contenidos? ¿quien discrimina o quien escucha, lee y cree?
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La estrategia de masificar una idea gratuitamente, "en señal abierta" ¿no pretende influencia en la mayoría de los que opinan y por esta influir sobre los subordinados?
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¿Cómo llegan los comerciantes al bolsillo de las familias?
En navidad, ¿por qué los niños son el blanco del deseo?
Sus desbocadas apetencias ¿no son satisfechas acaso por sus amados progenitores? Entonces, ¿quién es en realidad el blanco?
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Así, las apetencias materiales encuentran en los convencionalismos y las tradiciones el nicho perfecto: la satisfacción infantil por fuerza de la complacencia, la competencia y una necesidad de sentirse además querido por la atribución que le obsequian al buen proveedor, so pena de reproche.
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Crear una necesidad, ¿no es el objetivo del mercado?
Cuando los medios influyen socialmente otorgan la oportunidad de influir por convicción o por fuerza del dogmatismo.
Pero el problema, si la intención es subalterna, ¿no recae acaso sobre quien no criba?
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Atribuir abuso de poder a quien utiliza un medio para influir ¿cuándo es entonces un verdadero problema? ¿Por causa del tentador o por el objetivo de la tentación?
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Si la divergencia de opinión sobre temas de interés colectivo son ventiladas en determinado medio social, el verdadero poder ¿lo tiene el usuario, el objetivo final o quien induce? ¿Quién controla las pasiones?
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El niño apela al cariño de su buen padre, y le llora insistente y tercamente por su regalo. ¿Cuál es entonces la prueba que le dió certeza al oyente o al espectador que por fuerza de pasión decidió creer un argumento falaz?
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Quizás el debate propuesto termine siendo un señuelo para desenmascarar pasiones desbocadas y así revelar actitudes ocultas.
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Si los niños reciben regalos en navidad, quien no posee los medios para hacer pública esa generosidad, ¿cómo reaccionaría prudentemente ante la opinión de las masas inculcadas?
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"Es inconcebible que tu hijo no reciba regalos esa fecha... ¡que falta de amor!"
Tímido ante el flagelo colectivo "tiene que" cumplir con dar en esa fecha, "¡ni antes ni después!"
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Pero, ¿lo hace menos amoroso por haber previsto un mejor momento para ser lo que en realidad es, un padre dadivoso?
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Si inculcara en sus hijos los obsequios ganados por mérito, ¿no deviene mejor enseñanza?
Así, el incentivo resulta ser para él un medio bondadoso que premia el esfuerzo antes que el ceder a las necesidades que le son en realidad ajenas.
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"No sigas a la mayoría de la gente para hacer cosas malas, ni des un testimonio que vaya en contra de la justicia tan solo por apoyar a la mayoría.
Debes ser imparcial en la disputa de un pobre".
(Éxodo 23: 2,3)
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Por ello,
"Es bueno ser prudente en público. Desenmascare primero usted vuestras intenciones a la luz de vuestra criba y certeza sobre un anuncio o noticia si desea contestar a los más influyentes y hábiles de las redes".
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La criba imparcial sobre toda afirmación obra sabia y prudentemente ante las decisiones o los criterios por los que todo ser pensante se rige.
Sin recurrir al anonimato ni al falso sentido de valentía, porque lo ampara la certeza de sus sólidos principios.
05.11.22
11 Jeshvan 5783H
HR

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