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Mostrando las entradas de agosto, 2025

Sobre amigos, mentores y enemigos

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  Sobre amigos, mentores y enemigos Leí en una pared: “Nadie es tu amigo… Nadie es tu enemigo… ¡Todos son tus maestros!” … La vocación magisterial,  ¿se circunscribirá a lazos de afecto o desafecto? ¿Quién es en realidad un maestro? El amigo que aconseja es filial El enemigo que enseña es humanamente mortal El maestro que educa, ¿no lo hace acaso por vocación? … El amigo que quiere aconseja por un sentir fraterno de bienestar a quienes ama. De allí que se le considere “mentor amigo”. … El enemigo causa daño por un sentir anti-fraterno de egoísmo y maldad. De allí que se le considere “mentor de mal”. … Un consejero, guía o facilitador, sin adjetivos, ¿no apela por vocación experimentada a compartir sus conocimientos y experiencia con alguien menos experimentado (el mentorizado) para ayudarle a crecer personal y profesionalmente? … Durante una relación de largo plazo, ¿no ofrece asesoría, autoconocimiento y apoyo para que el mentorizado alcance metas, desarrolle habilidades y su...

1. De las tres metamorfosis

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  1. De las tres metamorfosis “Ved al espíritu: vedlo en sus tres transformaciones. Os lo diré. “El espíritu se convierte en camello, aquel en león, aquel en niño. “La veneración del espíritu le demanda taras, aún las taras más angustiosas. “Se arrodilla aquel camello para inquirir: ‘¿qué es pesado?’ arrodillado espera la carga cual héroe. “‘¿Qué es pesado?’ ¡echad cargas para mi regocijo! Quiero dañar mi soberbia’. ‘Ved como mi tontería se burla de la sabiduría?’ “¿Será quizás que celebra ella aquella victoria al apartarse, al ascender la montaña para tentar al tentador? “¿Será quizás que de bellotas y hierbajo del conocimiento se alimenta? Sufre su alma por amor a la verdad. Enferma por despachar a los consoladores y busca en los sordos amigos refugio para no oír los designios de su voluntad. “¿Será quizás que, al hundirse en agua fétida de la llamada ‘verdad’ no desea apartar de sí ranas y sapos fétidos? “¿Será quizás que, al amar a quien lo desprecia le tiende la diestra a un f...

X. La sabiduría de aquel vuelo

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X. La sabiduría de aquel vuelo “¡Mis animales!” Dijo para sí el arcano mirando al mediodía y señalando con la mirada atenta el vuelo de un águila, cuyo agudo grito despertó su atención hacia lo alto. Cruzaba aquel ave trazando amplios círculos celestes, bajo cuyas garras una serpiente colgaba, no como una presa, sino como una amiga, enroscada ella alrededor de su cuello. “El ave más imponente y más orgullosa debajo del sol,  “El animal más inteligente y más sabio debajo del sol, “¿Sales a reconocer el terreno? “Te interesa saber si Zaratustra aún vive. “Dime tú, ¿vivo yo todavía? “He encontrado más peligros entre los hombres que entre vosotros, los animales… Peligrosos son todos los caminos por donde anda Zaratustra. “¡Guíenme animales míos!”  Se acordó el arcano al decir esto de las palabras del viejo santo en el bosque. Suspiró y confesó así a su corazón:  “¡Ojalá fuera yo más inteligente! “¡Ojalá fuera yo más inteligente de verdad, como mi serpiente!  “Pido cosas ...

IX. Luz de aurora

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  IX. Luz de aurora Toda la madrugada y la mañana entera acariciaron el rostro dormido del arcano. Miró al despertar el bosque y el silencio de aquella espesura verde. Al discernir súbitamente una verdad nueva se puso de pie de un salto con ansias de aclamar el rebosante contenido de su emoción, como marino que, en medio del ponto ha descubierto tierra. Dijo para si: “Una luz he visto. Necesito compañeros marinos que me acompañen, vivos y no cadáveres para conducirlos adonde yo quiera. Vivos todos ellos que se querrán seguir a sí mismos y al hacerlo a mi seguirme quieran. “Una luz he visto. No predique más Zaratustra al pueblo sino a compañeros, reclutas de viaje. ¡No sea el arcano pastor de ovejas ni perro de rebaños! “Se llaman ‘buenos y justos’ aquellos pastores. ¿Será posible apartarlos del rebaño? Seré un ladrón para estos que me odian. Se llaman también ‘creyentes ortodoxos’ aquellos pastores” “Vedlos: buenos y justos, ¿a quién vosotros odiáis? A quien les quiebra valores en ...

VIII. Con el cadáver a cuestas

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  VIII. Con el cadáver a cuestas Con el cadáver a cuestas susurróle al oído el bufón de la torre, quien festejaba la cosecha del arcano. "Vete Zaratustra. Muchos aquí te odian, sobretodo los justos y buenos. Para ellos despreciador y enemigos eres. "Buenos y justos, creyentes ortodoxos... Para todos ellos eres un peligro colectivo. "Afortunado eres porque de tí las masas se burlaron desde que, como bufo inteligente, hablaste. "El perro muerto te salvó: te humillaste para ellos en tu compasión por él. "Vete Zaratustra, vete. Hazlo porque mañana saltaré sobre tus hombros, ¡como uno vivo sobre un muerto!”. El arcano avanzaba sordo por las oscuras calles, inmutable, mientras el bufón, cual demonio juguetón, desaparecía en la oscuridad. "Es Zaratustra, y se está llevando al perro muerto", le dijeron a la puerta de la ciudad los sepultureros alumbrando su rostro con una tea, mientras desataban risas burlonas sobre él. "¡Nos ahorras el tener que ensucia...

VII. Un vivo junto a un muerto

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VII. Un vivo junto a un muerto Junto al muerto al atardecer Y abstraído en el cuerpo tieso El arcano lo contemplaba y musitaba para si “Hoy Zaratustra ha cobrado gran pesca Un solo cadáver, más ¡lástima! ningún hombre” Olvidado así el tiempo Por el profundo meditar El arcano incorporose lentamente Para a su corazón hablar: “Siniestra y carente de todo sentido Es y será la existencia humana. Vida pasajera que encuentra la fatalidad En un simple bufón que le representa”. “Quiero enseñar a todo hombre El verdadero sentido de su ser. El rayo que brota de una oscura sombra  Penumbra y remanente que es todo hombre ¡Rayo refulgente que es el supra – hombre!” “Estoy lejos ahora de todos ellos, Mis sentidos no comunican a sus sentidos Para ellos tan solo soy un medio: Quien intermedia entre un cadáver y un necio” Junto al muerto al anochecer Y abstraído en el cuerpo tieso El arcano lo contemplaba y musitaba para él: “Oscura la fría noche está Como oscuras las sendas de Zaratustra Vamos, com...

VI. La muerte del malabarista

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VI. La muerte del malabarista El malabarista que atraía todas las miradas trabajaba en piruetas sobre la tensa cuerda por sobre las cabezas elevadas que lo veían en medio del ágora: tensada entre el mercado y el pueblo. Un bufón de pronto le salió al encuentro detrás de él. “¡Avanza cojitranco!” -gritóle- “¡Avanza que los talones te piso! ¡Avanza a tu encierro que será aquella torre a la que llegarás! ¡Cédele el camino a alguien mejor que tú!” Acercándose, mientras le hablaba con sorna, le gritó endemoniado mientras saltaba por sobre sus hombros para posesionarse delante de él en perfecto equilibrio. El malabarista que atraía todas las miradas perdió la cabeza por esta audacia y también el equilibrio; arrojó por desgracia su balancín y cayó antes que éste hacia la multitud de brazos y de piernas. El mercado y el pueblo, como el movedizo ponto que huye de una tempestad, se apartó del medio del punto de su caída. El arcano, en cambio, permaneció inmóvil cuando a su lado cayó...

V. Risotadas

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V. Risotadas “Ríen. “Soy solo una boca que profiere para sordos oídos. “Acostumbrados están al que balbucea penitente y no al que trona como forte de timbal sobre creyentes que solo buscan ver antes que oír, cuando aquel que apela a sus oídos busca en ellos remecer. “¡Deberían tener oídos para ver y ojos para oír! “Y la cultura, aquella razón de su orgullo, es lo que los distingue de los apacibles cuidadores de cabras. “¿Apelaré entonces a su orgullo y no a las razones que niegan oír? ¿Apelaré entonces al desprecio? “¡Apelaré entonces al desprecio para hablarles del último hombre!” … El arcano habló. “Ha llegado la hora de que fijéis vuestra esperanza, la hora en que debéis plantar la semilla de vuestra más alta esperanza: ¡hacedlo antes que la tierra se haga baldía y que de ella no tengan para vosotros ningún frondoso árbol! “Mirad: llega la hora en que hombre alguno dejará de tensar la cuerda del arco para lanzar las flechas anheladas más allá del hombre mismo. “Mirad: ¡tengan caos d...

IV. A quiénes ama el arcano

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  IV. A quiénes ama el arcano   “Pende sobre el abismo una cuerda: un puente colgante entre la bestia y el supra – hombre. Siendo el hombre un tránsito y un ocaso a la vez, ¿no debería amarse a sí mismo como tránsito y también como aquel puente sin aspirar ser objetivo alguno? “Los que cruzan exitosos por aquel son los que se hunden como mi sol en el ocaso… a ellos yo amo. “Las flechas que apuntan y llegan al otro extremo con la fuerza del desprecio, sin indagar más allá de las estrellas y viven para hacer de la tierra la posesión del supra – hombre… a ellos yo amo. “A quien aspira su propio ocaso para conocer y reconocer al supra – hombre… a ese yo amo. “A quien ama la virtud que es la voluntad del ocaso, como flecha del anhelo… a ese yo amo. “A quien anhela ser el espíritu de su virtud sin el aval del espíritu, y que atraviesa en aquel espíritu aquel puente… a ese yo amo. “A quien hace de su virtud y de su fatalidad su aspiración para seguir y no seguir vivie...

III. Prédica

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III. Prédica Convocados en el ágora por fuerte voz, el arcano gritó a todos aquellos que por ver al malabarista se congregaban allí: “¡Os enseño al supra – hombre! Vosotros, meros hombres, tendrán que superarlo. “Lo consabido y creado para vosotros, eso “superior” que habéis recreado, es afán de animal que intenta superar al hombre, el vergonzoso mono, el primigenio gusano que aspira a ser hombre… ¿no veis que aún sois monos y gusanos? Vuestro más preclaro sabio, ¡tan solo una planta fantasmal es! “¡Os enseño al supra – hombre!: el verdadero sentido de la tierra y no aquella esperanza supraterrenal. Despreciáis la vida con cicuta que convidan y que ustedes mismos prueban para desaparecer con vuestras víctimas condenadas. Los asesinos perecen así junto a quien anuncia un obituario -a su propio Dios- olvidando para sí mismos la condena por el mayor delito: el deicidio. Pero no sospechan lo más terrible: ¡intentar atentar contra la tierra! “En la reyerta del alma contra el cuerpo, aquella...

II. Descenso

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II. Descenso -“No es como mis ramas: ¡se ha transformado!” ¿Qué pretendes aqui como incendiario, dime tú? ¿Por qué osas inquietar a los que duermen? ¿No prefieres el ponto para navegar antes que arrastrarte tú mismo sobre tierra seca como serpiente?” -“¿Acaso, viejo, no percibes que amo a los hombres?” -“¿Acaso, niño, no percibes que amo a Dios? Amé también a los hombres y me hastié de su imperfección. ¿Por qué crees que hoy me deleito sólo en el bosque? -“Pero te hastiaste de hombres con las manos vacías, viejo. No les llevaste un regalo como pretendo yo. -“¡Inútil empresa! Quítales y llévate lo que mejor a ti te plazca a cuestas, allá en lo alto donde depositabas cenizas!. ¡Que ellos no mendiguen con tus limosnas antes que lo intenten de tus abundancias inmerecidas!” -“Doy abundancias y no pobrezas” -“No sabes nada del hombre desconfiado, Zaratustra. Terminarás cargando de retorno tus riquezas. Serás para ellos un vil ladrón, el fisgón que inquieta de noche en duermevela. Te puedo en...

I. Ocaso

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  I. Ocaso Sol de la alta montaña Sol del arcano de Ahura Mazda, No serías nada si faltasen aquellos sobre los que brillas, Los simples mortales que te señalamos al igual que aquel: “Lux Aeterna”. ¿No brillaste por diez años sobre quien hoy te deja? ¿Sobre la serpiente, sobre el águila? Por diez años diste en pos de la locura del sabio y de la riqueza del pobre. Desciende hoy de ti aquel misericorde de hombres como cuando desciendes tú mismo al mundo inferior. Bendición seas para todos aquellos sedientos de felicidades excesivas… ¡Bendícelos! Que rebalsen aquella copa sobre la que brillas, y que tú satisfagas a cada uno como aquel en su propio descenso. En tu propio ocaso, ¡Zaratustra! 13.08.25 De “El ocaso del arcano” LV

Sobre halagos y lisonjas

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Sobre halagos y lisonjas Leí en una pared: “No te confíes tanto en los halagos. Recuerda que el hombre acaricia al caballo solo para poder montarlo” … ¿Cuándo es prudente ponerle fe a las palabras? “Confiar tanto”, ¿difiere de “confiar poco”? … “Confiar tanto”, ¿no implica confiar? Confianza dosificada, por tanto. Pero, sea poco o mucha la confianza, ¿no es depositar esperanza firme en alguien o en algo? … Cuando se “confía” ¿no se pone “fe” en algo o alguien? Las palabras en desmedida halagadoras ¿no buscan la confianza innecesaria del objeto de halago? Entonces esto que rebosa, ¿no es lisonja? … La lisonja ¿no busca sacarle partido a su objeto de halago en detrimento de él? Por tanto es prudente detectar el falso halago. ¿Cómo distingue usted la sinceridad de un elogio de un halago desmedido? … Un vaso con agua para calmar la sed ¿tiene que rebalsar agua? Un plato de comida para calmar el hambre ¿tiene que rebozar de contendido? ¿No se aplaca la sed y el hambre con un sorbo y un boca...