Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz


Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz


-Buscó aquel orador sólo llamar la atención, ser “geocéntrico” creyendo que tienen la última palabra. ¿Es que el sol no es el centro del sistema y no un pobre cuerpo errante? ¡Mejor le sería guardar silencio antes de exhibir semejante egolatría!


-Veo, Herr Luis, que es vuestro hígado nuevamente el factor conductor al servicio de sus apresuradas conclusiones. ¿Tanta importancia le da usted a la actitud egoísta?


-No es a menos, Herr Rainer. Busco en la exposición de mis ideas una claridad que busca conciliar cuando, lejos de ostentar yo una razón indiscutible procuro armonizar con mi detractor los puntos comunes y así evitar debates infructíferos.


-“Armonizar con los puntos comunes”… he aquí algo que lo reivindica, algo que escapa de vuestro dominio hepático. ¿Y cuáles serían aquellos "términos comunes" para establecer "algo común" con vuestro detractor de turno?


-El objetivo final, Herr Rainer. Todos procuramos el mismo fin bajo percepciones distintas porque nuestras diferencias tienen siempre un origen común. Es indiscutible que así sea.


-Interesante. Y ¿cuál sería ese origen?


-Tenemos criterio enriquecido por las mismas percepciones. Y aunque la experiencia de vida difiera, nuestra condición humana se ve sometida a los mismos factores que nos hacen tal y como somos. La causa siempre será la misma, más allá del tema social o antropológico con los que por lo general vamos a diferir.


-Mira usted el efecto que le produce a usted mismo los fenómenos que le vienen desde fuera. Llama usted “factores” a estas causas externas que lo hacen por momentos intolerante y malhumorado. ¿no es así como desde afuera lo transforman?


-¿No es entonces el caso? ¿Cuál sería mi error?


-¿Se debe usted al entorno o a la ingesta de vuestros alimentos? ¿Le afecta más la opinión de otros o vuestro propio criterio? ¿No son sus lecturas y sus propias meditaciones la causa del por qué usted piensa así?


-Soy consecuencia de lo que cultivo, lo admito. Y también de las influencias que me permito. 


-Magnífico. El hombre que es causa y principio de creación está contendido en su inicio y a la vez en lo que él mismo representa a partir de su propio centro. Si procuramos meditar en causas comunes ¿no es mejor buscarlo dentro de usted mismo? Sea por un instante ciego para el entorno. Despeje todo aquello que una vela en la espesa penumbra de la noche no le alcanza a alumbrar.


-Claro que si. Aún lo recuerdo…


-El centro del hombre ¿no es su propio corazón? porque extendiendo horizontalmente vuestros brazos, ¿no hace que su centro sea el punto cordial? Solo así toma consciencia de que está inscrito en un cuadrado.


-Es cierto. La extensión horizontal de los brazos desplegados es la misma distancia de la coronilla hasta los pies... en esta postura formamos un cuadrado.


-Natürlich. El corazón es “excéntrico”, porque aquella cruz que forma con la extensión de sus brazos no coincide con el círculo que debería inscribirlo. El centro de la circunferencia sí lo haría céntrico, porque lo inscribe con centro en el plexo solar.


-¡En el ombligo!


-Siendo el hombre un ser que se podría inscribir dentro de un cuadrado cuando es cruz, con centro en sus genitales, y dentro de un círculo cuando adquiere consciencia de su verdadero centro de origen, en el círculo de su plexo solar, se podría afirmar que en el hombre, y sólo en el hombre, el área que contiene la circunferencia que lo inscribe como pentágono es el mismo espacio que está contenido en el cuadrado que a su vez también lo inscribe como cuadrado. Estos ¿no son factores comunes?


-¡En el hombre por tanto se da la resolución de la “cuadratura del círculo”!


-El centro humano, el punto cordial que es excéntrico, necesita de algo que lo haga consciente de su verdadero centro y esta, ¿no es su mente?


-Sin la mente, donde se procesan las ideas, el hombre no tomaría consciencia de sus orígenes, porque son las ideas las que lo conducirán a esa percepción que denominamos “espíritu”.


-Por tanto son las ideas, correctamente sensibles al mundo que lo rodea, las que equilibran la naturaleza excéntrica de un corazón inclinado a lo incorrecto, al arrebato impaciente y al mal humor. ¿No lo cree?


-Muy cierto… me avergüenza admitirlo.


-El centro real en el plexo solar hace consciente al hombre de su realidad dependiente, porque los alimentos que sostienen su vida y que son exteriores a su naturaleza ¿no tienen como fin llegar a aquel centro? Es en el plexo solar donde el bolo alimenticio ensalivado por el rumiar de sus alimentos se procesa para ser sostén de su vida, a su organismo de carne, derivando por el torrente sanguíneo toda la variedad de compuestos que requiere su compleja arquitectura biológica, la que lo mantendrá con vida.


-Muy cierto Herr Rainer. Nuestra vida depende de factores externos, nuestros padres, nuestros alimentos, el aire que respiramos, el abrigo, las lecturas, las opiniones…


-Medite usted ahora, bitte, en el factor de conservación. La mujer, la madre, es la que lo sostendrá con vida en estado inconsciente, pero muy atenta sensiblemente durante aquellas largas semanas a través de un cordón umbilical que une su matriz al ombligo del pequeño que está gestando, es decir, desde su plexo solar hasta el plexo solar de su criatura por nacer.


-No me percaté de esto hasta ahora que usted me lo hace ver.

Dije esto acariciando suavemente mi ombligo con mi palma derecha.


-Nacida la criatura, la dependencia deja de ser el cordón umbilical unido al plexo solar biunívoco. Ahora el canal de su vida vendrá por la cavidad bucal, donde mamará de su progenitora el néctar de vida que le procurará sobrevivir en un cosmos ajeno a su natural hábitat, que era hasta entonces el líquido que lo preservó dentro del útero materno.


-Es así como dentro de la madre el bebé en formación dependió enteramente de ella. Al salir a la luz aprende a depender de su punto excéntrico, el corazón, aquella bomba para su torrente sanguíneo, que podría representar su propia voluntad soberana e independiente. ¿Es así Herr Rainer?


-Muy buena percepción la suya. El hombre que regrese a sus orígenes, a la razón de aquel plexo solar que le representa el centro gravitante de toda su entera vida, alcanzará a comprender propósitos y trascendencias que, según los dones diferenciados, lo encaminará a mejores y felices condiciones de su existir.


-Que el tiempo y las distracciones hacen que olvidemos todo esto de nuestros orígenes, si es que alguna vez nos lo enseñaron o lo aprendimos de alguien.


El señor Rainer, dirigiéndose a un viejo cartapacio de cuero guinda de hebilla, sacó una hoja que desplegó de sus cuatro pliegues. Era un grabado que pude notar con cuidado al instante que lo acercó hacia mi. A la luz de la vela casi extinta que nos alumbraba, noté que había sido trabajada en papel manteca amarillento, y hecho con tinta china negra. Representaba una icónica figura que me llevó a mis tiempos escolares.


-La reconozco Herr Rainer. ¡Es el “hombre de Vitruvio”!


-Una fiel copia del original que rebusqué de mis antiguos trabajos, a propósito del tema que usted me trae y que siempre tengo a mano.


-Veo al hombre inscrito en un cuadrado y a la vez en un círculo con centro en el ombligo.


-Leonardo sigue cuidadosamente las instrucciones de Marcus Vitruvio, el arquitecto romano del César, quien recomendó seguir las proporciones humanas para considerar la arquitectura de las edificaciones de la gran ciudad. Cuando elaboró este boceto -que me llevó algún tiempo y con gratitud comprender- supe del poder y el valor que merece el ingenio del hombre reflexivo y observador. Le dejo una tarea. Compruebe usted las áreas de cada figura que lo inscribe. Compárelas.


-Según usted, el área de la circunferencia es la misma que la del cuadrado que inscriben al mismo hombre. Lo haré con gusto, aunque desde ya vislumbro que llegaré al mismo resultado.


-Lo sabrá cuando lo halla culminado y a su vez comprenderá que significa las “cosas comunes” en términos humanos.


-Fantástico!


-La cruz que forma al extender los brazos en posición erguida, le recordará, si usted es un ser reflexivo, aquella oportunidad de volver a sus orígenes para darle sentido a su existencia. Siendo inscrito en un cuadrado perfecto, el hombre se mirará inscrito con centro en el cuadrado que lo inscribe, sus genitales, pero haciendo centro de cruz en el corazón. Piense en esto: los grandes sacrificios ¿no se hacen por amor? ¿No es la madre quien ejemplifica el punto cordial que la motiva a preservar la vida, sacrificando su juventud y demás oportunidades por la crianza de esa criatura?


-Es un excelente ejemplo el suyo, ¡claro que sí!


-El círculo que lo inscribe le recordará, si usted es un ser reflexivo, la oportunidad de volver a sus orígenes para darle sentido a su existencia. Siendo inscrito en una circunferencia, el hombre reflexivo se mirará así inscrito con centro en el plexo solar: su verdadero origen. Meditará en ello con intencionalidad durante su devenir hacia su propia eternidad, porque, infinito aquel diámetro, se eleva imaginariamente más allá de su consciente breve existir.


18.01.25

18 Tevet 5785

LV

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