Sobre humildad y sencillez

 

Leí en una pared: “La simpleza y la humildad nos allanan el camino, porque a veces cuesta aceptar las subidas y bajadas de la vida”.



Lo simple, ¿no es el fundamento elemental de las cosas?


Lo humilde, ¿cómo se asocia a lo simple y fundamental?


Si el fundamento es el primero unitario, el germen de la concepción, todas las cosas resultantes ¿no son acaso la consecuencia de aquel fundamento multiplicado?

Así, concebido el óvulo germen, ¿no poseerá el receptor el esbozo que le dará sentido a un proceso independiente con vida propia? 

La concepción es semilla fecunda que contiene elementos de vida para una multiplicación que se definirá como ser vivo y después como persona.

Aunque el proceso fue simple, aquel espermatozoide ¿no llegó motivado o persuadido por alguna causa para servir, para fecundar? Llegó para brotar en aquel receptor aquella semilla con consecuencias felices de vida que después de largos meses formativos verá por sí misma la luz.

La naturaleza vegetativa, la primigenia, ¿no contiene por esta misma razón elementos que hacen la vida posible gracias a su sencillez?

Se descubre esta sencillez por inducción desde la infancia y se acepta por los progenitores el color y sabor de una fruta benéfica.

Comprendemos la razón del anochecer para dormir y reponernos del diario desgaste.

Convivimos con sonidos, colores y sabores de forma sencilla para hacer posible la existencia, la nuestra.

Descubrimos que el “humus”, la tierra, está debajo de nosotros, con elementos idóneos y propios siempre presenten para servir.

Y concluimos que, todo aquel que comprende “humildad” como derivado de “humus” y “humus” como elemento de soporte, siempre debajo de quien sirve, son consecuencias que facultan aquella actitud mental puesta al servicio de los demás porque preferimos voluntarios que así sea.

Inculcada primero por la madre, se pudo entender que ella compartió para sostener otra vida ajena a la suya al alimentar, cuidar y abastecer con todo aquello a su alcance para el desarrollo pleno de quien será un ser independiente llamado hijo.

….

Inculcado después por el padre, se pudo entender que él inculcó en otra vida ajena a la suya conocimientos para la capacidad de decisión de aquella otra, al enseñar, ejemplificar e incentivar todo aquello para el desarrollo pleno de quien será un ser independiente llamado hija.

Después de todo ¿no es más feliz el primero, es decir quien da con relación al que recibe? La maternidad y la paternidad correctamente llevada ¿no dan fe de ello?

Para servir ¿no es por tanto menester “permanecer debajo” de quien ministra?

Para servir es por esta causa importante la actitud natural de quien provee y se procura de provisiones para compartir.

Quien sirve es feliz porque es “humilde”, es decir, manifiesta las cualidades benéficas del “humus”, siempre generoso como quien la diseñó para proveer siempre “por debajo.”

Quien sirve feliz ¿no vivió primero para dejar vivir?

Así,

“La simpleza y la humildad nos allana el camino, porque al aceptar las subidas y bajadas de la vida comprendemos que es más feliz todo aquel que se asemeja a sus verdaderos orígenes”.


Es propio de quien ministra recomendar la felicidad con el sentido benéfico de ver en la convivencia oportunidades variadas para ser productivos, es decir felices.


24.10.24

22 Tishrei, 5785

HR

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