Sobre la real intención de los luthiers
Leí en una pared: “No es casualidad que la guitarra tenga forma de mujer. Tienen una forma en que los hombres reflejan su poder sobre nosotras. Tocar guitarra es como abusar de una mujer por la forma, por cómo sujetas con una mano y la manoseas con la otra”
...
Un buen guitarrista ¿cómo obtiene de su instrumento belleza sonora? La resonancia acústica, ¿no inicia en la concepción ideal de una composición escrita con sangre y corazón?
…
Y aquella concepción dedicada a la resonancia acústica de una guitarra,
¿dependerá mucho de un hábil guitarrista que encarnará el ideal espiritual del
compositor?
…
Y aquella hábil interpretación, ¿cuánto depende de un hábil luthier
que transformó retazos de madera en una caja de resonancia de cuerdas pulsadas destinadas
a manos virtuosas?
...
Así es como la gloria obtenida por el concertista dependió mucho de un
instrumento y de una forma hecha para concentrar frecuencias graves y agudas en
una caja similar al diafragma y al tórax humano. Pero del luthier ¿alguien habla
acaso en el día de la gloria?
...
Del mismo modo, quien trata con delicadeza e inteligencia a su compañera,
el objeto de su amor, ¿no deja que brille lo mejor de ella? El deleite de ella
¿no brilla como consecuencia de un trato virtuoso? Ella por tanto es la
protagonista de una consecuencia de amor.
…
Quizás por ello,
“No es casualidad que la guitarra tenga forma de mujer. Tienen una
forma en que los concertistas virtuosos concentran el poder de la belleza sobre
una caja resonante. Tocar guitarra equivale a procurar de una persona lo mejor
de ella, por la forma cómo consigue por sus tratos y actitudes las mejores
expresiones del objeto de su amor”.
El objeto de aquel amor ¿no resplandece por causa de quien infundió por vez primera la iniciativa del amor, de aquel Luthier anónimo que decidió en cada virtuoso encarnarse como virtud?
23.10.21
17 Jeshvan, 5782
HR

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