Sobre el origen, la línea recta y el rumbo de quien transita por las curvas de la vida

 


Sobre el origen, la línea recta y el rumbo de quien transita por las curvas de la vida


Leí en una pared: “Sé práctico y no te compliques entre curvas de indecisión: si la recta es el camino más corto entre dos puntos, tu primera intuición será el camino más corto para tu éxito”.



La vida ¿traza rectas?
 
¿Son las curvas de la vida inútiles o inevitables recorridos? ¿Es buena consejera la intuición empírica o la sólida certeza en el recorrido de la vida?

 
¿Cuándo el origen limita una vida?
El embrión adquiere las características morfológicas de su propia especie, traza un primer rumbo para ir más allá del útero que lo cobijó. Este fenómeno ¿no sucede acaso al nacer?

La posterior experiencia sensorial del neonato en el desconocido cosmos, la influencia de sus progenitores y sus propias exploraciones ¿no trazan el rumbo de aquella criatura cuando hablamos de sus primeras preferencias y gustos?

Existe una línea recta con rumbo Está intuitivo en aquella criatura que dejó de estar atada umbilicalmente a su madre. La sonrisa, la mirada pura y escrutadora de aquel bebé, sus precoces decisiones ¿no les dicen a sus padres que es una “criatura de bien”?

Serán después otros los factores externos opuestos a su natal rumbo los que procurarán empujar a aquel niño por el rumbo contrario, caótico, a un ocaso alejado de luz para el cual niño ni persona alguna está preparada.

Son por esta razón sus propios padres los celadores, los primeros maestros de la infancia de aquel viajero, quienes en línea recta atada a sus propios orígenes querrán justificarle rumbo, aprendizaje y cuidados preparatorios.

El origen limita aquella vida prematura hasta que toma su propia consciencia: el niño pregunta al articular ideas en forma de palabras aprehendidas. Y es aquí cuando se eleva por voluntad propia. Su propia percepción del cosmos lo eleva por la fuerza de su propio rumbo, y lo aleja de sus progenitores, pero nunca de sus orígenes.

El origen de aquella vida lo “pivota” rumbo Norte, y por eso se eleva.

En el primer cuadrante de aquella vida que se elevó desde la tangente con el Este Eterno hasta alcanzar su propia concepción de Norte todo es bueno.

Desde la cima de aquel primer Norte donde todo es bueno, se percata por primera vez del crepúsculo, donde fenece la luz, donde encuentra el pórtico del caos, y la puerta de lo ignoto, la necesaria confusión.

El rumbo, siempre atado a sus orígenes, por fuerza de aquella voluntad de libre arbitrio osa por su espíritu avanzar cuando decide hacerlo, y avanza para desaparecer temeroso en la noche.

En el segundo cuadrante de aquella oscura vida que se elevó desde la tangente con el Este Eterno hasta llegar al propio Oeste contemplado desde el Norte, alternará lo bueno primero y lo malo segundo.

Desde aquel crepúsculo de Oeste donde lo bueno torna a malo, se percatará por primera vez que la pobre luz del anochecer lo sumirá en la más espesa tiniebla, en la medianoche donde las estrellas y los demás astros dejaron de brillar por el libertinaje que allí juzgará.

La experiencia humana, alejada del primer amor de sus orígenes, sus padres, se interioriza en el propio mal que cohabita en él y se “espeja” en la vida del morador de las tinieblas, aquellos que también transitan por la misma curva de contemporaneidad a su lado.

¿Será entonces él un “residente temporal” o un visitante en este recinto de profundidad?
La oposición de la Luz es escuela de conciencia, dolor que enseña y que abomina como testimonio de ser hijo de aquella Luz, intruso de oscuridad y amante del Este Eterno.

Los recuerdos con la semejanza de toda cosa y persona que pasa por su mirada, que percibe con sus oídos y advierte con su olfato le harán saber que transita en círculo.

Desde este tercer cuadrante, aquella vida que se elevó desde la tangente con el Este Eterno hasta llegar al propio Oeste que osó explorar alternará lo malo primero con lo malo segundo.

El Sur, opuesto al Norte de bien, será el tránsito final, el cuarto cuadrante, antes de sentir que la oscuridad no prevalece durante su recorrido, pues habrá un amanecer en el avance de aquel peregrino.

El azufre de muerte, el caos y la pesadilla quedan atrás porque así lo testimonia la desgracia y el dolor ajeno revivido en el propio.
Desde este confín de desesperanza la luz del Eterno Este clarifica cada vez más.

Desde este cuarto cuadrante, aquella vida que se elevó desde la tangente con el Este Eterno hasta llegar al opuesto máximo del Norte, donde custodia la gran Cruz que a todo viajero guía, alternará lo malo primero con lo bueno segundo.

¿En qué instante de vida el rumbo dio un giro completo de experiencias y certezas?
La razón de sus convicciones tuvo respuestas en su propia interiorización.

Los giros de la vida querrán ampliarse durante aquel viaje, y las lecciones del primer círculo buscarán por la fuerza de su diestro rumbo el juicio, la rectitud de una conciencia entrenada, el propósito de enmienda, la rectificación dolorosa.

Los círculos serán mayores a partir del instante de esta vida purificada de lo indeseable y por fuerza de estar atada a sus origines. Aquella vida que se elevó desde la tangente con el Este Eterno girará muchas veces hasta llegar más allá con el Este Eterno.

Así,
“La vida, práctica o no, guiada por el origen del Supremo Bien, jamás se complica entre curvas de indecisión si acepta una guía: la recta, el primer camino con rumbo, desde donde aprenderá a elevarse sola y por intuición entre personas y cosas que verá en la sinuosidad del bien y del mal. Este viaje consolidará permanentemente su éxito o lo reafirmará por desgracia hacia su propia desesperanza”.
 
12.12.24
11 Kislev, 5785
HR

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