Sobre temporalidad y razón



Sobre temporalidad y razón
 
Leí en una pared: “Guardo silencio. El tiempo me dará la razón”.
...
 
El tiempo, ¿concede razones?
Los sucesos, ¿conceden razones?

 
Al callar ante abrumadora oposición, quien deja al tiempo asuntos de certeza para concordato y ajena comprobación, ¿morirá convencido de que la verdad lo asistió durante su lapso de existencia? ¿Cuándo es que una opinión se hace común?
Por excelencia, ¿no somos seres sujetos a nosotros mismos: personas, sujetos?
El cosmos, la realidad ajena a la persona, se la cree y denomina "objetiva". El ser pensante, subjetivo per se, ¿no objetiviza algo para interpretar la realidad que ha sido comúnmente aceptada, y esto por el rigor de ser un ente social? Necesita la asistencia de la opinión consagrada, oleada y sacramentada para atribuirse la razón cuando los demás perciban que "habla usted con propiedad".
La sociedad ¿no impone el “habla con propiedad”, donde lo común impera antes que lo individual? Así, las costumbres domesticas son ocultas en la fachada de la "urbanidad y las buenas maneras" para obtener concesiones sociales denominadas "respeto y aceptación social", porque no lastima la susceptibilidad de los demás.
La sociedad ¿no suele condenar el “habla individual”, la opinión personal, donde lo común impera antes que lo individual? Así, las costumbres domesticas niegan, rechazan la fachada de urbanidad y buenas maneras para obtener libertades sociales denominadas "irrespeto", "indecoro" y rechazo social para las mayorías circundantes.
Llevado el problema al ámbito de las ideas, la opinión subjetiva, ¿es inferior a la objetiva?
Los niños interpretan el cosmos en forma subjetiva y se tienen que esforzar para comprender la realidad objetiva por métodos de aprendizaje o adoctrinamiento.
¿Es la realidad objetiva? ¿Es la realidad subjetiva?
En toda oración un sujeto ES lo que de él se dice, es decir, lo que de él se predica:
“La mujer ayudó a quien fuera su madre a dormir todas las noches”
La mujer sin nombre resulta SER lo que de ella se comenta: ayudaba a su madre a dormir.
“Buena hija, sacrificada, abnegada, considerada”. La subjetividad alrededor de ella la condecora como la afirmación de un ideal de hija.
Semanas más tarde de los obituarios se descubre que dicha hija maltrataba ferozmente a su madre antes de llevarla a dormir. La nueva sentencia:
“La mujer maltrataba a quien fuera su madre antes de llevarla a dormir”
La mujer sin nombre resulta SER lo que de ella se comenta: maltrataba ferozmente a su madre cuando la lleva a dormir (el adjetivo calificativo enfurece a las masas).
“Mala hija, desalmada, canalla, desconsiderada”. La objetividad alrededor de ella la maldice ahora como la negación de un ideal de hija.
Así, la realidad, palabra mal empleada, que se atribuye a lo objetivo y común, se basa en la comprobación científica cuya certeza se fundamenta en la experimentación que tiende a la comprobación y certeza que devienen leyes y sentencias que regirán la conducta social.
La realidad, palabra mal empleada, que se atribuye a lo subjetivo y propio, se basa en la comprobación intuitiva y personal cuya certeza se fundamenta en la vivencia.
Las leyes que rigen la realidad objetiva pretenden ser inmutables y están en la pesquisa del hombre objetivo: el científico. Estas leyes que sobreviven a las generaciones que la interpretan y estudian no dejan de ser, para la opinión comúnmente aceptada, inmutables en tanto función universal. El devenir hace que dichas leyes sean confirmadas o ampliadas, algunas veces reinterpretadas por revisión, como es el caso del concepto del universo hasta antes de Edwin Hubble.
Las leyes que rigen la realidad subjetiva son mutables y están en la pesquisa del hombre sujeto: el hombre común. Estas leyes que gobiernan la personalidad de las generaciones que la materializan en libre opinión y arte no dejan de ser, para el sujeto que las concibe, inmutables en tanto intuición universal. El devenir hace que dichas leyes sean confirmadas o ampliadas por empatía y coincidencia, algunas veces reinventadas por inspiración.
Entonces, el pensamiento crítico, ¿qué rol jugaría?
Si la certeza es primero subjetiva, el aval del cosmos denominado objetivamente "ente real", ¿no corresponderá en relativa perfección a la intuición subjetiva con aquello concreto y objetivo?
En cierto modo, aquella certeza de base sólida resultará ser objetividad en lo subyacente personal: contentamiento, eficiencia, buenas relaciones, felicidad.
Quizás por ello,
“Guardo silencio. El devenir develará la certeza ajena a mi propio yo en felices coincidencia o en inevitables desaciertos en la escuela del perpetuo saber”.
 

25.04.25
Shabat, 28 de Nisan, 5785
HR 

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