Sobre cambios y apariencias



Leí en una pared: “Ni yo tengo el cuerpazo que a ti te gusta, ni tú tienes el cerebro que a mí me atrae. Así de simple.”

Las cosas efímeras, ¿por qué son funcionales?
¿Mutan en el tiempo las valoraciones?
En los procesos naturales, los cambios ¿qué propósito cumplen?

Las orugas rastreras que viven para devorar cuanta clorofila encuentren entre las hojas, ¿no buscan después en la crisálida un refugio para su otoño? Cuando salen a la luz dejan la apariencia vistosa para experimentar un cambio: el vuelo de mariposa.

Los aguiluchos que viven para devorar cuanta carroña se sirvan del pico de sus madres, ¿no buscan después en el abismo del risco un desafío para su vida adulta? Cuando son aventadas de las alturas dejan la apariencia débil para adoptar un cambio: el vuelo con plumas remeras del águila cazadora.

Las víboras rastreras que viven para devorar cuanto roedor encuentren entre su sinuoso camino, ¿no buscan después en sus madrigueras un refugio para su otoño? Cuando salen a la luz dejan la apariencia primitiva para mudar de piel a través de un cambio: la contristora reina de los pantanos.

Los niños que viven jugando y aplacan hambre y sed en sus padres en el calor de su hogar, ¿no buscan después en la juventud un refugio para su independencia como adultos? Cuando ven la luz de su criterio propio dejan la apariencia engreída para adoptar un cambio: la firme postura de un adulto.

¿Cómo trasciende el amor de una pareja que frisa canas durante la edad de oro?

Ambos
¿No admiten acaso que sin la atracción corpórea y de apariencia bella hubiese sido imposible el cortejo, la flor en la mano, el poema y la entrega íntima en intercambio libre?

Ambos
¿No recuerdan acaso que sin la atracción corpórea y de apariencia bella hubiese sido imposible el deseo mutuo y consentido de fructificar hijos?

Ambos
¿No recuerdan acaso que sin la memoria volátil y de necesaria solicitud sería imposible el revivir los momentos estelares de aquella unidad cuando la relación enfrentaba peligros?

Ida la belleza y los colores vistosos, queda el consumado cuerpo que torna la valoración en algo infinitamente mejor: la atracción erótica por el apego agápico que hace de ambos una unidad de belleza espiritual antes que una de temporalidad carnal.

Ida la energía y los momentos memorables, queda la despedida de sus retoños que torna la valoración en algo infinitamente mejor: el apego paternal por la amistad fraterna que ofrecen ambos como unidad de belleza emocional antes que la temporalidad dependiente e imposible hacia sus mozos.

Ida la memoria y los colores vistosos, queda el álbum evocativo que torna la valoración en algo infinitamente mejor: la soledad compartida por el apego agápico que hace de ambos una unidad de belleza trascendental antes que los actos egoístas que llevan al mutuo aburrimiento y al abandono.

Siendo lo efímero volátil como las flores que cumplen con dar semillas, al morir estas ¿no sacrifican fragancia y color por preservar el germen de vida que llevan en su seno para arrojarlas sobre terreno fértil?
La transición de lo efímero a lo duradero resulta de ese modo funcional.

Así,
“Ni ambos tenemos la apariencia que nos atrajo, ni ambos tenemos la memoria que a nosotros nos alegraba. Así de inevitable es el aceptar que por estos dichosos cambios somos mejores”
Aceptar cambios sin mutuos reproches consolida la unidad de propósito cuando las almas comprenden que cumplieron la temporalidad de darle sentido a sus vidas enriquecidas con bellas experiencias y colores vistosos en el viejo álbum de aquellos recuerdos.
07.11.24
06 Jeshvan 5785
HR

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