Sobre el consciente obrar inteligente a conciencia
Leí en una pared: “De vez en cuando uno aprende a dar la espalda, pero
hazlo con elegancia con la misma determinación de quien con poca inteligencia
te hirió a conciencia”
…
¿Qué es obrar con inteligencia ante la adversidad?
La “elegancia” al obrar ante una provocación, ¿qué esconde? ¿Qué enfrenta? Ser
inteligente, ¿implicará la asistencia de la conciencia o de la consciencia? ¿Hiere
uno “a conciencia” o “con consciencia”? ¿Por qué y a quién desea usted darle la
espalda?
…
Suelen ser las personas débiles de espíritu las que fuerzan actitudes desafiantes e impostadas “con elegancia” para no enfrentar con el ejercicio de la razón aquellas actitudes indeseadas como la vil provocación. Quien así asesora, ¿no da fe de ello?
…
Aquel asesor ¿no esperará en el resultado de su propio consejo la reafirmación de su propio fracaso confirmado en el desatino del otro? ¿Habrá encomio o juicio adverso de parte del juez interno? La conciencia que obra como fiscal señalará el error mientras que aquella que obra como abogado señalará el acierto con respectivo encomio. ¿Tiene usted consciencia de esto?
…
Si el objetivo es pagar el mal con indiferencia, ¿se tiene consciencia de las consecuencias? ¿Qué dirá su conciencia si el resultado resulta peor que la causa?
…
Si aquella facultad humana, cuya raíz latina “intelligentia” o “intellēctus”, del verbo “intellegere” (inter: «entre» y legere: «leer, escoger»), implica comprender, aprender, abstraer conceptos y aplicarlos para resolver problemas, ¿no le permitirá acaso -y de manera prudente- el poder manejar situaciones nuevas o difíciles para utilizar la razón con habilidad? Un obrar inteligente es entonces el cultivo de una personalidad que sabe responder ante actitudes correctas e incorrectas sin la asesoría negligente de un abogado inepto.
…
Pregúntese: “darle la espalda con elegancia”, ¿no implicaría un tímido y solapado actuar soberbio ante una situación de impotencia por daño inducido? Un espaldarazo de indiferencia podría interpretarse como uno de impotencia, si agotada la razón tiene usted consciencia que está ante un necio. Evalúe para usted mismo qué es ser “inteligente”, en este particular caso.
…
Siendo que la palabra “conciencia”, que proviene del latín “conscientia”, calco a su vez del griego antiguo “syneídēsis”, -compuesta por las palabras “cum”, que significa "con", y “scio”, que significa "conocimiento", el espejo de uno mismo- ¿qué le permite hacer? ¿No lo visualizará después de cualquier obrar ante una situación de ventajosa o desventajosa posición para con otros? ¿Será entonces prudente el darle la espalda a su adversario o en el mejor de los casos enfrentar la situación con inteligencia?
…
Salvo que usted discierna un obrar inicuo y malévolo, un espaldarazo ¿no sería signo de debilidad y ausencia de inteligencia?
…
Al obrar con buena conciencia poseerá usted la consciencia de esta situación, porque “consciencia” (del latín “conscientia”, cuya raíz griega antigua συνείδησις (syneídēsis), resulta ser aquel conocimiento inmediato o espontáneo que usted tiene de sí mismo, de vuestros actos y reflexiones al relacionarse con la realidad circundante, es decir un forzoso conocimiento reflexivo de vuestra actitud al percibirse en este mundo.
…
Así, obrar con inteligencia sería tener consciencia de poseer por los resultados una buena o mala conciencia.
…
¿Será entonces prudente darle la espalda a su adversario o enfrentar la situación con inteligencia?
…
Si a usted lo hirieron conscientemente, ¿qué auto-percibe su conciencia? ¿Está usted plenamente consciente de cuál es el correcto obrar?
…
Al enfrentar usted la adversidad, ¿no se percibirá valeroso? Pero, ¿por qué valeroso?
Al enfrentar usted la adversidad, ¿no se percibirá empático? Pero, ¿por qué empático?
Al enfrentar usted la adversidad, ¿no se percibirá inteligente? Pero, ¿por qué inteligente?
Al enfrentar usted la adversidad con inteligencia, vuestra conciencia, si está formada en valores, ¿no lo conducirá a ponerse en el lugar del otro? ¿Es así como usted desea ser tratado? Entonces lo asistirá la empatía.
…
Al enfrentar usted la adversidad con empatía, vuestra conciencia, si está formada en valores, ¿no lo conducirá a querer conciliar con el otro? ¿Es así como usted desea ser tratado? Entonces lo asistirá el valor.
…
Al enfrentar usted la adversidad con valor, vuestra conciencia, si está formada en valores, ¿no lo conducirá a querer conciliar con el otro? ¿Es así como usted desea ser tratado? Entonces lo asistirá el amor filial.
…
¿Puede valorarse el obrar por sus resultados? Restablecer la paz o llevársela consigo sería el fruto de un obrar inteligente.
…
“Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies”.
(Mat 10: 12-14)
…
De esta forma,
“Cuando sea el caso uno aprende a dar la espalda a la indiferencia para enfrentar con inteligencia la adversidad asistida por buenos motivos. Será una acción bienvenida que lo auto-determinará con buena conciencia si ganó finalmente a un amigo que obró contra usted imprudente con culposa y poca inteligencia o, a contrario sensu, salvaguardó usted la paz con merecido espaldarazo ante aquel que le hirió con alevosía, es decir a consciencia”.
10/11/24
9 Jeshvan, 5785
HR
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Suelen ser las personas débiles de espíritu las que fuerzan actitudes desafiantes e impostadas “con elegancia” para no enfrentar con el ejercicio de la razón aquellas actitudes indeseadas como la vil provocación. Quien así asesora, ¿no da fe de ello?
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Aquel asesor ¿no esperará en el resultado de su propio consejo la reafirmación de su propio fracaso confirmado en el desatino del otro? ¿Habrá encomio o juicio adverso de parte del juez interno? La conciencia que obra como fiscal señalará el error mientras que aquella que obra como abogado señalará el acierto con respectivo encomio. ¿Tiene usted consciencia de esto?
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Si el objetivo es pagar el mal con indiferencia, ¿se tiene consciencia de las consecuencias? ¿Qué dirá su conciencia si el resultado resulta peor que la causa?
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Si aquella facultad humana, cuya raíz latina “intelligentia” o “intellēctus”, del verbo “intellegere” (inter: «entre» y legere: «leer, escoger»), implica comprender, aprender, abstraer conceptos y aplicarlos para resolver problemas, ¿no le permitirá acaso -y de manera prudente- el poder manejar situaciones nuevas o difíciles para utilizar la razón con habilidad? Un obrar inteligente es entonces el cultivo de una personalidad que sabe responder ante actitudes correctas e incorrectas sin la asesoría negligente de un abogado inepto.
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Pregúntese: “darle la espalda con elegancia”, ¿no implicaría un tímido y solapado actuar soberbio ante una situación de impotencia por daño inducido? Un espaldarazo de indiferencia podría interpretarse como uno de impotencia, si agotada la razón tiene usted consciencia que está ante un necio. Evalúe para usted mismo qué es ser “inteligente”, en este particular caso.
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Siendo que la palabra “conciencia”, que proviene del latín “conscientia”, calco a su vez del griego antiguo “syneídēsis”, -compuesta por las palabras “cum”, que significa "con", y “scio”, que significa "conocimiento", el espejo de uno mismo- ¿qué le permite hacer? ¿No lo visualizará después de cualquier obrar ante una situación de ventajosa o desventajosa posición para con otros? ¿Será entonces prudente el darle la espalda a su adversario o en el mejor de los casos enfrentar la situación con inteligencia?
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Salvo que usted discierna un obrar inicuo y malévolo, un espaldarazo ¿no sería signo de debilidad y ausencia de inteligencia?
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Al obrar con buena conciencia poseerá usted la consciencia de esta situación, porque “consciencia” (del latín “conscientia”, cuya raíz griega antigua συνείδησις (syneídēsis), resulta ser aquel conocimiento inmediato o espontáneo que usted tiene de sí mismo, de vuestros actos y reflexiones al relacionarse con la realidad circundante, es decir un forzoso conocimiento reflexivo de vuestra actitud al percibirse en este mundo.
Así, obrar con inteligencia sería tener consciencia de poseer por los resultados una buena o mala conciencia.
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¿Será entonces prudente darle la espalda a su adversario o enfrentar la situación con inteligencia?
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Si a usted lo hirieron conscientemente, ¿qué auto-percibe su conciencia? ¿Está usted plenamente consciente de cuál es el correcto obrar?
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Al enfrentar usted la adversidad, ¿no se percibirá valeroso? Pero, ¿por qué valeroso?
Al enfrentar usted la adversidad, ¿no se percibirá empático? Pero, ¿por qué empático?
Al enfrentar usted la adversidad, ¿no se percibirá inteligente? Pero, ¿por qué inteligente?
Al enfrentar usted la adversidad con inteligencia, vuestra conciencia, si está formada en valores, ¿no lo conducirá a ponerse en el lugar del otro? ¿Es así como usted desea ser tratado? Entonces lo asistirá la empatía.
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Al enfrentar usted la adversidad con empatía, vuestra conciencia, si está formada en valores, ¿no lo conducirá a querer conciliar con el otro? ¿Es así como usted desea ser tratado? Entonces lo asistirá el valor.
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Al enfrentar usted la adversidad con valor, vuestra conciencia, si está formada en valores, ¿no lo conducirá a querer conciliar con el otro? ¿Es así como usted desea ser tratado? Entonces lo asistirá el amor filial.
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¿Puede valorarse el obrar por sus resultados? Restablecer la paz o llevársela consigo sería el fruto de un obrar inteligente.
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“Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies”.
(Mat 10: 12-14)
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De esta forma,
“Cuando sea el caso uno aprende a dar la espalda a la indiferencia para enfrentar con inteligencia la adversidad asistida por buenos motivos. Será una acción bienvenida que lo auto-determinará con buena conciencia si ganó finalmente a un amigo que obró contra usted imprudente con culposa y poca inteligencia o, a contrario sensu, salvaguardó usted la paz con merecido espaldarazo ante aquel que le hirió con alevosía, es decir a consciencia”.
9 Jeshvan, 5785
HR
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