Sobre conservadores y malestares ajenos
Sobre conservadores y malestares ajenos
Leí en una pared: “¡¡¡Más malestar y daño generan:
Los conservadores esclavizados!!!
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La sensación que procura generalizar molestia, enfermedad o falta de bienestar, ¿es voz propia o sensación colectiva?
Quien aqueja malestar ¿por qué haría de público parecer un fastidio? ¿Por sí mismo o por ser voz autorizada o representativa de otros?
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¿A quién condiciona el malestar ajeno? Un fastidio manifestado ¿puede hacerse fastidio colectivo?
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Siendo “malestar" la suma del prefijo "mal-" (latín mălus: "malo") y del verbo "estar": "estar mal", aquel estado de incomodidad, física o del ánimo, ¿no parte de quien sensible al daño da el primer alarido de dolor?
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En tanto todo sujeto verbaliza la idea de “generar malestar”, ¿no expresa, entre líneas, “¡¡¡Más malestar y daño me generan: Los conservadores esclavizados!!! (con énfasis en la triple admiración vocativa)?
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Así, un único grito de dolor puede hacerse colectivo. Pero ¿entre quiénes? ¿Entre libertos o esclavizados?
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Si al equiparar y contrastar el mundo de lo aparente o sensible con el mundo inteligible o inmanente, ¿qué conclusión obtendrían aquellas almas libertas expectante en el foro?
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“Hay una queja de dolor por causa de los conservadores esclavistas”
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“Alguien se ha quejado de dolor por causa de los conservadores esclavistas”
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“Un miembro del foro se ha quejado de dolor por causa de los conservadores esclavistas”
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“El señor fulano de tal se ha quejado de dolor por causa de los conservadores esclavistas”
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Las conclusiones todas, ¿no señalan al dolor individualizado en tan solo un protagonista?
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Quienes observan el dolor ajeno, ¿qué rol desempeñan frente a la propuesta de aquel dolor ajeno? ¿No es oportuno en esta estación de la inmanente respuesta indagar por la causa y ya no por el dolor que al fin y al cabo será ajeno?
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Quien se siente en favor de mantener los valores y principios establecidos frente a todas las innovaciones ¿no será llamado “conservador” por su resistencia al cambio?
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¿Quién ostenta mejor su razón? ¿Quien se deleita en el juego de las sombras en las profundidades de una caverna o quien se deleita en los colores y los perfumes del azafrán y los raudos mirtos que cruzan el firmamento fuera de ella?
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Quien mantiene la defensa de una idea ¿no se hace “conservador” de ella? ¿Pueden acaso los “martillazos” de nuevas ideas doblegar a aquella que se defiende para conservarla?
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Ergo, quien defiende con pasión una idea que “martilla” a otras ajenas ¿no es esclavo de sus propias conclusiones? ¿No invita al deleite de sombras antes que al deleite de luz? ¿Qué es la sombra? ¿Qué es la luz?
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Concluir que lo sensible y temporal es un conjunto de sombras de algo inmanente y real por descubrir, ¿no emancipa a las mentes libres que utilizan como espada el pensamiento crítico para dividir lo aparente de lo real? ¿No acopiarán para sí propuestas de novedosas ideas para concebir otras sin la necesidad imperiosa del efecto del “martillar”?
Quizás por ello, y dando prudente uso a los antónimos,
“¡Cuánto bienestar y placer me generan los libres pensadores emancipados!” (sin énfasis, con una sola expresión de admiración).
26.09.25
05 Tishrei, 5786
HR

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