VIII. DISQUISICIONES SOBRE EL CUSANO: CUSA Y LA BANDA DE MOEBIUS (I)
VIII. DISQUISICIONES
SOBRE EL CUSANO: CUSA Y LA BANDA DE MOEBIUS (I)
-A propósito de nuestras disquisiciones cusanianas, he re-creado
una imagen con una estética que imita a la renacentista, Herr Rainer, evocando
el estilo de los maestros del siglo XV como Rafael o Miguel Ángel. En ella,
introduzco anacrónicamente la denominada “Banda de Möbius”. La he querido representar
con una textura de pergamino antiguo y detalles en pan de oro, integrando
caligrafía latina clásica. Desde que inicié con usted este análisis acerca del
pensamiento sobre el Cusano, mi obsesión no ha parado hasta esta composición
que paso a detallarle.
-Felicito vuestro afán y trabajo, Herr Luis. Le soy atento.
-Tuve una sospecha acerca de esta relación válida a partir del Máximo y Mínimo: El "Maximum Absolutum". Aquí la manifiesto como una luz divina de claridad celestial (típica del arte sacro renacentista y anterior a esta), mientras que el "Minimum Absolutum" intento fundirlo en detalles microscópicos y terrenales, ilustrando con estos opuestos en la misma banda la “coincidentia oppositorum” (coincidencia de opuestos). Mi modesta propuesta es un intento de retratar con realismo y dignidad aquellos retratos de la época que capturen la esencia descubierta en De Docta Ignorantia. ¿Podría usted verla?
El señor Rainer la examinó en silencio, de pie, inclinado
parcialmente sobre la mesa, auxiliado con una lupa de aumento que obtuvo de uno
de los bolsillos de su saco. Al cabo de algunos minutos de silencioso
escudriñamiento, volvió al auxilio de la lupa de aumento para examinar las
referencias que leyó en susurro, con un tono de voz que transmitía meditación
profunda.
-La considero una propuesta fascinante, Herr Luis. Muy
acertado de vuestra parte haber utilizado un recurso topológico contemporáneo
para fusionar ciencia moderna y ciencia medieval en esta búsqueda de la
infinitud teológica, que al fin y al cabo es la búsqueda de certezas.
¿Anacrónica? Este es un recorrido atemporal de realidades no contempladas,
vistas con la mirada descrita en estas palabras: “el fundamento de lo que se
espera, la garantía de lo que no se ve”. Las recordará de la epístola a los
Hebreos.
-Gracias por sus palabras. Considero que la banda de Möbius
no es solo un acierto de la topología contemporánea, sino un modelo idóneo para
la geometría sagrada descrita en la "Docta
Ignorancia" de Nicolás de Cusa. Intento describir el recurso de la
mente, que al aceptar figuras espaciales denominadas “reales”, conciba nuevas
formas paradigmáticas cuando se les somete a un cambio.
-Precise usted algo, bitte. ¿qué determinó el cambio para
que la banda de Möbius resulte ser la solución de aquellas cosas que el cerebro
humano no puede captar por la visión tridimensional que posee?
Sorprendido por aquella pregunta, sorpresiva como ya me era
habitual en el señor Rainer, me obligué al retiro de unos cuantos segundos para
meditar en una respuesta que me significara certeza
temporal. Respondí:
-Espero no equivocarme, Herr Rainer; y si lo estoy, mejor
para mí. Vea usted, lo que determina que la banda de
Möbius sea una "llave" para resolver las limitaciones de
nuestra visión tridimensional es el paso, a partir de una geometría de las formas, aquella donde
medimos cosas estáticas, a una topología
de las relaciones donde podaos entender cómo se conecta el Todo. ¿Qué
relación tendría una figura espacial con la existencia de su opuesto real? Me
pregunto.
-Danke. El cerebro humano, diseñado para la cognición
en un entorno de objetos sólidos, diferenciados y separados, categorizados, ¿no
opera bajo la lógica de "dos
caras"? Piense, bitte, en el “yo/mundo”,
en el “dentro/fuera”. Por tanto, debe
haber una razón fundamental que permita esta solución. Apelo a vuestra ciencia
y conocimientos para descubrirla.
Algo sonrojado por el inmerecido halago, pasé a sustentar.
-Me baso precisamente en los tres ejes que mi imagen intenta
ilustrar. Primero, hay un “colapso de la Orientabilidad”, una torsión
paradigmática. Para nuestra visión en tres dimensiones, se nos dice siempre
que para ir del "interior",
es decir desde el Sujeto hacia el "exterior",
el Objeto, hay que cruzar una frontera o
borde. La banda de Möbius introduce una torsión que elimina el borde.
-¿Cuál es, por tanto, la solución?
-La solución,
permítame unos segundos… La solución, al no ser la banda orientable, por
no tener un "arriba" o un "abajo" absoluto, obliga al
cerebro a abandonar aquella idea de los
opuestos excluyentes. En mi propuesta, en aquel Punto de Torsión, se
genera una continuidad donde antes veíamos una ruptura.
-Luego, sin una torsión mental no habría una razonable
solución. Negarse a contemplar dicha realidad, ¿qué deviene?
-Incomprensión, agnosticismo y por último renuncia
total: el “absurdo cognoscible”.
-Hábleme, bitte del segundo paso.
Tomando aliento, y
dirigiendo mi mirada hacia la oscuridad del recinto, allí donde la vela no
iluminaba, dije:
-Es el denominado paso de la "Cosa" al
"Proceso". Mi cerebro capta objetos: el Sol, el átomo, pero no capta fácilmente la curvatura del espacio-tiempo descrita
por Einstein ni la unidad divina
de Cusa.
-Interesante vuestra relación. No se detenga.
-La solución
que ofrece esta banda estriba en no verla como un objeto, sino
como un recorrido. Al seguir imaginariamente sobre la cinta, el
cerebro entiende visualmente lo que no puede comprender lógicamente: que lo Finito, la longitud de la cinta, puede contener lo ilimitado, es decir, podría contener con la mirada y la
imaginación un recorrido sin fin, que es lo que yo llamo “la mirada de fe”.
-¿Considera usted que la resultante es una suerte de
soporte físico para la "Docta Ignorantia"?
-Pertinente su pregunta, Herr Rainer. Lo es, siempre y
cuando se acepte que la verdad o la certeza temporal no es un punto de llegada, sino la
estructura del camino per se.
-Vayamos, bitte, a la tercera.
-Se trata de la mente como instrumento de "Medida
Viva" (Mensura). Lo que determina el cambio en nuestra visión trascendental es la
comprensión de que el observador
no esté "fuera", mirando el universo, sino que su mirada siga una
curva más de la misma cinta. La solución
estriba en que la banda unifica el Macrocosmos, la “relatividad” y el Microcosmos, la realidad cuántica, al mostrar que el denominado “colapso
de la función de onda” y la “contractio ad infinitum” sean el
mismo acto de la mente que "retuerce" la realidad para poder medirla.
-¿Diría entonces que la banda de Möbius es la solución al
aceptar que la mente describa una geometría
no-dual?
-La banda permite que el cerebro, limitado exclusivamente
a tres dimensiones, pueda concebir una suerte de visualización de una “cuarta
dimensión lógica”: la de la “Coincidentia Oppositorum”, donde
el "regreso" al origen es el mismo "viaje" hacia el
infinito.
-¿Cómo es posible, en vuestra banda, que la “falta de bordes” permita que el
universo concebido por Einstein sea "finito pero ilimitado" a la vez,
tal como lo propuso Cusa?
Deteniéndome en su pregunta, y luego de unos cuantos
segundos de abstracción, confesé a mi interlocutor:
-Discúlpeme, en este momento percibo neblina…
-Kein Problem. Dirija usted vuestra mirada de fe a vuestra “cinta de la unidad”: usted ya la
definió como una topología de la Coincidentia
Oppositorum
-Le sigo.
-La propuesta de Nicolás de Cusa, ¿no se cimienta sobre una
paradoja ontológica? El Máximo Absoluto (Dios) es infinito, y en la infinitud,
los opuestos ¿no dejan de serlo para coincidir?
-Claro que sí.
-La banda de Möbius, descubierta siglos después, ofrece el
sustento geométrico que Cusa buscaba para explicar cómo lo finito y lo
infinito, lo uno y lo múltiple, se “tocan” tangencialmente. Dígame, ¿cómo
definió Aristóteles el denominado “principio
de no contradicción”?
-En la lógica aristotélica tradicional, el principio de no contradicción dicta que una cosa no
puede ser "A" y "no-A" al mismo tiempo.
-¿Es posible para Cusa, esta lógica?
-No, por ser insuficiente para comprender lo divino.
-Por tanto, ¿no cree usted que existe un “colapso de dualidad aristotélica”?
-Es evidente que sí.
-Gut. Retorne usted a vuestra cinta de infinitud. Recórrala.
Lo que parecía ser "el interior" se convierte, sin saltos ni cortes, ¿en
qué?
-Se hace "el exterior".
-Así es. Y esto, ¿materializa con vuestros ojos de la fe la
coincidentia oppositorum?
-Sin lugar a dudas. El Máximo,
la totalidad exterior, y el Mínimo, la
esencia interior, ¡dejan de ser dos puntos distantes!
-Por tanto, ¿qué vienen a ser?
-Son la misma superficie vista desde una perspectiva
limitada. En el Theos Absoluto, el
principio y el fin coinciden porque no hay dualidad real, solo una continuidad
infinita.
-¿Ve ahora usted el vínculo filosófico?
-La niebla está disipada.
-Para Cusa, ¿cuál es la relación geométrica de esta
cognición?
-Cusa sostiene que nuestro intelecto es a la verdad lo que
un polígono es a un círculo, puesto que por muchos lados que añadamos al
polígono nunca alcanzaremos el círculo.
-Hay una paradoja visual en vuestra cinta, Herr Luis.
Contémplela.
Dijo esto a la vez que me extendió la gran lupa de aumento.
Luego de contemplar mi propio esbozo, dije:
-La banda de Möbius engaña a mi ojo. Parece tener dos caras,
pero topológicamente solo tiene una.
-Cuál es entonces el vínculo filosófico?
-¡Estamos ante la esencia de la Docta Ignorantia! El hombre,
al caminar en recorrido imaginario por la banda de la existencia, cree que existen
"opuestos", el bien y el mal, el yo y el otro, el máximo y el mínimo,
porque su visión finita ES local. Pero con vuestro auxilio, veo que cualquier
visionario, al elevarse a la visión intelectual, comprende que la superficie es
una sola. La contradicción es una ilusión propia de nuestra finitud.
-Por tanto, Herr Luis, la propuesta del cusano invita a una
contemplación sobre una superficie unilateral, unificada en un todo real, más
allá de las categorías a la que están acostumbrados los veedores aristotélicos
que suelen percibir la diferenciación por “clasificación
separada” en rótulos, pipetas, gavetas o etiquetas, ¿no lo cree usted?
-Me estoy quedando embelesado por todo esto, Herr Rainer
(dije esto secándome la frente con mi pañuelo y tomando asiento, con una
sonrisa sugerente de logro y perplejidad a la vez).
-Sigamos, Herr Luis. Respire hondo. Para el Cusano, el Theos
es el Non-Aliud (el No-Otro). ¿Qué implica esto?
-El Máximo Absoluto es tan grande que nada está fuera de él,
y el Mínimo Absoluto es tan pequeño que no puede ser dividido. Dicha cognición
en la docta ignorancia hace que esta unidad sea absoluta e infinita.
-Excelente. ¿Qué ocurre en la banda por el efecto de torsión?
-En la banda, precisamente en el punto de torsión ocurre la paradoja:
es el lugar donde el plano se invierte.
-¿Cuál es entonces el vínculo filosófico?
-Ese "giro" me representa el acto creativo del
Theos, la explicatio. Lo que es uno
en el Máximo, es decir, el estado de la banda antes de unirse, se despliega en
la multiplicidad del mundo, pero manteniendo siempre su unidad estructural.
-Sin duda alguna guarda coherencia vuestra propuesta de
unificar la idea cusaniana con la banda de Möbius. Por tanto, el límite,
¿lo determina el Máximo y el Mínimo? Plantee usted una conclusión a toda esta
elucubración, bitte.
Dije después de una pausa meditativa:
-La banda de Möbius aspira a ser el sustento filosófico del
Cusano porque resuelve la paradoja de la trascendencia e inmanencia, Herr
Rainer. El Theos consabido no estaría "fuera" del mundo, como no lo
está el lado opuesto de la moneda, sino que el cosmos es el recorrido de esa
única cara divina que, al girar sobre sí misma, crea la apariencia de
alteridad. Tanto en el infinito de Cusa, como en la cinta de Möbius, el camino
de regreso es el mismo camino de partida.
Asombrado por mis conclusiones, dirigí una mirada de
felicidad a mi interlocutor, al que descubrí con la sonrisa serena que alguna vez contemplé en el ángel del altar de la
Virgen de Chapí dentro de la iglesia de San Francisco de Lima. Ambos
permanecimos en discreto silencio, en mi caso, con la abolición del tiempo,
porque ignoré durante una pausa, no sé si breve o prolongada, el tiempo como
factor existencial.
-Acaba usted de recorrer como Dante la experiencia en el
Empíreo, Herr Luis. Es menester en esta estación de vuestro viaje proseguir. Le
traigo nuevamente al cosmos. Dígame usted ahora, ¿cómo esta idea de la unidad
de los opuestos pudo haber influido en la ciencia moderna?
Despertando de mi arrobamiento, al captar desde la lejanía
de las palabras de mi interlocutor, como provenientes de un lejano desierto,
atiné a decir, después de algunos breves segundos meditados:
-La coincidentia oppositorum de Nicolás de Cusa no solo me
representa un puente entre el misticismo medieval y el humanismo renacentista,
sino la siembra de varias semillas conceptuales de lo que hoy entendemos como
ciencia moderna, Herr Rainer. Diría yo que el Cusano es la encarnación viva del
hombre culto, en tanto cultivador.
-Sustente usted la razón.
-Es innegable que su influencia se manifiesta principalmente
en tres ejes que transformaron nuestra forma de medir y entender el universo.
Deme tiempo para escribirlas, por favor.
-Bitte.
Haciendo uso de papel y lápiz, esbocé un pequeño cuadro
sinóptico para explicar con su auxilio lo siguiente:
-1. El fin del geocentrismo: La infinitud del cosmos. Veo
que mucho antes de Copérnico, Nicolás de Cusa aplicó la lógica de los opuestos
al espacio físico. Argumentó que, en un universo infinito, el centro y la
circunferencia coinciden.
-¿Cuál fue “el fruto
de aquella semilla”?
-Si el Theos es el centro, el Máximo y está en todas partes
manifiesto en el Mínimo cognoscible en la Docta Ignorancia, la Tierra no puede
ser el centro privilegiado del universo.
-¿En qué devino esta idea de un “universo sin bordes”?
-Precisamente fue el sustento filosófico de Giordano Bruno y
más tarde el de Kepler, quienes quebraron para siempre con las esferas celestes
encerradas por Aristóteles.
-Interesante vuestro recuento, Herr Luis. Dígame, ¿hubo
influencia en la concepción de lo que después se conoció como “cálculo
infinitesimal”
-Esta idea revolucionaria, de iconoclastia pura, ayudó a
concebir el denominado Cálculo Infinitesimal. Cusa, al proponer que un polígono
de infinitos lados coincide con el círculo “en el infinito”, forzó la
posibilidad de llevar a la mente hasta esos límites aceptados. Esta es la
esencia misma del paso del límite: el Máximo, la curva perfecta, se alcanza a
través del Mínimo, el segmento infinitamente pequeño, tan disputado por Newton
y Leibniz durante sus días lumínicos.
-Por tanto, ¡en qué devino esta idea?
-Este pensamiento “geometrizado los opuestos” influyó
directamente en el desarrollo del cálculo infinitesimal de Leibniz y Newton en
simultáneo, porque ambos “pivotaron”, desde mi humilde especulación, alrededor
de la idea del Cusano. Vea usted, la idea de que el movimiento continuo se
conciba como una “suma de estados en
reposo infinitamente pequeños” ¡es una aplicación pura de la unidad de los
opuestos!
-Sin lugar a dudas. ¿Habrá algún intento de aproximarla al
descubrimiento de los cuantas?
-Hay sin duda una relación entre la física cuántica y la complementariedad
de los opuestos. Quizás el vínculo más sorprendente está precisamente esté en
la física del siglo XX que se abre con la concepción de Albert Einstein y Max
Planck, el primero en 1905 y el segundo el año 1900, curiosamente cuando en
agosto de ese año fallece Friedrich Nietzsche.
-Curiosa coincidencia del Theos que anuncia el obituario de
su deicida. La paradoja de Cusa alcanza resonancia también en el “Principio de Complementariedad” de
Niels Bohr, además.
-Es verdad.
-Así como en vuestra cinta inspirada en la banda de Möbius,
donde el interior es el exterior, ¿qué me puede comentar sobre el aporte de
Bohr?
-En la mecánica cuántica, hasta donde recuerdo, la luz ES onda y partícula al mismo tiempo.
Bohr, fascinado por esta idea, incluyó el símbolo del Yin y el Yang en su escudo de armas, reconociendo que, para
describir la realidad atómica, el mínimo, necesitamos unir conceptos que
nuestra lógica cotidiana considera opuestos.
-Innegable la influencia del Cusano. ¿Hay por tanto una
contemplación “relativa” en el observador?
-Cusa afirmaba que el movimiento solo se percibe en relación
con algo fijo. Al no haber un centro absoluto en el universo, todo movimiento
es relativo al observador.
-¿Cuál fue “el fruto
de aquella semilla”?
-Este concepto es el precursor filosófico de la Teoría de la
Relatividad de Einstein, donde la unidad entre el espacio y el tiempo,
denominada “espacio-tiempo”, es una
forma moderna de ver cómo dos categorías opuestas se funden en una sola
estructura continua, tal como la cinta sin fin. De allí que, en mi imagen, el
ojo que observa el “Minimum Absolutum”
y las galaxias del “Maximum Absolutum” están
conectados por la misma cinta.
-Hay en vuestra imagen propuestas en ecuaciones matemáticas.
Susténtelas, bitte.
-Estas fórmulas, aunque presenten una estética
matemática, quise que funcionaran como un puente simbólico entre la intuición mística de Cusa y el lenguaje
de la física moderna. El límite y la aproximación,
aunque no es una ecuación estándar de la física, pretende evocar en
estructura al cálculo integral. La
integral representa la suma de infinitas partes minúsculas: el Mínimo para poder hallar un área total:
el Máximo. Para Cusa, el
conocimiento humano es una aproximación asintótica: podemos sumar infinitas
partes, pero el "C" que es el centro o la Verdad Absoluta, permanece
como un horizonte al que nos acercamos sin tocarlo jamás plenamente. Es así
como si fuera la expresión matemática de la Docta Ignorancia.
-Muy interesante, Herr Luis. Explique usted la transformación de coordenadas también inscrita en
la cinta, bitte.
-El uso de derivadas parciales sugiere cómo una
variable cambia respecto a otra. En la banda de Möbius, si el observador se desplazas
en el eje longitudinal, termina invirtiendo su posición en el eje de orientación.
Esto simboliza que la realidad no es estática; el observador y lo observado
están vinculados. Al cambiar mi perspectiva, es decir, el "giro" de
la banda, lo que era un opuesto se revela como una extensión de la misma
función.
-Por tanto, ¿hay incidencia
en la cognición de la denominada “Geometría Sagrada”?
-Vista en el diagrama
central, a la derecha,
vemos una red de líneas que forman un hipercubo
o un polígono complejo inscrito en una esfera. Este pretende ser el
sustento geométrico directo de Cusa. Él explicaba que, si un círculo tiene un
radio infinito, su circunferencia se vuelve una línea recta. En el infinito, la
curva (Máximo) y la recta (Mínimo) son lo mismo. El diagrama
intenta mostrar cómo figuras geométricas finitas intentan "llenar" la
perfección de la esfera infinita.
-Se produce así una paradoja
visual.
-Si nos fijamos en la unión de la cinta, donde dice Coincidentia
Oppositorum, las0 fórmulas parecen "fluir" de un lado a otro.
Esto refuerza la idea de que la matemática
resulta ser el mejor lenguaje que permite a la mente humana “cruzar” el puente entre el mundo
sensible y el mundo inteligible del Theos.
-¿Ve usted una influencia del “límite matemático” como
la base de la astronomía moderna de Kepler?
-Veo fascinante
ver cómo la noción de límite de
Cusa permitió pasar de un universo ptolemaico, cerrado, estático, a la
astronomía dinámica de Johannes Kepler.
Elaboré un breve esquema para recapitular con auxilio
de la memoria mis entusiastas lecturas de su “Harmonices Mundi”. Dije a continuación:
-La Ruptura
del Círculo. Siguiendo la lógica del Cusano, de que lo infinito y lo
finito nunca coinciden perfectamente en el mundo sensible, deduzco que Kepler
aceptó que las órbitas planetarias no podían ser círculos perfectos (la forma
divina), sino elipses, que a su
vez con el corte de un supuesto plano inclinado sobre una sección cónica.
El Límite como Motor. Kepler utilizó métodos que
prefiguraban el cálculo para calcular áreas orbitales, tratando la elipse como
una serie de triángulos infinitesimales. Aquí puedo ver al Mínimo, es decir, el área
infinitesimal, construyendo el conocimiento del Máximo, que es la trayectoria total del planeta.
La Armonía de los Opuestos. Kepler buscaba la "armonía del mundo" (Harmonices
Mundi), una unidad matemática que uniera música, geometría y movimiento
planetario. Es la versión astronómica de la Coincidentia Oppositorum: la
diversidad de los movimientos planetarios se unifica en una sola ley
matemática.
-Asombroso sin lugar a dudas. ¿Cuál fue entonces “el fruto de aquella semilla”?
-Gracias a este pensamiento de "aproximación al
límite", la ciencia dejó de buscar una perfección estática y empezó a
estudiar la variación y el cambio.
Sin la libertad filosófica que Cusa dio para imaginar que "la línea recta
es un círculo de radio infinito", a Kepler le habría sido mucho más
difícil abandonar los dogmas circulares de la antigüedad.
-Por tanto, ¿deberíamos concebir un motor estático,
como pretendía la idea de Parménides, como l primera causa que defendió
Aristóteles?
La pregunta del señor Rainer, quizás la más importante
y trascendente de todas las formuladas durante la madrugada de este memorable
día en Villa Filomena, me obligó a guardar ostracismo de perplejidad que quizás
traduje por mi mirada hacia él en verdadera “ignorancia”. Sólo atiné a decirle:
-Eso lo cambiaría todo, Herr Rainer. Pensándolo con cuidado,
me atrevería decir que es imposible que en la dinámica eterna del primer motor exista
inmovilidad estática que genere movimiento, cuando tosas las cosas en el cosmos
mantienen continuidad de movimiento. El camino hacia el Panteísmo, sería por
tanto la opción más probable que desplazaría el pensamiento de la filosofía
tradicional de Aristóteles. Me inclinaría, si es el caso a un panteísmo
dinámico como el de Spinoza por la “continuidad
de movimiento”.
-Si se rechaza la inmovilidad porque ve al cosmos como
una unidad dinámica donde "todas las cosas mantienen movimiento", se estaría,
por tanto, sugiriendo que la causa y el efecto están en la misma sintonía. ¿Lo
cree así?
-Esta es la idea de Spinoza: “Deus
sive Natura”, donde Dios no es un motor externo que "empuja" al
mundo desde afuera, sino la sustancia misma que se expresa en ese movimiento
eterno. La causa no podría estar "quieta" en un pedestal parmenidiano
de mármol, sino subsumida en la fuerza viva que late en el cosmos.
-Por tanto, con el auxilio del Cusano, es evidente la trascendencia, la
distancia con el aristotelismo estricto. ¿Es así? Aunque usted utiliza un
término aristotélico, el “primer motor”, ¿no estará usted malinterpretando o
rechazando la definición técnica de Aristóteles? Recuerde que, para el promotor
del Liceo, aquel Motor es "Inmóvil" no porque sea inerte, sino porque
es Acto Puro. No tiene nada que "alcanzar" ni nada que
"cambiar". Quizás lo está percibiendo con un criterio humano, finito,
¿no lo cree?
-Así es, lo admito. El mismo error de los detractores agnósticos que no
conciben la idea de Acto Puro.
-Por tanto, habría conflicto en vuestra afirmación de un “imposible (existencial)
que la inmovilidad genere movimiento”. Al afirmar esto, rompe usted con la
jerarquía clásica donde lo superior (lo que no cambia) rige a lo inferior (lo
que se mueve). Se está buscando una causa que sea tan dinámica como el efecto
que produce.
Para que Herr Rainer pueda corregir la confusión de Herr Luis, debe
aclararle que en la metafísica de Aristóteles "inmóvil" no significa
"inerte". La confusión de Luis radica en entender la inmovilidad como
una falta de energía, cuando para Aristóteles es todo lo contrario: es la
plenitud absoluta de acción.
-Apreciado Herr Luis, vuestra perplejidad nace de un malentendido
semántico. Cuando Aristóteles habla del Acto
Puro, Energeia, no se refiere a
un motor 'estático' como una piedra en el camino, sino a una actividad tan
perfecta y plena que no necesita moverse
para Ser. Vea usted, La ausencia de Potencia. Cuando nos movemos, ¿qué
buscamos alcanzar?
-Nosotros nos movemos porque como “imperfectos” deseamos alcanzar algo que
no tenemos.
-Gut. Pasamos entonces de la potencia
al acto. El Primer Motor, entonces, ¿en
qué sentido se mueve?
-El Primer Motor ya lo es todo. No requiere “moverse” desde nuestra cosmovisión
humana limitada. No tiene potencialidad alguna por cumplir. Su “inmovilidad”
es, en realidad, Actividad Pura y constante.
-Buena conclusión. Hay un pensamiento que se piensa per se. Imagine usted la alegría de un descubrimiento o la
intensidad de un pensamiento profundo como el de Kepler que devino de Cusa. En
ese instante de máxima lucidez, usted, ¿necesita desplazarse físicamente?
-Entiendo que no. No necesita un desplazarse físicamente.
-¿Cuál es entonces el grado más alto del vivir humano?
-La mente está en el grado más alto de vida.
-El Acto Puro, ¿no es eso mismo? ¿No es aquella intelección eterna que, por
su propia excelencia, mueve al resto del cosmos, como el objeto del deseo mueve
al amante? “L`amor che move il sole el’ altre
stelle” Paradiso, XXXIII, v. 145”
-Vaya que sí.
-La Causa Final, ¿alude a una causa mecánica?
-El motor no “empuja” las piezas del cosmos como un operario.
-El cosmos se mueve por atracción hacia la perfección del Acto Puro en la
cinta infinita.
-¿Será esa “continuidad de movimiento” que usted observa en las estrellas, el
esfuerzo de la materia por imitar, en el tiempo, la perfección eterna y sin
cambio del Primer Motor?
-Sin duda que sí. Mi error fue ver el movimiento como la única forma de
vitalidad. El Acto Puro es la fuente
del movimiento per sé, por SER él mismo Vida en grado superlativo, una existencia
manifiesta en energía que no se agota ni cambia porque ya ha alcanzado su fin. Veo
ahora en mi desacierto una postura rupturista. La Vida y el Movimiento son
categorías supremas situada en una visión vitalista o panteísta contraria a la
metafísica rígida de la tradición aristotélica.
-Sin embargo, quedará en pie esta cuestión alrededor del Acto Puro y Motor Inmóvil.
El “fruto de vuestra semilla”,
Herr Luis, es feliz.
15.04.26
28 Nisan, 5786
HR
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