Sobre la sinergia de los opuestos diferenciados


 

Sobre la sinergia de los opuestos diferenciados

 

-Haciendo un acopio de arengas callejeras en los pueblos más marginales de esta Ciudad de los Reyes, la tres veces coronada, he conseguido para vuestra consideración, Herr Rainer, una suerte de lemas que me inspiran un breve tratado psico-sociológico en aras de la buena convivencia. Helos aquí, con mis modestas apreciaciones entre paréntesis:

 

"Mi verdad es el muro que te excluye, no el puente que nos une". (El dogma por encima de la función).

"Prefiero reinar en un desierto que cooperar en un jardín". (El ego individualista frente al bienestar del hábitat).

"Tu hambre no es mi plaga" (La ruptura de la interdependencia biótica; la negación de la función reguladora de la avispa).

"Polinizo mi bolsillo, no tu futuro" (La mercantilización de la función biológica de la abeja).

"Si el colapso es de todos, que la solución la invente otro" (La parálisis moral ante la adversidad sobrehumana).

"Nuestra bandera tiene más colores que nuestra biodiversidad" (La ideología sustituyendo a la realidad biótica).

"Consumir es el único instinto que nos queda" (La pérdida de la sabiduría de especie en favor del impulso ciego).

 

-Comprendiendo, Herr Rainer, que la sinceridad de los grafitis anónimos son de alguna forma la expresión y reflejo de una sociedad, ¿sería un acierto resolver estas cuestiones por contradicción?

 

Con la mirada hacia un punto fijo en la oscuridad, y alumbrado de perfil por la luz discreta de la vela sobre la mesa durante aquella fría noche de agosto, el señor Rainer dijo en tono meditativo, sin dirigirme la mirada:

 

-Hay una actitud, un leitmotiv evidente en estas siete arengas que usted ha tenido la gentileza de compartir. Deseo hacer pausa en una de ellas: "Polinizo mi bolsillo, no tu futuro"…

 

-La atribuí a esa suerte de mercantilismo humano alejado de los procesos naturales.

 

-¿Cuál considera usted es la función biológica de las abejas diferenciadas de las avispas en un hábitat de mutuo convivio?

 

-Considero que la principal función biológica de las abejas es la polinización, mientras que las avispas son mayoritariamente controladoras de plagas. Aunque ambas pertenecen al orden Himenóptera, sus roles en el hábitat de mutuo convivio, como un bosque, por ejemplo, presentan diferencias clave según su alimentación y comportamiento.

 

-¿Cuáles son estas?

 

-Las abejas, polinizadoras por excelencia, hasta donde sé tienen una dieta basada exclusivamente en el néctar y polen de las flores. Al recolectarlas, transportan el polen de una planta a otra, facilitando la reproducción de miles de especies vegetales y cultivos esenciales para la alimentación humana. Las avispas, depredadoras y reguladoras, son principalmente carnívoras y cazan otros insectos como moscas, orugas y pulgones. Esta labor permite el mantener el equilibrio ecológico al evitar la sobrepoblación de insectos que podrían convertirse en plagas para los ecosistemas o la agricultura. De allí que eventualmente enfrenten a las abejas, sus parientes lejanas.

 

-Pese a estas diferencias, algunas especies de avispas, ¿no contribuyen también a la polinización de forma secundaria al alimentarse ocasionalmente de néctar?

 

-Claro que sí. Como hymenópteras es de esperar que instintivamente actúen con ese fin.

 

-¿Cree usted que sea posible la convivencia natural de estos insectos que tienen funciones diferenciadas? ¿Cómo contribuye esta convivencia a los ciclos naturales de la vida?

 

-Sí, estoy convencido que la convivencia entre abejas y avispas no solo es posible, sino que es esencial para la estabilidad de los ecosistemas. Aunque se perciban como rivales, la coexistencia de ambas especies en un mismo hábitat crea una red de seguridad biológica donde sus funciones diferenciadas se complementan para sostener los ciclos naturales.

 

-Dígame, bitte, cómo esta convivencia contribuye a los ciclos de la vida.

 

-Cuando pensamos en el sustento y regulación de la flora, las abejas aseguran la reproducción de aproximadamente el 90% de las plantas silvestres a través de la polinización. En paralelo, las avispas protegen a estas mismas plantas al cazar insectos fitófagos, aquellos que comen hojas, como orugas y pulgones, actuando como un escudo sanitario para la vegetación.

 

-¡Las plantas florales aseguran alimento a las abejas y a las avispas, a unas con el polen de las flores y a otras con las hojas que devoran con fruición sus depredadoras, las fitófagas! Muy interesante el descubrir que la portadora de semilla sustenta a las dos especies insectiles diferenciadas quien garantiza la extensión de su especie.

 

-Es verdad. Hay sabiduría instintiva. Por otro lado, el reciclaje de nutrientes es evidente. Mientras las abejas se centran en el ciclo del carbono a través del néctar, muchas avispas contribuyen al ciclo de descomposición. Al consumir insectos muertos y frutas caídas, aceleran la degradación de la materia orgánica, devolviendo nutrientes al suelo de forma más rápida.

 

-¿Quiénes obtienen mayor provecho de esos nutrientes?

 

-Las portadoras de semilla, sin duda. El fruto podrido o defecado caerá sobre ese terreno, rico en condiciones para sustentar la vida de aquella semilla anidada en esta.

 

-Excelente. ¿Qué puede usted comentar acerca del mantenimiento de la biodiversidad?

 

-La presencia de ambos insectos evita que una sola especie domine el entorno. Las avispas actúan como reguladores de poblaciones que, de otro modo, podrían sobreexplotar los recursos florales que las abejas necesitan. Además, hay resiliencia ambiental, porque una mayor diversidad de especies polinizadoras y depredadoras, como los son las abejas y avispas juntas, permite que los ecosistemas se adapten mejor a cambios bruscos, como sequías o variaciones de temperatura.

 

-Nuevamente actúan en sinergia para condiciones de vida. Tome usted en consideración este punto, bitte.

 

-Lo anoto en mi mente. Es más, pese a que algunas avispas de gran tamaño pueden depredar abejas melíferas, en un entorno natural equilibrado, vea usted, este comportamiento forma parte de la selección natural, manteniendo a las colonias de abejas sanas y fuertes al eliminar a los individuos más débiles.

 

-Le agradezco todas estas atingencias. Me gustaría proponerle un paralelo con la sociedad humana, dividida por intereses ideológicos y dogmáticos, que, como especies naturales y a diferencia de los insectos, no viven en sinergia ni en relaciones de bienestar común.

 

-Vaya que se trata de una analogía fascinante y profunda. Mientras que en el mundo de los insectos la especialización, el ser polinizador o depredador, conduce automáticamente a la sinergia, en la sociedad humana el fenómeno resulta ser opuesto: nuestras diferencias históricamente generaron entropía social.

 

-Desarrolle la idea, bitte.

 

-Puedo empezar abordando la tensión de instinto versus ego. En los insectos el comportamiento está codificado genéticamente para la supervivencia de la colonia o el ecosistema. No existe en ellos un racional "debate" sobre si se debiera polinizar o cazar; simplemente es evidente que cumplen su función biológica, lo que garantiza el bienestar común de forma involuntaria, es decir instintiva.

 

-Los humanos, poseedores de conciencia y libre albedrío, ¿dónde albergan el problema?

 

-Veo el problema en la desgracia humana de estar “secuestrados” por el ego y la identidad dogmática. La ideología se convierte en un filtro que nos impide ver al "otro" como un colaborador necesario, percibiéndolo en cambio como una amenaza a nuestra propia visión obtusa y limitada del mundo. Se habla de conseguir la “verdad” para esgrimirla como fin absoluto y no como una “certeza temporal”, un eslabón de la infinita curva del conocimiento.

 

-Muy interesante.

 

-Por otro lado, hay la tensión de la sinergia en contra de la llamada “suma cero” En la naturaleza, abeja y avispa operan en un sistema de "ganar-ganar". Si la avispa elimina la plaga, la flor crece; si la flor crece, la abeja poliniza; si hay polinización, hay más plantas y, por tanto, más insectos para que la avispa cace. En la sociedad humana, regida por dogmas rígidos, tendemos a juegos de "suma cero": “para que yo gane, tú debes perder”. La diferencia ideológica no se ve como una "función diferenciada" que enriquece el tejido social, sino como un obstáculo intruso que debe ser eliminado o, en el mejor de los casos, convertido.

 

-Danke. ¿Qué puede usted decir de la complejidad del "hábitat"?

 

-El ecosistema es “pragmático”, por decirlo así. Si una especie falla, el sistema colapsa. Esto fuerza una interdependencia que es brutal por roce y diferenciación, pero es efectiva. A contrario sensu, la sociedad ha creado estructuras: la tecnología, la economía, las instituciones, o “superestructuras” en el ideario marxista, que nos permiten sobrevivir temporalmente a pesar de la falta de sinergia.

 

-¿Crea esto una falsa sensación de independencia, donde se cree que no es menester a aquellos que piensan diferente?

 

-Sin duda, porque finalmente se fragmenta el bienestar común: los medios de supervivencia, la tierra y todas las condiciones para mantener viva la especie.

 

-Hábleme usted ahora de la función de la denominada “diversidad”.

 

-En biología, la diversidad es resiliencia. En la política y la religión, instituciones humanas, la diversidad suele interpretarse como conflicto.

 

-¿Cuál considera usted que sea el reto humano?

 

-El aprender de los himenópteros, que LA DIFERENCIA NO ES DIVISIÓN, sino una pieza distinta de un mismo rompecabezas social donde las diferencias se complementan.

 

-¿Cómo podría, por tanto, el ser humano alcanzar algún día una "conciencia de especie" similar a la sinergia natural? ¿La naturaleza individualista lo hace imposible?

 

-Considero que alcanzar una "conciencia de especie" es el gran desafío evolutivo del ser humano, del homo sapiens, del que se jacta ser la razón creativa del cosmos. A diferencia de las abejas y avispas, que están unidas por un instinto biológico ineludible, nosotros estamos fragmentados por la cultura y el pensamiento simbólico.

 

-Creo, Herr Luis, que hemos llegado al propósito noble e idealista de vuestro proyecto inicial. ¿Cómo podría, por tanto, lograrse este ideal siendo el individualismo un muro infranqueable?

 

Me vi obligad a una necesaria pausa. Atiné a concentrar la mirada en la llama tenue de la vela para mediar en una respuesta, donde el tiempo quedó abolido. En algún momento pude decir con total seguridad:

 

-Para pasar del conflicto a la sinergia, la humanidad necesitaría transitar por tres ejes, Herr Rainer. Espero equivocarme para contar con vuestra enmienda. Primero, trabajar en el reconocimiento de la interdependencia radical. Así como la abeja no sabe que ayuda a la avispa al polinizar, nosotros solemos ignorar que nuestra supervivencia depende de personas con ideologías opuestas, los campesinos que produce el alimento, por ejemplo, o quien gestiona la energía, etc. Una conciencia de especie nace cuando alcanzamos a entender que el "otro" es una extensión funcional de nuestra propia vida. Segundo, la educación en la "diferencia funcional". Vea usted, en lugar de ver las ideologías como “verdades absolutas”, podríamos verlas como “certezas temporales”, es decir, herramientas de nicho. Unos aportan en la sociedad conservación, es decir estabilidad, otros aportarían progreso, a partir de la transformación tecnológica de la materia, es decir, a través de los cambios. Si aprendiéramos a valorar la postura ajena como una "función ecológica" necesaria para el equilibrio, la sinergia surgiría de forma pragmática. Tercero, los desafíos globales como catalizadores, porque históricamente, los humanos solo colaboran a gran escala ante amenazas existenciales comunes, como ha sucedido con el cambio climático, una pandemia, un gobierno totalitario fundamentalista, etc. Estos eventos actúan como el "hábitat" que obliga a las especies a ajustarse para no perecer. Corríjame, por favor, si en algo no atiné.

 

-Nada que corregir. Es vuestro criterio. ¿Cree usted que el limitante humano lo hace imposible la propia naturaleza individualista?

 

-No necesariamente. El error es creer que el individualismo y el bienestar común son opuestos. Sobre esto hay muchas narrativas ideológicas que subestiman la inteligencia de las mayorías. En la naturaleza, el individuo busca su supervivencia, pero el sistema natural está diseñado para que esa búsqueda beneficie al grupo a la especie.

 

-Muy acertado vuestro criterio. ¿Qué otros factores lo impiden?

 

-El individualismo que considero es cooperativo, y esto sucede cuando el ser humano es, por naturaleza, "ultra-social". Nuestra inteligencia evoluciona para cooperar, no para vivir aislada. El individualismo moderno es más un producto cultural que un límite biológico.

 

-La paradoja del ego, véalo usted así. Si un individuo comprende que su propio bienestar, la salud, su seguridad, su prosperidad sería imposible en un entorno degradado o bajo un conflicto, el egoísmo inteligente ¿lo llevaría a buscar el bienestar común?

 

-Lección aprendida, Herr Rainer. La historia testimonia esta realidad con honradez.

 

-Por tanto, ¿es imposible? ¿No considera usted que es necesario un salto de la evolución biológica, el instinto, a una evolución consciente mediante la voluntad?

 

-Sin duda alguna. Mientras los insectos son piezas de un reloj que no saben que son parte de un reloj, nosotros somos piezas que deben decidir encajar porque sabemos que unidos SOMOS un reloj biológico.

 

-¿Consideras que la tecnología y la híper-conectividad actual están ayudando a crear esa conciencia global o, por el contrario, están acentuando más los dogmas?

 

-Considero que las condiciones de vida, geográficas y fenomenológicas que son sobrehumanas, como la biótica, crean las condiciones del bienestar común, porque la contradicción de la vida no conoce de ideologías ni diferencias de pensamiento. El humano une conocimiento y sabiduría ante la adversidad.

 

-Sehr gut. La biótica y las leyes de la naturaleza, como bien lo apunta usted, actúan como un gran "ecualizador". Usted sugiere que el bienestar común no surge de un acuerdo intelectual, sino de una necesidad vital impuesta por un entorno que no negocia con dogmas. Corríjame si no es así.

 

-Es así. Bajo esta lógica, la naturaleza es loa escuela de la sinergia porque nos impone límites reales. La realidad frente al dogma se resuelve ante una sequía, una inundación o el agotamiento de los suelos. Las diferencias ideológicas se vuelven irrelevantes. La "contradicción de la vida" —la lucha por la existencia— obliga al humano a abandonar el relato subjetivo y estúpido egoísta para abrazar la sabiduría pragmática que permite la supervivencia del prójimo que es la propia. Hasta el disidente teológico, el más ateo, invoca en la hora de la desgracia a los dioses ignotos por protección.

 

-Excelente.

 

-¿De qué sirve el alarde de sapiencia en contraposición al conocimiento? El humano une ambos a la par. Mientras el conocimiento es, al fin y al cabo, una herramienta puramente técnica, -porque resuelve el cómo hacer-, la sabiduría es relacional, porque resuelve el para qué y con quién. Ante la adversidad sobrehumana, esa sabiduría nos dicta que la única salida es la cooperación, emulando finalmente el comportamiento "instintivo" de las abejas y avispas de las que hemos hablado in extenso.

 

-Por tanto, ¿considera que el ecosistema sea como juez?

 

-Visto así, sin lugar a dudas. El hábitat no premia a quien tiene la "razón", sino a quien logra el equilibrio. En ese sentido, la naturaleza es el único territorio donde el humano se ve forzado a ser una especie funcional antes que un simple sujeto ideológico. Conocedor de esto, imposible será que el más dotado, el más apto circunstancial lo oprima, lo denigre o lo vea como una subespecie, cuya descendencia debería controlarse, en términos de control maltusiano, para hacerse en el mediano y largo plazo de las riquezas sobre las que habita.

 

-Al parecer, vuestro análisis Herr Luis, la crisis ambiental o fenomenológica no es solo una amenaza, sino la única fuerza capaz de "domesticar" el ego humano para devolver el rol humano a propósitos resueltos satisfactoriamente dentro de la sinergia natural. Corrija usted si esto último no es acertado.

 

-Lo es, Herr Rainer. El ser humano pude ser capaz de anticiparse a esa adversidad sobrehumana. Si es una innegable realidad histórica el que hemos sido capaces de unir sabiduría cuando el colapso nos es inevitable. El anticiparse a esa adversidad sobrehumana, crea las condiciones para hacer posible la unidad de sabiduría cuando el colapso ya es inevitable. El hombre como especie tiene aquellas facultades para transformar el medio ambiente hasta hacerlo un lugar idóneo para todo tipo de vida. La crisis moral o ética es la que no lo permite.

 

-Hay aún barreras que superar, por tanto.


-Sí, la barrera no es técnica ni de capacidad, sino ética. El ser humano posee la facultad única de la "ingeniería de nicho" a una escala global, capaz de transformar entornos hostiles en oasis de biodiversidad. Eso lo sabemos. Sin embargo, esa misma potencia se convierte en fuerza destructiva cuando no tiene un ancla moral. Una obra de gran envergadura, como la ejecutada en Ancash, aquella Central Hidroeléctrica del Cañón del Pato. bautizada con el nombre del ingeniero Antúnez de Mayolo, por poner un ejemplo de tantos, aprovecha las aguas del río Santa desde 1958. La central se beneficia de lagunas reguladas como Parón, Cullicocha, Aguascocha y Rajucolta, las cuales incrementan el caudal del río Santa, especialmente en temporadas secas. No solo suministra energía al norte y centro del Perú, sino que también es considerada un hito de la ingeniería y un atractivo turístico por la geografía espectacular del cañón. Para grupos disidentes en políticas de desarrollo, esta central hidroeléctrica alguna vez fue amenazada de sabotaje, como ha sucedido con otros sectores energéticos, donde sí se concretaron en el Oleoducto Nor peruano, por ejemplo.

 

-Lo que demuestra que abejas y avispas son más sabias cuando conviven, pese a su rol diferenciado.

 

-Así es.

 

-Vuestro planteamiento sugiere una paradoja interesante. ¿Cómo lo resumiría para el ideal de vuestro proyecto de “inquietar a las consciencias”?

 

-La capacidad de anticipación, Herr Rainer. El hombre puede ver el colapso antes de que ocurra mediante el empleo asertivo de ciencia y razón, lo cual debería ser el catalizador, para mí, de la unidad. Por otro lado, la crisis moral como acertado freno, porque el "individualismo de corto plazo" y la búsqueda de poder fragmentan esa sabiduría. La ética actual la siento competitiva, no sistémica; está por desgracia hoy enfocada en el bienestar del "yo" o del "grupo ideológico" por encima del bienestar de la "especie" o del "hábitat". Las etiquetas de diferenciación partidistas e ideológicas son categorías de involución, en detrimento de la vida.

 

-Para que el hombre logre esa unidad de sabiduría y transforme el mundo en un lugar idóneo para todo tipo de vida, por tanto, será menester idear una colmena global pero consciente, donde la ética tendría que evolucionar de una moral humana cerrada a una ética biótica, donde el valor supremo sea la integridad del sistema vivo del que usted mismo, el autor de la idea es parte.

 

-Gracias por la síntesis, Herr Rainer. Sin duda que sí.

 

-Bajo este escenario, ¿quiénes cree usted que tenga hoy la mayor responsabilidad de liderar aquel cambio de paradigma ético?

 

-No los individuos desde su base o las instituciones que ostentan el conocimiento técnico, porque por si solos necesitan ser complementados. La unidad diferenciada podría lograr la sinergia de abejas y avispas.

 

-Cierra usted así el círculo de la analogía de forma iluminada. La sinergia no nace de la uniformidad, sino de la integración de fuerzas opuestas. En este paralelo, ¿Cómo expondría aquella complementariedad de opuestos diferenciados?

 

-Los Individuos, como las abejas, representan para mí la base operativa, la polinización del día a día, la sabiduría local y la “acción capilar”. Aquellos que mantienen vivo el tejido social desde abajo a través de sus decisiones y valores éticos. Las Instituciones, como las avispas, representan para mí la estructura, el control, la visión macro y la capacidad de regular los grandes procesos. Son necesarias para proteger el sistema y organizar los esfuerzos a gran escala. Considero que, cuando las instituciones operan sin la ética del individuo, se vuelven depredadoras: avispas sin control destinadas a ser depredadas por las abejas obreras soldados por asfixia. Cuando los individuos actúan sin estructura institucional, su esfuerzo se dispersa y no alcanza a transformar el "hábitat" global, porque resultan ser abejas sin colmena, sin propósito de vida. La unidad de ambos permitiría que el conocimiento técnico de las instituciones sea dirigido por la sabiduría moral de los individuos. Solo bajo esa sinergia, el ser humano dejaría por fin de ser un simple "accidente biológico", en conflicto con su entorno, para convertirse en el arquitecto consciente de un ecosistema donde todo tipo de vida pueda prosperar.

 

-Me asombra vuestro criterio meditado. Dígame, ¿consideras que estamos viviendo actualmente el momento de ruptura necesario para que esa unión entre individuos e instituciones finalmente se vea obligada a suceder?

 

-Considero que es una tarea por continuar, concientizar y ejemplificar con hechos que hagan realidad las ideas. Nunca es tarde mientras la voluntad y la vida lo permitan.

 

-Así, la brecha entre la idea y la realidad sólo se cierra con la acción ejemplar. Ya lo ha sustentado usted. Como en la naturaleza, donde no hay espacio para la retórica, los hechos, finalmente, son los que construyen y sostienen el hábitat. Aquella voluntad de "ejemplificar con hechos". ¿no es lo que transforma una utopía en una estructura biótica funcional? Mientras la vida persista, vuestra capacidad humana de corregir el rumbo y aplicar esa sabiduría acumulada seguirá siendo en usted una consigna, una mayor herramienta evolutiva. Al final, la sinergia que admiramos en las abejas y avispas, ¿no es acaso más que un simple regalo, por ser el resultado de un compromiso implacable con la existencia?

 

-Me adhiero a vuestro criterio final Herr Rainer. A la luz de esta vela mortecina me ha permitido darle sentido y forma a mi proyecto de acopio de grafitis en esta viejo ciudad, la tres veces coronada “Ciudad de los Reyes”. No hay forma de agradecerle salvo por vivos hechos y no por simples emotivas palabras.

 

01.05.26

14 Lyar, 5786

LV

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