Sobre tratos y tolerancia



Sobre tratos y tolerancia


Leí en una pared: “Cuidado con lo que toleras… le estás enseñando a la gente cómo tratarte”


¿Cuándo la tolerancia es escuela?


Obrar con paciencia ¿será para salvaguarda ajena? Lo ilícito ¿conviene que sea permisivo?

Advertir tolerancia y razón de malas consecuencias, ¿no habla de desafortunadas experiencias?

Cuando una madre contenida de ira guarda silencio antes de sentenciar el error de su hijo, ¿qué pretende?

Cuando un hombre calla y guarda silencio antes de sentenciar la ira de su compañera, ¿qué pretende?

Cuando una mujer contenida de ira guarda silencio antes de sentenciar el reiterado error de su compañero, ¿qué pretende?

Moderada la ira para contenerla por fuerza de la razón, ¿no es templanza?

Así 

La ira contenida obra calma por el control de la respiración. Por aquel control de respiración, las ideas oxigenadas ¿no son aliadas para alcanzar aquella anhelada paz?

La templanza contiene así aquella furia justificada de una razón apasionada para auto percibirse en el error ajeno: “¿ese es el trato que yo deseo para mi?”

¿No es por amor propio que la templanza viene al rescate? ¿Qué escuela entonces deja?

La tontedad airada es volcán incontenido de consecuencias impredecibles. Por templanza ¿no se evitan daños colaterales?

Ante lo impropio e ilícito en sentido moral, la templanza deja el juicio a la cosecha del error ajeno, mientras en el silencio calmo y la espera atenta aquel espíritu contenido valora por sus efectos el control de su emotividad. ¿Cuál entonces cree usted que será el trato consecuente?

Quizás por ello

“Cuidado con desatar la ira… le estás enseñando a la gente cómo tratarte”


La escuela ajena de la ira descontrolada obra templanza en quienes se aman y por el espejo ajeno aprenden a ser considerados con los infortunios ajenos.


23.02.25

25 Shevat, 5785

HR

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