Sobre intolerancia y proselitismo consentido


Sobre intolerancia y proselitismo consentido

Leí en una pared: “Estoy a favor de la libertad religiosa pues lo que tú crees no es el problema. El problema surge cuando tú crees que yo tengo que creer en lo que tú crees y vivir mi vida según tus creencias".
¿Es un problema la creencia ajena? Lo que otros creen ¿demanda el rigor del sometimiento o la voluntaria adherencia? La vida privada ¿a qué o a quiénes se supedita?

La opinión ajena ¿no es la certeza que otros defienden con entusiasmo por ser convicción y preferencia? Quien se autopercibe feliz en una idea es dueño absoluto de ella. Siente el derecho de protegerla con el aval y la justificación de aquellos argumentos que la hicieron convincente.
La libertad suele ser el anhelo intenso de alguien que experimentó privación. Las causas libertarias se iniciaron por la amenaza de verla reprimida en sociedad por tiranía.
Así, una causa particular alcanzaría a ser causa colectiva. En la administración de los intereses se crean células diferenciadas por ideologías partidarias. Las posiciones opuestas se enfrentan desde los extremos de un árbitro que busca consensos.
Siendo así la libertad el estandarte exhibido por causas e intereses colectivos, se la defiende con el arma de la argumentación y del proselitismo para arraigarse en la sombra del poder que ejercen las mayorías en referéndum.
La libertad religiosa, ¿no compite en fe con otras opuestas que defienden también creencias e intereses colectivos? Se derrocaron tradiciones y culturas arraigadas ante la aparente y pretendida convicción denominada “verdad absoluta”.
Por esta razón los credos religiosos de los antiguos imperios cedieron por fuerza de la guerra a las causas laicistas donde el hombre sucedía a lo divino en temas de salvación personal y mejor estilo de vida. El elemento de convicción fue la espada.
Quizás por esto la libertad también fue pretexto para derrocar ideales, donde el más apto adelantó opinión y convenció para establecer la suya como la mejor.
Si una opinión discrepa con otra ¿se procura la disputa o la sinergia?
Si una opinión discrepa de otra, ¿es por el diálogo que se pretende el mutuo enriquecimiento? ¿O quizá el debate ardiente para convencer y prevalecer por la fuerza?
¿Es un problema el que otros “crean que alguien deba creer” convicciones ajenas?
La debilidad de argumentación y certeza cederá entonces por fuerza de convencimiento o por declarada guerra.
A contrario sensu, la fortaleza de argumentación y certeza se combinarán por la bondad del pensamiento crítico para encontrar en la concordia la armonía de los intereses diferenciados.
¿Es un problema el que otros crean que alguien deba “vivir según las convicciones ajenas”? La debilidad de argumentación cede por fuerza de convencimiento y vive según la idea impuesta.
A contrario sensu, la fortaleza de argumentación combina las diferencias por bondad del pensamiento crítico para intercambiar formas de vida complementadas.
El proselitismo consentido, ¿no es un problema cuando la fuerza de convicción subyuga a otra más débil?
Así,
“Estoy a favor del diálogo para descubrir lo que tú crees sin la fricción de la intolerancia que causaría problemas. La solución de las diferencias surgirá cuando ambos conozcamos nuestra forma de pensar y aprendamos acerca de los modos de cómo hacemos para vivir lo mejor posible según nuestras propias comodidades y preferencias”

24.12.24
06 Tevet, 5785
HR

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