Disquisiciones con Herr Rainer. Sobre la génesis conceptual de "idea" y "hechos" que originan la "realidad"
Disquisiciones con Herr
Rainer. Sobre la génesis conceptual de "idea" y "hechos"
que originan la "realidad"
-Reviso continuamente, Herr Rainer, mis notas pertinentes de mi estudio personal acerca de conceptos relacionados al significado de "idea" y "hechos" (fenómenos) que me faciliten el concepto casi inalcanzable de un vocablo casi sombrío para mí: "realidad". Se ha intentado dar una categoría genérica, de diccionario, a ese vocablo que, por su complejidad ontológica, ha suscitado en el tiempo diversas opiniones sobre qué cosas son reales y qué otras son imaginarias. Así es como “caballo” y “unicornio” participan en ese dilema.
-Aquella revisión, ¿es el acopio de pensamientos ajenos al vuestro?
-Apuntes de mis lecturas filosóficas y científicas que me permitan la conducción de las que son propiamente mías.
-Y sus conclusiones ¿son satisfactorias?
-Diría con toda honradez que jamás serán para mi satisfactorias. Pero el intento me permite madurar los primeros frutos de mis certezas.
-Excelente. Nada debe darse por concluido cuando algo se ha iniciado, ¿verdad?
-Sin duda. Sin embargo, debo advertir que para mí es frustrante comprender que mi tiempo se ha desperdiciado con cada desacierto revelado. Volver a empezar me demanda desgaste de recursos y muchas veces cansancio que me lleva a la inacción por bloqueo. Es así como abandono por largas temporadas mi empresa que siempre inicia con vigor y entusiasmo.
-Entonces, ¿se ha dado usted por vencido? ¿Admite usted que renuncia a seguir siendo un niño?
Perplejo por la sentencia del señor Rainer, dejé notar mi asombro y respondí sin meditar en cada una de sus palabras:
-Discúlpeme usted, pero "niño" dejé de ser hace mucho. Trato de comportarme como un adulto insatisfecho que, pese a su madurez, no alcanza sus objetivos intelectuales.
-Acaba de confesar la raíz de vuestro problema, Herr Luis. Usted ya "dejó de ser niño hace mucho". Si usted fuera un "niño insatisfecho" alcanzaría mejor que nunca sus objetivos intelectuales, porque admite que ha dejado de hacer aquello que hacen los más pequeños. Por esta razón, lo que en realidad acaba de describir es el perfil de un "adulto satisfecho".
Antes de responder impulsivamente, pause para preguntar con humildad:
-¿Podría decirme en qué sentido soy un "adulto satisfecho", por favor?
-¿Qué hacen siempre los más pequeños, Herr Luis, cuando el prurito de la curiosidad los cautiva?
Después de retornar mi tranquilidad, pensé con cuidado en la pregunta y respondí sin vacilar:
-¡Preguntas! Es verdad Herr Rainer, pero estoy cansado de preguntar sin hallar respuestas...
-Porque admite usted que dejó de ser niño. ¿No comprende acaso cuál es la razón metafórica de un niño? ¿Por qué declina usted ser un incansable inquisidor?
La luz se hizo en mí.
-Claro que sí, ahora veo. ¡Estoy renunciando a ser filósofo por vocación antes que por oficio!
-Vuestro oficio, Herr Luis, al revisar sus apuntes y darle vueltas a los datos que usted tiene acopiados en forma escrita, ¿qué pretenden?
-Encontrar coherencia de data, relacionar cada hecho con ideas que me permitan evaluar en la comprobación que el mundo tiene un sentido.
-Y ¿por qué tendría usted que hacerlo?
-Quizás mi curiosidad algún día me lleve a comprender los grandes enigmas, como les sucedió a los hombres del pasado que le han dado crédito a lo que hoy compilamos en los libros de ciencia y filosofía.
-Usted me habla entonces de los predecesores del pensamiento. Alguno de ellos, ¿terminó satisfactoriamente su labor?
-Estoy seguro que no. Todos ellos son mis precursores y nada más.
-¿Por qué?
-Porque sus certezas fueron temporales, o por lo menos los serán hasta que otro amplifique sus ideas con nuevos fenómenos descubiertos.
-Entonces, muerto vuestro predecesor, ¿cuál sería su labor si considera usted que posee la misma vocación?
-Trabajar a partir de ellos toda la nueva información, mis propias búsquedas.
-¿Será posible esto si usted renuncia o niega al niño sempiterno?
-Sería imposible. Pero los niños tienen grandes limitaciones y deben madurar para asumir cosas más complicadas, ¿no lo cree?
-¿Cree usted que la madurez está directamente relacionada con ser adulto? ¿En qué sentido hablamos aquí de “madurez”? Usted como adulto, ¿por qué claudica? ¿Qué le revela la falta de perseverancia?
-Me revela que dejo de ser un persistente inquisidor por cansancio y aburrimiento.
-¿No lo será por método? ¿Ha intentado usted leerse a sí mismo antes que leer al cosmos y a todos sus elementos, lo que incluye a sus “predecesores de vocación”?
-No lo veía desde esa perspectiva, lo confieso. "Leerme a mí mismo" suele ocurrir en el epílogo de mis propias lecturas, porque considero que otros, mejor facultados, siembran en mí la semilla desde donde tengo que iniciar mi propia búsqueda.
-¿Y por qué no intenta usted ser el sembrador de aquella semilla? Los agricultores mejor experimentados se limitarán a darle la técnica porque los asiste la experiencia, pero el campo, ¿no se abre también para usted? Si ellos vivieron el trabajo bajo lluvia y sol abrazador, ¿por qué espera usted la cosecha ideal de otras manos?
-Tiene usted razón. Quizás mi método me hace negligente y me priva del goce de la experiencia propia...
-Lo priva de ser niño, Herr Luis. El método de la indagación es lo que menos practican hoy los denominados filósofos, todos ellos adultos por vocación y elección.
Avergonzado por esa conclusión, la cual reafirmé por el gesto afirmativo de mi cabeza, dije en tono de propósito de enmienda:
-Por tanto, no debo hablar de desperdicio de tiempo ni de derrotas si el trabajo aún no ha culminado, ¿verdad?
-Bitte
Con ese "por favor" de tolerancia, el señor Rainer me alcanzó un ejemplar de una Biblia que, según la portada, se trataba de una versión revisada de Valera en 1960.
-Busque usted Eclesiastés 3:11 y 11:5
Busqué y leí con curiosidad los pasajes:
"Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin".
“Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas”.
-Vaya al 12:12 en el mismo libro.
“Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne”.
-Pensando en estas frases: “ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender”; “no sabes cuál es el camino del viento (ruaj en hebrero), o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta,” ¿hablamos de una finitud para comprender los enigmas?
-Una propuesta de un conocimiento que jamás será colmado, es lo que aquí leo. Y sin duda, el mejor de todos los consejos dado por uno de los más sabios de la antigüedad: los afanes infecundos del querer saberlo todo de los libros…
-Las tentativas de la mente humana para encontrar una conexión entre el mundo de las ideas y el mundo de los fenómenos, ¿será posesión de unos cuántos “privilegiados”? ¿Hay ideas que correspondan asertivamente con un supuesto de verdad? ¿Cuáles son esas fuerzas que obligan los planteamientos científicos o filosóficos?
-La comprobación de que para cada hecho exista un concepto significativo que lo categorice, lo que en ciencia se conoce como “teoría”.
-Excelente. ¿Cree usted que sean comprensibles dichas leyes surgidas de los fenómenos físicos percibidos? ¿Cuál inventiva humana los percibe? ¿Son cada una de estas certezas temporales o hitos de destino?
-La metodología científica ayudaría a esa interpretación mediante la técnica de la comprobación racional. No diría que sean “destinos” sino “hitos temporales” desde los cuales el viaje continuaría.
-Comprendamos entonces que para llegar a “Ítaca” en un viaje de retorno fue menester la experiencia vivida a través de varios hitos peligrosos, ¿no lo cree?
-Me gusta su analogía con el héroe de Homero. Toda una Odisea le representó a Ulises, quien, castigado por los dioses del Olimpo, pero bajo los cuidados de Atenea fue el único sobreviviente que retornó a Ítaca.
-Afanes necesarios, experiencia propia antes que cuentos leídos, Herr Luis. Empiece usted por su propia dinámica existencial entonces para comprender lo que Einstein llamó alguna vez la “génesis y ascensión del punto de vista mecanicista” para encontrar “el gran misterio”. Dígame, bitte, ¿es posible descifrar una solución con datos y pistas esenciales? ¿Puede la lógica conducirnos a ella?
-El método científico es eso mismo. Los datos obtenidos van al gabinete y desde allí son puestos en experiencia: “experimento” es lo que llamamos.
-¿Cómo añade coherencia una interpretación a los datos obtenidos con las aparentes claves ya resueltas?
-Es necesaria la experimentación y el sometimiento en gabinete bajo condiciones de cambio, como el uso del calor, la gravedad, la presión atmosférica la corriente eléctrica, la luz y la oscuridad y otros elementos que repliquen la fenomenología natural lo mejor posible. Las claves ya resueltas se van sumando por el comportamiento de la meteria, según el propósito del experimento.
-Si se aceptan algunas teorías derivadas de vuestra experimentación que alcancen a explicar hechos fenomenológicos, ¿será posible hallar una solución que sea general y comprensible con todas las claves conocidas?
-Ese fue el trabajo inacabado de Albert Einstein cuando en Princeton bosquejó su Teoría del Campo Unificado, algo que la muerte se lo impidió. La perseverancia, por tanto, estaría enfocada en el trabajo a partir de este hito.
-¿Existirá dicha solución compleja? ¿Por qué poner las manos al fuego a parir de las deducciones muy íntimas de otra mente?
-Viéndolo como “hito” trabajaría yo “a partir de Einstein” y no “según Einstein”.
-Excelente. Hay teorías adecuadas para ciertos hechos y mucho más adecuadas a la luz de nuevos e inexplicables hechos. Lo inacabado ¿no es certeza temporal? Por tanto, el enfoque de niño hacia esa fenomenología novedosa, ¿tendría frutos?
-Sin duda alguna. La opinión análoga ayudaría como consulta o experimentación conjunta, porque “en la multitud de consejeros se hallan mejores logros”, según los proverbios.
-¿Por qué parece alejarse la solución completa a medida que más indagamos en el “libro de la naturaleza?” Aquella reunión de datos, ¿no son un conjunto de información extraña, incoherente y sin relación alguna aparente entre sí? ¿Quién estaría llamao a desentrañar el misterio?
-Aquel cuya curiosidad lo mueva a desentrañarla.
¿Cómo dirigir entonces el pensamiento para correlacionar asertivamente toda esta data? ¿Ha leído usted al héroe de Sir Arthur Conan Doyle?
-Sherlock Holmes es mi favorito. Define su método en su primera novela titulada “Estudio en Escarlata” como el "arte de la deducción y la observación".
-Hábleme, bitte, de los pilares del método de Holmes.
Primero la observación minuciosa. Holmes registra detalles que otros ignoran, como manchas de barro, ceniza de tabaco o marcas en las manos. En él es notable el “razonamiento regresivo” que consiste en analizar un resultado ya ocurrido para desarmarlo hacia atrás y descubrir la causa original. Luego la eliminación o depuración de lo que resulta imposible, porque una vez descartado, lo que queda, por improbable que parezca, es la verdad. Sin duda, su conocimiento especializado que consiste en acumular saber profundo en química, geología y anatomía, ignorando información inútil para su trabajo. La criba de Holmes lo hace ignorante en astronomía, matemáticas, pero sabio en literatura de hechos policíacos y química aplicada. También debo anotar la ausencia de prejuicios, porque evitar todas las teorías previas antes de obtener datos con sus manos, vista, olfato gusto, para evitar lo que sesga el juicio de forma errónea.
-Lo felicito. Es usted un lector apasionado de las aventuras de Sherlock Holmes. Hábleme en forma ilustrada del caso de Jonathan Small, eje central de “El signo de los cuatro”
-La segunda novela del canon, claro que sí. Aunque la teoría de su método se presenta en Estudio en Escarlata, es en este caso donde Sherlock Holmes demuestra el razonamiento regresivo a través de la escena de un crimen en una habitación cerrada por dentro. A partir de pistas imperceptibles para los funcionarios recelosos de Scotland Yard, Holmes reconstruye la identidad de Small usando su arte de la deducción.
-Descríbala, bitte.
-La huella circular que descubre en la habitación es el primer indicio. En la escena del crimen halla una marca profunda y redonda en el suelo. Deduce inmediatamente que se trata de un hombre con una pata de palo. Por la longitud de la zancada, al medir la distancia entre las huellas de la pierna sana y la de madera, calcula la altura aproximada del sospechoso. Nota en el calzado izquierdo una huella con un refuerzo de hierro en el tacón y una puntera cuadrada. Deduce que es una bota de suela gruesa fabricada en una colonia penal. Por las pisadas complementarias, junto a las marcas de Small, detecta huellas descalzas muy pequeñas con dedos perfectamente separados. Deduce que el cómplice es un nativo de las islas Andamán (Tonga), un cazador habituado a trepar. Al dilucidar para sí en el rastro químico: Holmes detecta un olor a alquitrán y creosota cerca del tejado. Deduce que Small se apoyó en un barril de dicha sustancia para subir, lo que le permite rastrear su huida por el Támesis usando a un perro sabueso. De este modo, Holmes pasa de un cadáver y unas manchas en el suelo a dar el nombre exacto de Jonathan Small, demostrando que "el mundo está lleno de cosas obvias que nadie observa jamás".
-¿Realidad o fantasía la de Conan Doyle? ¿Qué lo hace real o fantasioso?
-Para el personaje y los que emplean el método de Holmes, la realidad se dará por comprobación. Para el lector de “novelas” algo irreal.
-¿Por qué?
-Porque no ha vivido la experiencia. Ya comprendo.
-Relacionar hechos, en apariencia incoherentes, vinculados a otros hechos desconocidos, ¿permitirán prever la existencia de otros hechos que le den sentido y coherencia a todo el conjunto fenomenológico?
-Sin duda que sí.
-¿Cómo nos ayuda el mirar las partes orgánicas del cuerpo humano, por ejemplo? ¿Cada quien debería experimentar el hallazgo de dicha solución?
-Es una interesante experiencia, siendo nosotros mismos el laboratorio.
-¿Es posible mediante el pensamiento creador reunir la data caótica para hacerlos comprensibles y coherentes? ¿Qué rol juegan entonces los pensamientos y las ideas en la búsqueda del conocimiento?
-El procesamiento de la data obtenida llevarán a pistas que conduzcan a la feliz solución.
-Meditando en el cuerpo humano, ¿qué rol juega el cerebro en función al corazón, (sistema circulatorio sanguíneo), los pulmones (sistema respiratorio), el estómago (sistema digestivo), los riñones (sistema renal) con cada uno de sus órganos internos? Vea usted. Si conectamos la vista de los ojos, el escuchar de los oídos, el gusto de la lengua, la sensibilidad de las manos y el olfato de la nariz con el propósito funcional de cada uno, ¿qué obtenemos?
-La comprensión funcional del organismo de carne.
-Bien. Estas facultades sensitivas ¿no le permiten información al cerebro? ¿Es en el cerebro donde se procesa toda la información obtenida?
-Sin duda. Toda percepción se procesa en ideas que le dará significado al cosmos.
-Por tanto, la red del sistema nervioso, la vista, el gusto, el olfato y el oído son conectores del mundo exterior hacia el cerebro donde se procesan las ideas. ¿Qué finalidad tiene dicho proceso? ¿No es la interpretación del caos fenomenológico?
Véalo así. El sistema circulatorio con centro en el corazón cumple el rol de oxigenar al cerebro y a todas las células mediante el torrente sanguíneo impulsado por bombeo para mantener vivas todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, el corazón y su sistema se deben al cerebro.
-Claro que sí, dicho en breve y con lenguaje sencillo.
-Hábleme entonces del sistema renal.
Pausando para procesar una respuesta, dije sin vacilar:
-El sistema renal, con centro en los riñones, cumple el rol de purificar la sangre que mantiene vivas todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, los riñones y su sistema se deben al cerebro.
-Excelente. Prosiga por favor con los demás sistemas corpóreos.
-El sistema respiratorio con centro en los pulmones y la piel, cumplen el rol de oxigenar la sangre que mantiene vivas a todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, los pulmones y su sistema se deben al cerebro. El sistema gástrico con centro en el estómago cumple el rol de metabolizar el bolo alimenticio con auxilio de la salivación y los molares, la química del páncreas, vesícula e hígado, los filtros del intestino delgado y el sistema residual del colon o intestino grueso a fin de llevar nutrientes al torrente sanguíneo, el “río de vida” para mantener vivas todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, el estómago y su sistema también se deben al cerebro. El sistema óseo, el armazón de arquitectura orgánica se debe a la protección de los órganos vitales, además de la funcionalidad de brazos, piernas, cuello y cintura que le permitan al conjunto denominado cuerpo la dinámica necesaria para mantenerse vivo, pues el movimiento permite la funcionalidad constante de todos los elementos que componen su conjunto, además de la permanente obtención de información para su procesamiento. Ergo, el sistema óseo indudablemente se debe al cerebro. El sistema muscular, la estructura orgánica que recubre al esqueleto, permite la movilidad dinámica de cada hueso cohesionado por ligamentos y cartílagos para el cumplimiento de su función. Ergo, es evidente que el sistema muscular se debe al cerebro. El sistema reproductivo, en cada género diferenciado, se debe a la concepción de una nueva vida por la unión del espermatozoide masculino producido en la próstata y la fecundación de éste en el óvulo femenino. Dicho proceso de gestación de nueve meses deviene un ser humano diferenciado de sus procreadores, aunque unido temporalmente a un cordón umbilical con el organismo femenino que lo gesta. Dicha concepción, fruto de atracción sexual de dos seres diferenciados pero complementarios se debe al cerebro de sus procreadores que darán a luz a otro ser humano.
-Excelente. La percepción de esta fenomenología antropológica, ¿no es resultado de observación y comprensión de la funcionalidad orgánica? Usted ha descrito su propio organismo sin la asistencia de un manual de anatomía.
-Veo ahora que, para trascender el misterio de la vida, es menester iniciar con la propia.
-La comprensión de la funcionalidad orgánica llevará al propósito de dicho diseño si somos capaces de relacionar el todo caótico con aquel que se debe, el cerebro, sin el cual, por lo ya comprobado, la vida sería imposible, puesto que el vivir, ¿no tiene por finalidad darle sentido a la existencia de permanente búsqueda por cuestionamiento, para la comprensión cada vez más cabal del cosmos?
-Así lo creo y me reafirmo en eso.
-¿Y por qué entonces este afán de querer comprenderlo todo? ¿Por qué la curiosidad del niño no desaparece cuando se impide el perder la capacidad de asombro? ¿No es el fin de todo ser vivo sostener la vida para el disfrute de ella, al ser productivos individualmente y en colectividad?
-Con toda seguridad que sí.
-Las salas de conciertos musicales, la contemplación del atardecer, la mesa del banquete, la vida de familia, las reuniones para el aprendizaje, ¿no son acaso necesidades humanas que se procuran por satisfacción y placer?
-El trabajo personal y el trabajo compartido, nos permiten la transformación del lugar cohabitado para convivir de la mejor manera. Por eso, aprender a convivir socialmente es la primera experiencia de un ser humano en familia.
-¿No nos permite, además, una vida protegida de los fenómenos naturales que ponen constantemente en peligro la vida? Y la percepción de estos mismos fenómenos, ¿no contribuyen a darle sentido a la vida?
-Estoy convencido que así es.
-Todo esto así comprendido y concebido se debe a las ideas que procesamos en el cerebro, el órgano que nos permite la experiencia corpórea para darle sentido y propósito a una existencia que será enriquecida por el acto de vivir en condiciones naturalmente hostiles. La acción de experimentarla individualmente y en familia, es decir en sociedad, le otorgan al ser pensante cualidades y virtudes que lo harán feliz.
-Lo comprendo mejor ahora. El acopio de información tendrá sentido para mí por comparación con los hallazgos de otros predecesores y contemporáneos. Tiene ahora mejor sentido en mi lectura el pasaje de Eclesiastés 12:12.
-Lo felicito. Las ideas, el pensamiento que las genera, moverán a vuestra voluntad, al deseo que motiva vuestra acción, al verbo, que es la fuerza que otorga aquella dinámica del vivir bajo el imperio del amor, la única cualidad y virtud que impulsa en libertad la acción y toda la dinámica de la vida descrita y comprendida en cada una de las facultades que produce el multifuncional sistema orgánico que se deba a una facultad suprema, aquella que le da sentido a la experiencia denominada “realidad”, vuestra realidad contenida en lo que llama usted “vida”.
29.06.26
14 Tamuz, 5786
HR
-Reviso continuamente, Herr Rainer, mis notas pertinentes de mi estudio personal acerca de conceptos relacionados al significado de "idea" y "hechos" (fenómenos) que me faciliten el concepto casi inalcanzable de un vocablo casi sombrío para mí: "realidad". Se ha intentado dar una categoría genérica, de diccionario, a ese vocablo que, por su complejidad ontológica, ha suscitado en el tiempo diversas opiniones sobre qué cosas son reales y qué otras son imaginarias. Así es como “caballo” y “unicornio” participan en ese dilema.
-Aquella revisión, ¿es el acopio de pensamientos ajenos al vuestro?
-Apuntes de mis lecturas filosóficas y científicas que me permitan la conducción de las que son propiamente mías.
-Y sus conclusiones ¿son satisfactorias?
-Diría con toda honradez que jamás serán para mi satisfactorias. Pero el intento me permite madurar los primeros frutos de mis certezas.
-Excelente. Nada debe darse por concluido cuando algo se ha iniciado, ¿verdad?
-Sin duda. Sin embargo, debo advertir que para mí es frustrante comprender que mi tiempo se ha desperdiciado con cada desacierto revelado. Volver a empezar me demanda desgaste de recursos y muchas veces cansancio que me lleva a la inacción por bloqueo. Es así como abandono por largas temporadas mi empresa que siempre inicia con vigor y entusiasmo.
-Entonces, ¿se ha dado usted por vencido? ¿Admite usted que renuncia a seguir siendo un niño?
Perplejo por la sentencia del señor Rainer, dejé notar mi asombro y respondí sin meditar en cada una de sus palabras:
-Discúlpeme usted, pero "niño" dejé de ser hace mucho. Trato de comportarme como un adulto insatisfecho que, pese a su madurez, no alcanza sus objetivos intelectuales.
-Acaba de confesar la raíz de vuestro problema, Herr Luis. Usted ya "dejó de ser niño hace mucho". Si usted fuera un "niño insatisfecho" alcanzaría mejor que nunca sus objetivos intelectuales, porque admite que ha dejado de hacer aquello que hacen los más pequeños. Por esta razón, lo que en realidad acaba de describir es el perfil de un "adulto satisfecho".
Antes de responder impulsivamente, pause para preguntar con humildad:
-¿Podría decirme en qué sentido soy un "adulto satisfecho", por favor?
-¿Qué hacen siempre los más pequeños, Herr Luis, cuando el prurito de la curiosidad los cautiva?
Después de retornar mi tranquilidad, pensé con cuidado en la pregunta y respondí sin vacilar:
-¡Preguntas! Es verdad Herr Rainer, pero estoy cansado de preguntar sin hallar respuestas...
-Porque admite usted que dejó de ser niño. ¿No comprende acaso cuál es la razón metafórica de un niño? ¿Por qué declina usted ser un incansable inquisidor?
La luz se hizo en mí.
-Claro que sí, ahora veo. ¡Estoy renunciando a ser filósofo por vocación antes que por oficio!
-Vuestro oficio, Herr Luis, al revisar sus apuntes y darle vueltas a los datos que usted tiene acopiados en forma escrita, ¿qué pretenden?
-Encontrar coherencia de data, relacionar cada hecho con ideas que me permitan evaluar en la comprobación que el mundo tiene un sentido.
-Y ¿por qué tendría usted que hacerlo?
-Quizás mi curiosidad algún día me lleve a comprender los grandes enigmas, como les sucedió a los hombres del pasado que le han dado crédito a lo que hoy compilamos en los libros de ciencia y filosofía.
-Usted me habla entonces de los predecesores del pensamiento. Alguno de ellos, ¿terminó satisfactoriamente su labor?
-Estoy seguro que no. Todos ellos son mis precursores y nada más.
-¿Por qué?
-Porque sus certezas fueron temporales, o por lo menos los serán hasta que otro amplifique sus ideas con nuevos fenómenos descubiertos.
-Entonces, muerto vuestro predecesor, ¿cuál sería su labor si considera usted que posee la misma vocación?
-Trabajar a partir de ellos toda la nueva información, mis propias búsquedas.
-¿Será posible esto si usted renuncia o niega al niño sempiterno?
-Sería imposible. Pero los niños tienen grandes limitaciones y deben madurar para asumir cosas más complicadas, ¿no lo cree?
-¿Cree usted que la madurez está directamente relacionada con ser adulto? ¿En qué sentido hablamos aquí de “madurez”? Usted como adulto, ¿por qué claudica? ¿Qué le revela la falta de perseverancia?
-Me revela que dejo de ser un persistente inquisidor por cansancio y aburrimiento.
-¿No lo será por método? ¿Ha intentado usted leerse a sí mismo antes que leer al cosmos y a todos sus elementos, lo que incluye a sus “predecesores de vocación”?
-No lo veía desde esa perspectiva, lo confieso. "Leerme a mí mismo" suele ocurrir en el epílogo de mis propias lecturas, porque considero que otros, mejor facultados, siembran en mí la semilla desde donde tengo que iniciar mi propia búsqueda.
-¿Y por qué no intenta usted ser el sembrador de aquella semilla? Los agricultores mejor experimentados se limitarán a darle la técnica porque los asiste la experiencia, pero el campo, ¿no se abre también para usted? Si ellos vivieron el trabajo bajo lluvia y sol abrazador, ¿por qué espera usted la cosecha ideal de otras manos?
-Tiene usted razón. Quizás mi método me hace negligente y me priva del goce de la experiencia propia...
-Lo priva de ser niño, Herr Luis. El método de la indagación es lo que menos practican hoy los denominados filósofos, todos ellos adultos por vocación y elección.
Avergonzado por esa conclusión, la cual reafirmé por el gesto afirmativo de mi cabeza, dije en tono de propósito de enmienda:
-Por tanto, no debo hablar de desperdicio de tiempo ni de derrotas si el trabajo aún no ha culminado, ¿verdad?
-Bitte
Con ese "por favor" de tolerancia, el señor Rainer me alcanzó un ejemplar de una Biblia que, según la portada, se trataba de una versión revisada de Valera en 1960.
-Busque usted Eclesiastés 3:11 y 11:5
Busqué y leí con curiosidad los pasajes:
"Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin".
“Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas”.
-Vaya al 12:12 en el mismo libro.
“Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne”.
-Pensando en estas frases: “ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender”; “no sabes cuál es el camino del viento (ruaj en hebrero), o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta,” ¿hablamos de una finitud para comprender los enigmas?
-Una propuesta de un conocimiento que jamás será colmado, es lo que aquí leo. Y sin duda, el mejor de todos los consejos dado por uno de los más sabios de la antigüedad: los afanes infecundos del querer saberlo todo de los libros…
-Las tentativas de la mente humana para encontrar una conexión entre el mundo de las ideas y el mundo de los fenómenos, ¿será posesión de unos cuántos “privilegiados”? ¿Hay ideas que correspondan asertivamente con un supuesto de verdad? ¿Cuáles son esas fuerzas que obligan los planteamientos científicos o filosóficos?
-La comprobación de que para cada hecho exista un concepto significativo que lo categorice, lo que en ciencia se conoce como “teoría”.
-Excelente. ¿Cree usted que sean comprensibles dichas leyes surgidas de los fenómenos físicos percibidos? ¿Cuál inventiva humana los percibe? ¿Son cada una de estas certezas temporales o hitos de destino?
-La metodología científica ayudaría a esa interpretación mediante la técnica de la comprobación racional. No diría que sean “destinos” sino “hitos temporales” desde los cuales el viaje continuaría.
-Comprendamos entonces que para llegar a “Ítaca” en un viaje de retorno fue menester la experiencia vivida a través de varios hitos peligrosos, ¿no lo cree?
-Me gusta su analogía con el héroe de Homero. Toda una Odisea le representó a Ulises, quien, castigado por los dioses del Olimpo, pero bajo los cuidados de Atenea fue el único sobreviviente que retornó a Ítaca.
-Afanes necesarios, experiencia propia antes que cuentos leídos, Herr Luis. Empiece usted por su propia dinámica existencial entonces para comprender lo que Einstein llamó alguna vez la “génesis y ascensión del punto de vista mecanicista” para encontrar “el gran misterio”. Dígame, bitte, ¿es posible descifrar una solución con datos y pistas esenciales? ¿Puede la lógica conducirnos a ella?
-El método científico es eso mismo. Los datos obtenidos van al gabinete y desde allí son puestos en experiencia: “experimento” es lo que llamamos.
-¿Cómo añade coherencia una interpretación a los datos obtenidos con las aparentes claves ya resueltas?
-Es necesaria la experimentación y el sometimiento en gabinete bajo condiciones de cambio, como el uso del calor, la gravedad, la presión atmosférica la corriente eléctrica, la luz y la oscuridad y otros elementos que repliquen la fenomenología natural lo mejor posible. Las claves ya resueltas se van sumando por el comportamiento de la meteria, según el propósito del experimento.
-Si se aceptan algunas teorías derivadas de vuestra experimentación que alcancen a explicar hechos fenomenológicos, ¿será posible hallar una solución que sea general y comprensible con todas las claves conocidas?
-Ese fue el trabajo inacabado de Albert Einstein cuando en Princeton bosquejó su Teoría del Campo Unificado, algo que la muerte se lo impidió. La perseverancia, por tanto, estaría enfocada en el trabajo a partir de este hito.
-¿Existirá dicha solución compleja? ¿Por qué poner las manos al fuego a parir de las deducciones muy íntimas de otra mente?
-Viéndolo como “hito” trabajaría yo “a partir de Einstein” y no “según Einstein”.
-Excelente. Hay teorías adecuadas para ciertos hechos y mucho más adecuadas a la luz de nuevos e inexplicables hechos. Lo inacabado ¿no es certeza temporal? Por tanto, el enfoque de niño hacia esa fenomenología novedosa, ¿tendría frutos?
-Sin duda alguna. La opinión análoga ayudaría como consulta o experimentación conjunta, porque “en la multitud de consejeros se hallan mejores logros”, según los proverbios.
-¿Por qué parece alejarse la solución completa a medida que más indagamos en el “libro de la naturaleza?” Aquella reunión de datos, ¿no son un conjunto de información extraña, incoherente y sin relación alguna aparente entre sí? ¿Quién estaría llamao a desentrañar el misterio?
-Aquel cuya curiosidad lo mueva a desentrañarla.
¿Cómo dirigir entonces el pensamiento para correlacionar asertivamente toda esta data? ¿Ha leído usted al héroe de Sir Arthur Conan Doyle?
-Sherlock Holmes es mi favorito. Define su método en su primera novela titulada “Estudio en Escarlata” como el "arte de la deducción y la observación".
-Hábleme, bitte, de los pilares del método de Holmes.
Primero la observación minuciosa. Holmes registra detalles que otros ignoran, como manchas de barro, ceniza de tabaco o marcas en las manos. En él es notable el “razonamiento regresivo” que consiste en analizar un resultado ya ocurrido para desarmarlo hacia atrás y descubrir la causa original. Luego la eliminación o depuración de lo que resulta imposible, porque una vez descartado, lo que queda, por improbable que parezca, es la verdad. Sin duda, su conocimiento especializado que consiste en acumular saber profundo en química, geología y anatomía, ignorando información inútil para su trabajo. La criba de Holmes lo hace ignorante en astronomía, matemáticas, pero sabio en literatura de hechos policíacos y química aplicada. También debo anotar la ausencia de prejuicios, porque evitar todas las teorías previas antes de obtener datos con sus manos, vista, olfato gusto, para evitar lo que sesga el juicio de forma errónea.
-Lo felicito. Es usted un lector apasionado de las aventuras de Sherlock Holmes. Hábleme en forma ilustrada del caso de Jonathan Small, eje central de “El signo de los cuatro”
-La segunda novela del canon, claro que sí. Aunque la teoría de su método se presenta en Estudio en Escarlata, es en este caso donde Sherlock Holmes demuestra el razonamiento regresivo a través de la escena de un crimen en una habitación cerrada por dentro. A partir de pistas imperceptibles para los funcionarios recelosos de Scotland Yard, Holmes reconstruye la identidad de Small usando su arte de la deducción.
-Descríbala, bitte.
-La huella circular que descubre en la habitación es el primer indicio. En la escena del crimen halla una marca profunda y redonda en el suelo. Deduce inmediatamente que se trata de un hombre con una pata de palo. Por la longitud de la zancada, al medir la distancia entre las huellas de la pierna sana y la de madera, calcula la altura aproximada del sospechoso. Nota en el calzado izquierdo una huella con un refuerzo de hierro en el tacón y una puntera cuadrada. Deduce que es una bota de suela gruesa fabricada en una colonia penal. Por las pisadas complementarias, junto a las marcas de Small, detecta huellas descalzas muy pequeñas con dedos perfectamente separados. Deduce que el cómplice es un nativo de las islas Andamán (Tonga), un cazador habituado a trepar. Al dilucidar para sí en el rastro químico: Holmes detecta un olor a alquitrán y creosota cerca del tejado. Deduce que Small se apoyó en un barril de dicha sustancia para subir, lo que le permite rastrear su huida por el Támesis usando a un perro sabueso. De este modo, Holmes pasa de un cadáver y unas manchas en el suelo a dar el nombre exacto de Jonathan Small, demostrando que "el mundo está lleno de cosas obvias que nadie observa jamás".
-¿Realidad o fantasía la de Conan Doyle? ¿Qué lo hace real o fantasioso?
-Para el personaje y los que emplean el método de Holmes, la realidad se dará por comprobación. Para el lector de “novelas” algo irreal.
-¿Por qué?
-Porque no ha vivido la experiencia. Ya comprendo.
-Relacionar hechos, en apariencia incoherentes, vinculados a otros hechos desconocidos, ¿permitirán prever la existencia de otros hechos que le den sentido y coherencia a todo el conjunto fenomenológico?
-Sin duda que sí.
-¿Cómo nos ayuda el mirar las partes orgánicas del cuerpo humano, por ejemplo? ¿Cada quien debería experimentar el hallazgo de dicha solución?
-Es una interesante experiencia, siendo nosotros mismos el laboratorio.
-¿Es posible mediante el pensamiento creador reunir la data caótica para hacerlos comprensibles y coherentes? ¿Qué rol juegan entonces los pensamientos y las ideas en la búsqueda del conocimiento?
-El procesamiento de la data obtenida llevarán a pistas que conduzcan a la feliz solución.
-Meditando en el cuerpo humano, ¿qué rol juega el cerebro en función al corazón, (sistema circulatorio sanguíneo), los pulmones (sistema respiratorio), el estómago (sistema digestivo), los riñones (sistema renal) con cada uno de sus órganos internos? Vea usted. Si conectamos la vista de los ojos, el escuchar de los oídos, el gusto de la lengua, la sensibilidad de las manos y el olfato de la nariz con el propósito funcional de cada uno, ¿qué obtenemos?
-La comprensión funcional del organismo de carne.
-Bien. Estas facultades sensitivas ¿no le permiten información al cerebro? ¿Es en el cerebro donde se procesa toda la información obtenida?
-Sin duda. Toda percepción se procesa en ideas que le dará significado al cosmos.
-Por tanto, la red del sistema nervioso, la vista, el gusto, el olfato y el oído son conectores del mundo exterior hacia el cerebro donde se procesan las ideas. ¿Qué finalidad tiene dicho proceso? ¿No es la interpretación del caos fenomenológico?
Véalo así. El sistema circulatorio con centro en el corazón cumple el rol de oxigenar al cerebro y a todas las células mediante el torrente sanguíneo impulsado por bombeo para mantener vivas todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, el corazón y su sistema se deben al cerebro.
-Claro que sí, dicho en breve y con lenguaje sencillo.
-Hábleme entonces del sistema renal.
Pausando para procesar una respuesta, dije sin vacilar:
-El sistema renal, con centro en los riñones, cumple el rol de purificar la sangre que mantiene vivas todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, los riñones y su sistema se deben al cerebro.
-Excelente. Prosiga por favor con los demás sistemas corpóreos.
-El sistema respiratorio con centro en los pulmones y la piel, cumplen el rol de oxigenar la sangre que mantiene vivas a todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, los pulmones y su sistema se deben al cerebro. El sistema gástrico con centro en el estómago cumple el rol de metabolizar el bolo alimenticio con auxilio de la salivación y los molares, la química del páncreas, vesícula e hígado, los filtros del intestino delgado y el sistema residual del colon o intestino grueso a fin de llevar nutrientes al torrente sanguíneo, el “río de vida” para mantener vivas todas las células del conjunto denominado cuerpo. Ergo, el estómago y su sistema también se deben al cerebro. El sistema óseo, el armazón de arquitectura orgánica se debe a la protección de los órganos vitales, además de la funcionalidad de brazos, piernas, cuello y cintura que le permitan al conjunto denominado cuerpo la dinámica necesaria para mantenerse vivo, pues el movimiento permite la funcionalidad constante de todos los elementos que componen su conjunto, además de la permanente obtención de información para su procesamiento. Ergo, el sistema óseo indudablemente se debe al cerebro. El sistema muscular, la estructura orgánica que recubre al esqueleto, permite la movilidad dinámica de cada hueso cohesionado por ligamentos y cartílagos para el cumplimiento de su función. Ergo, es evidente que el sistema muscular se debe al cerebro. El sistema reproductivo, en cada género diferenciado, se debe a la concepción de una nueva vida por la unión del espermatozoide masculino producido en la próstata y la fecundación de éste en el óvulo femenino. Dicho proceso de gestación de nueve meses deviene un ser humano diferenciado de sus procreadores, aunque unido temporalmente a un cordón umbilical con el organismo femenino que lo gesta. Dicha concepción, fruto de atracción sexual de dos seres diferenciados pero complementarios se debe al cerebro de sus procreadores que darán a luz a otro ser humano.
-Excelente. La percepción de esta fenomenología antropológica, ¿no es resultado de observación y comprensión de la funcionalidad orgánica? Usted ha descrito su propio organismo sin la asistencia de un manual de anatomía.
-Veo ahora que, para trascender el misterio de la vida, es menester iniciar con la propia.
-La comprensión de la funcionalidad orgánica llevará al propósito de dicho diseño si somos capaces de relacionar el todo caótico con aquel que se debe, el cerebro, sin el cual, por lo ya comprobado, la vida sería imposible, puesto que el vivir, ¿no tiene por finalidad darle sentido a la existencia de permanente búsqueda por cuestionamiento, para la comprensión cada vez más cabal del cosmos?
-Así lo creo y me reafirmo en eso.
-¿Y por qué entonces este afán de querer comprenderlo todo? ¿Por qué la curiosidad del niño no desaparece cuando se impide el perder la capacidad de asombro? ¿No es el fin de todo ser vivo sostener la vida para el disfrute de ella, al ser productivos individualmente y en colectividad?
-Con toda seguridad que sí.
-Las salas de conciertos musicales, la contemplación del atardecer, la mesa del banquete, la vida de familia, las reuniones para el aprendizaje, ¿no son acaso necesidades humanas que se procuran por satisfacción y placer?
-El trabajo personal y el trabajo compartido, nos permiten la transformación del lugar cohabitado para convivir de la mejor manera. Por eso, aprender a convivir socialmente es la primera experiencia de un ser humano en familia.
-¿No nos permite, además, una vida protegida de los fenómenos naturales que ponen constantemente en peligro la vida? Y la percepción de estos mismos fenómenos, ¿no contribuyen a darle sentido a la vida?
-Estoy convencido que así es.
-Todo esto así comprendido y concebido se debe a las ideas que procesamos en el cerebro, el órgano que nos permite la experiencia corpórea para darle sentido y propósito a una existencia que será enriquecida por el acto de vivir en condiciones naturalmente hostiles. La acción de experimentarla individualmente y en familia, es decir en sociedad, le otorgan al ser pensante cualidades y virtudes que lo harán feliz.
-Lo comprendo mejor ahora. El acopio de información tendrá sentido para mí por comparación con los hallazgos de otros predecesores y contemporáneos. Tiene ahora mejor sentido en mi lectura el pasaje de Eclesiastés 12:12.
-Lo felicito. Las ideas, el pensamiento que las genera, moverán a vuestra voluntad, al deseo que motiva vuestra acción, al verbo, que es la fuerza que otorga aquella dinámica del vivir bajo el imperio del amor, la única cualidad y virtud que impulsa en libertad la acción y toda la dinámica de la vida descrita y comprendida en cada una de las facultades que produce el multifuncional sistema orgánico que se deba a una facultad suprema, aquella que le da sentido a la experiencia denominada “realidad”, vuestra realidad contenida en lo que llama usted “vida”.
29.06.26
14 Tamuz, 5786
HR
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