II. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre el Máximo cognoscible

 

II. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre el Máximo cognoscible

-Me habla usted de “elucidar”, Herr Rainer, de esa necesidad de poner en claro algo oscuro, difícil, confuso para hacerlo comprensible. Desde mi postura de “niño infante”, ¿por dónde empezar? Al tratar sobre el origen del universo, por ejemplo, solo me queda el recurso de la especulación.

El señor Rainer, acercando mi atención al viejo diccionario etimológico de palabras castellanas, me dio señales para hacer una nueva búsqueda (un “punto de partida”, sin lugar a dudas). Allí leí:

Elucidar. - del latín elucidāre, "hacer luminoso" o "iluminar", derivando de ex- ("hacia afuera") + lux, lucis ("luz"), utilizado para aclarar o explicar algo confuso, sacando la información "a la luz" para que sea comprensible. "Sacar a la luz" o "hacer claro". Aclarar, explicar, clarificar o esclarecer un asunto, una duda o un concepto que es difícil de entender. Se emplea para describir la acción de disipar la oscuridad o la incertidumbre de algo, proporcionando una visión clara.

-Dígame, bitte, ¿cómo podría usted conseguir claridad en una noche espesa?


-Con una antorcha o linterna, con un instrumento lumínico.

 

-Hace bien al señalar un “instrumento”, Herr Luis, porque la naturaleza humana no posee luz propia, como las luciérnagas, ¿verdad?

 

-Si duda. Antes de procurar certezas primero es menester encontrar luz para “iluminar”.

 

-Comience usted entonces por los orígenes. Pretendiendo, desde vuestra postura de “niño”, hablar del origen del universo, ¿no sería pertinente hablar antes del principio generador, del absoluto que lo contiene todo? Sin aquella chispa generatriz, ¿cómo es posible concebir el movimiento o devenir en el espacio-tiempo? La naturaleza de la maximidad en el cusano, ¿lo recuerda? Tómelo por esta vez como punto de partida, entre tantos otros.

 

-Pero hablamos de una naturaleza inalcanzada e inexplorada, salvo por el recurso de la especulación, Herr Rainer.

 

-Bitte.

 

Me dio a entender que busque en el viejo diccionario la palabra que dos veces yo había invocado: “especulación”. Buscando el verbo en infinitivo leí:

 

Especular. - Del latín speculari, "observar desde una atalaya" o "espiar", derivado de la raíz indoeuropea spek- ("mirar"). Originalmente, se refería a la acción de contemplar desde lo alto (specula, atalaya), luego evolucionó para significar contemplación filosófica (observación profunda) y, más tarde, conjeturas o suposiciones sin base firme, hasta llegar al uso comercial de predecir precios para obtener ganancias. Sentido original (observación): Specula: Atalaya, observatorio. Speculator: El que observa desde lo alto, espía, informador. Sentido filosófico (siglo XVIII): Se aplica a la reflexión profunda y teórica, como una forma de "observar" ideas desde un punto de vista elevado (el griego theoretikós). Sentido comercial (siglo XVIII): Se basa en la idea de "observar" (anticipar) las subidas o bajadas de precios para obtener beneficios, como hacer una suposición sobre el futuro. Sentido moderno (conjetura/hipótesis): Formar opiniones o teorías sin tener conocimiento completo, como "especular" en la prensa sobre un tema sin hechos concretos, un calco del inglés to speculate. Otras palabras relacionadas: Espejo: Del latín speculum (medio de contemplación). Espectáculo: Del latín spectaculum, de spectare (mirar). Espectador: Quien mira. Perspectiva: Ver a través de (del latín perspicere).

 

-Gracias. Dígame usted, ¿cuál sería vuestra “torre de atalaya”?

 

-Lo que conozco de otros, la ciencia escrita hasta el momento.

 

-La ciencia escrita hasta hoy ¿no es un “vademecum” de lo tratado por otros?

 

-Sin duda. Una suerte de libro de poco volumen y de fácil manejo para consulta inmediata acerca de nociones o informaciones fundamentales.

 

-¿Cuántas de estas informaciones registradas son suyas?

 

-Ninguna. Diría yo que hago mía las que, por coincidencia, me son afines.

 

-¿Las ha podido contemplar usted “desde lo alto”?

 

-No. Las doy por verdaderas, pues son las certezas oficiales que se tiene a mano.

 

-Como en todo asunto, Herr Luis, como en todo asunto, donde lo obvio es una suerte de “cofre de acopio oficial”, dando por hecho que todo lo allí acumulado es certeza absoluta de valor, y no certeza temporal. Considere usted lo siguiente: aunque mucho del contenido en vuestro “vademecum” es de gran valor y de profundo significado, la elucubración ajena le podría ser inspiradora, ¿no lo cree?

 

-“Puntos de partida”, claro que sí.

 

-¿Qué conclusión derivaría usted entonces de la acción de “contemplar”? Bitte.

 

Abrió el viejo diccionario etimológico en la palabra que señaló para mí: “Contemplar”. Leí:

 

Contemplar. - Del latín contemplari, que une con- (junto) y templum (templo, espacio sagrado para observar el cielo o tomar augurios), refiriéndose a mirar atentamente un espacio delimitado o divino. Fue usada para traducir el griego theoria (observar para conocer). Su origen sugiere una acción de observación ritual o filosófica, extendiéndose a observar atentamente algo material o espiritual, con un sentido de profunda atención, meditación o admiración. Origen y componentes. Latín: Contemplari (observar atentamente). Con-: Prefijo que significa "con", "junto" o "totalmente". Templum: Término que designaba un espacio consagrado para la observación, especialmente de los auspicios (vuelos de aves). Griego: Theōría (θεωρία), que implica una forma de ver y conocer más allá de lo superficial, adoptado por los romanos para contemplatio.. Significado original y derivado. - Observar un espacio (templum) con sacerdotes o augures para interpretar señales divinas, una acción que implicaba una mirada atenta y significativa. Ampliación de significado: De esa observación ritual, pasó a significar: poner atención en algo (material o espiritual), considerarlo, juzgarlo, y en contextos religiosos o filosóficos, meditar profundamente sobre Dios o la verdad. En castellano conserva el sentido de mirar con atención, pero también con admiración o ensoñación (contemplar un atardecer) o para reflexionar (contemplar una idea).

 

-Bueno, sin duda “contemplar” resulta ser algo más que mirar, algo más que leer.

 

-¿Alguien más que no sea usted podría “contemplar” para usted?

 

Medité en esta pregunta, tomándome el tiempo suficiente para respirar lentamente antes de contestar a mi interlocutor mirándolo a los ojos.

 

-Nunca. Sólo yo contemplo aquello que es de mi interés y lo proceso bajo los cánones de mi singularidad racional.

 

-Muy bien. Por tanto, lo “coincidente por afinidad” no podría ser la información externa per se, sino vuestra elucubración que tiene sus orígenes en aquello que usted “contempla” porque es vuestro tema de interés ¿Es así?

 

-Claro, sin especular no tendría sentido elucubrar para elucidar. Quizás después de este ejercicio me vea con felices coincidencias, al comparar mi contemplación con la de otros que la ejercieron antes que yo. Por tanto, las felices coincidencias son puntos de interés retomados en el devenir.

 

-Hasta aquí nos entendemos, Herr Luis. Nadie saca a luz información valiosa que no sea producto de su propia elucubración, sea asertiva o no.

 

-Pero “asertiva” temporalmente, pues no todo seria verdad, Herr Rainer.

 

-Puntos de partida. Es menester el error, porque la calificación ¿la da usted desde la luz asertiva en apariencia o desde la oscuridad del error?

 

-Imposible desde la luz porque la daría por incuestionable y definitiva. Pero desde el error especulativo sería, en tal caso “desde el error depurado”.

 

-¿No se depura lo que por certeza es inservible?

 

-Claro que sí.

 

-Mientras tanto, ¿no sería útil para usted el error? Cuando se especulaba a partir de la luz que orientaba el pensamiento hacia una concepción geocéntrica, por ejemplo, ¿no se comprobaron algunos axiomas geométricos euclidianos? Hasta las teorías especulativas de Copérnico, el error en Aristóteles ¿no fue acaso útil?

 

-Vaya que sí. Dante esboza la topografía de los tres mundos desde la perspectiva errada aristotélica. Puntos de partida entonces.

 

-Bien. Habiendo de tratar entonces sobre la máxima doctrina de la ignorancia, ¿no le sería a usted útil elucubrar por la naturaleza de la misma maximidad? ¿A qué llamó el cusano “maximidad”?

 

-Hasta donde recuerdo a aquello mayor, sobre el cual nada puede haber, porque todo en él es contenido.

 

-Sin calificarlo ni nominarlo por ahora representa un buen punto de partida. Por tanto, aquello que contiene todos los elementos. Pensando en el diagrama de John Venn, ¿afirmaría usted que así es?

 

-Como proceso mental, claro que sí. Me es fácil visualizar con los diagramas de Venn relaciones lógicas entre diferentes conjuntos, mostrando similitudes y diferencias, muy ideal para comparar conceptos.

 

-¿Coincide la totalidad de un conjunto universal con sus partes?

 

-Los elementos que lo forman entiendo que sí. De lo contrario no sería lógico que el todo contenga a la “no pertenencia”.

 

-Diría usted que el todo coincide con la unidad? Ejemplifíquelo, por favor.

 

-Sin duda alguna. Las piezas de un automóvil se deben al conjunto universal identificado con una marca específica, de tal manera que una pieza del mismo no le pertenecería a otro de diferente marca. La singularidad del sistema solar es propia del sol y no a ninguna otra estrella de la vía láctea.

 

-Para el segundo ejemplo, ¿existe evidencia de que así sea?

 

-En realidad no. Es mi especulación basada en singularidades.

 

-Para los procesos naturales, ¿hablaría usted de “singularidades” o “semejanzas”?

 

-La relación entre “singularidades” y “semejanzas” en los procesos naturales es algo fascinante, porque me lleva a reflexionar sobre la naturaleza de la realidad y cómo la percibo. Entiendo que, en los procesos naturales, las singularidades y las semejanzas son conceptos relacionados, pero no exactamente iguales.

 

-Por tanto, afirmar singularidades en sistemas dentro de la galaxia aún no explorados, serían factibles de grandes errores desde los cuales, como puntos de partida, podríamos avanzar. ¿Qué entiende usted por “singularidad”?

 

-Eventos o fenómenos únicos y específicos de la naturaleza, como la formación de una montaña, la erupción de un volcán o la aparición de una especie nueva irrepetibles, con características propias que las distinguen de otros eventos.

 

-Correcto. Y ¿cómo entiende usted “semejanza?

 

-Similitudes y patrones observados entre diferentes fenómenos o eventos naturales. Por ejemplo, la forma en que las hojas de los árboles se asemejan a la forma de las ramas, o la manera en que los ríos fluyen siguiendo patrones similares, por gravedad y relieve.

 

-Muy bien. ¿Cuál entonces sería aquella relación entre ambas?

 

-Singularidad y semejanza no es lo mismo, pero guardan relación. Las singularidades son los eventos únicos que ocurren en la naturaleza, mientras que las semejanzas son los patrones y similitudes que se observan entre estos eventos.

 

-Los sistemas naturales, gobernados por patrones y leyes universales, son sin embargo de gran variabilidad y singularidad. En este sentido, ¿es la semejanza una manifestación de patrones subyacentes?

 

-Sin duda que lo son.

 

-Y las singularidades ¿serán la expresión de la complejidad y la variabilidad de los sistemas naturales?

 

-Bueno, las singularidades y las semejanzas no son lo mismo, pero están estrechamente relacionadas, porque las singularidades son eventos únicos y específicos, mientras que las semejanzas son patrones y similitudes que se observan entre estos eventos.

 

-Ergo, ¿son elementos del Todo?

 

-Veo que sí.

 

-Leyendo a Cusa en este aspecto, “la abundancia” le convino “a lo uno”. “Así, con la maximidad coincide la unidad, que es también entidad”. Un punto de partida para introducir criterios matemáticos para intentar “materializar” lo intangible mentalmente hablando, ¿no lo cree?

 

-Sin duda. La unidad, el elemento básico de singularidades y semejanzas, es parte del conjunto universal.

 

-Excelente. Contemple usted ahora lo siguiente: la maximidad como entidad. ¿cómo entiende usted “entidad”?

 

- Algo que existe como una unidad distinta, sea esta una corporación, institución u organización (como un banco o una empresa), una persona, un objeto (como un auto), un concepto abstracto o incluso datos en informática, representando algo con existencia propia y características únicas, como una "cosa" o un "ser". Espero no errar.

 

-No se preocupe por el acto de errar. Por tanto, ¿cómo entiende usted “la maximidad que es también entidad”?

 

-Una entidad absoluta y perfecta, no limitada por nada, un concepto ya explorado por un antecesor a Cusa, Anselmo de Canterbury, cuya teología fue una de los cimientos de la especulación cusaniana.

 

-Bien. En contextos más prácticos, como en la contratación pública, la "máxima autoridad" ¿no es el representante legal superior de una organización, quien ejerce la autoridad final?

 

-Claro que sí, es indiscutible su autoridad.

 

-Será menester, por tanto, no obviarla en Cusa, porque hará usted uso de la elucubración “a partir de Cusa” y no “según Cusa”, ya que la estamos tomando como “punto de partida”.

 

-Tal cual.

 

-Gut. Si dicha unidad está libre universalmente de toda relación y contracción, ¿es evidente que nada puede oponérsele? ¿Es así?

 

-En aquel todo concebido no sería posible oposición o comparación, porque dicha entidad no sería absoluta.

 

-Por tanto, es en vuestra mente la maximidad absoluta.

 

El señor Rainer me alcanzó, en este punto, una edición de la “Docta Ignorancia”, cuya edición no alcancé a comprobar, con un marcador de cartón ubicado en el capítulo II: ELUCIDACIÓN PREAMBULAR DE LAS COSAS QUE SIGUEN. Sin necesidad de indicármelo, tomé la iniciativa de leer:

 

“Habiendo de tratar sobre la máxima doctrina de la ignorancia, tengo necesidad de comenzar por la naturaleza de la misma maximidad. Y llamo máximo a aquello, mayor que lo cual nada puede haber. Pero la abundancia conviene a lo uno. Así, con la maximidad coincide la unidad, que es también entidad. De tal modo, si dicha unidad está libre universalmente de toda relación y contracción, es evidente que nada puede oponérsele, en cuanto que es la maximidad absoluta. Y así, el máximo absoluto es uno porque es todas las cosas, y en él están todas las cosas porque es el máximo”

 

-¿Halla usted “felices coincidencias”?

 

-Sin duda. Confieso que esto leído aquí estuvo dentro en mí, pero en el olvido, mas no en el hilo conductor que es mi recuerdo.

 

-Si lo leyó ¿no cree usted que quedó en vuestro recuerdo? Quizás por ello le produjo a usted admiración.

 

-Es verdad. Cuando quiero definir algo en realidad traigo al presente las cosas atesoradas por mis lecturas más queridas.

 

-¿Diría usted que el universo como elemento es una forma contracta o contraída del todo?

 

-Al parecer sí. El universo contraído en la pluralidad de singularidades y semejanzas no sería tal y como lo creemos conocer.

 

-Por tanto, el elemento, ¿será reflejo de aquel todo?

 

-Si el máximo comprende todas las cosas, porque todas las cosas que existen son efecto de la causa del máximo absoluto, es porque están en él.

 

-Y él mismo ¿está evidente en todas ellas?

 

-Singularidades y semejanzas… ya lo veo.

 

-¿Tiene entonces subsistencia fuera de su “pluralidad contraída”? ¿Existiría sin contracción?

 

-Imposible. El universo sería una versión “contracta y plural” ajena a aquel todo singular. No imagino lo que podría ser sin considerar el origen, su punto de partida.

 

-Puntos de partida, Herr Luis. La elucubración cusaniana es una de tantas formas de comprobar, a la manera euclidiana, con los postulados geométricos, es decir, los recursos de materialización, de manera que usted evidencie lo ignoto desconocido como posibilidad imaginal de certeza temporal: gradientes en ascenso.

 

-Estamos construyendo desde el raciocinio una posibilidad del origen universal a partir de lo evidente comprobado.

 

-Sin duda Herr Luis. Está usted tratando de reconstruir el origen en el todo a partir de puntos de origen referenciales, las especulaciones de antecesores que elucidaron vuestra misma inquietud. Quizás ahora comprenda mejor la intencionalidad de elaborar vuestro propio criterio para evidenciar un atisbo de luz en medio de la oscura confusión y error, prácticos para nuestros propósitos.

 

-El rompecabezas dentro de mi ha cobrado sentido, color y forma.

 

-Será preciso alcanzar el sentido deseado, Herr Luis. Eleve usted vuestro entendimiento más allá de las palabras: éstas, ante tantos misterios, no son suficientes para efectos de comprensión. Haga usted uso de recursos trascendentes. Abandone de vez en cuando todas las cosas sensibles, aquellos puntos de partida científicos para que ascienda usted como Dante en el Paraíso con aquella facilidad desde la pura intelectualidad.

 

-Buen consejo.

 

-Abra usted un camino a los ingenios corrientes, usando para usted la mayor claridad posible evitando construir sobre la elucubración ajena, ostentosa en el estilo. Manifieste usted constantemente la raíz de vuestra docta ignorancia con la exactitud de una certeza temporal.

 

-Me hablaba usted de “elucidar”, Herr Rainer, de esa necesidad de poner en claro algo oscuro, difícil, confuso para hacerlo comprensible. Desde mi postura de “niño infante”, entiendo ahora por dónde empezar. Los orígenes se resumen en el origen de las pluralidades contractas en elemento del todo. El recurso de la especulación me ha permitido felices coincidencias cuando mi punto de partida es un referente “a partir de algo” y no según aquel algo”. Veo que lo que sabía resulta ser nada de lo asimilado, salvo que lo evidencie dentro de mi propia certeza que avanza de error en error.

 

 

17.01.26

28 Tevet, 5786

HR

 

 

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