La experiencia redentora de un ciego
Disquisiciones con Herr Rainer: La experiencia redentora de un ciego (Saulo de Tarso y la ceguera de los envidiosos, a propósito de las confesiones de Sapia, en Purgatorio XIII)
-Al considerar el canto XIII de Purgatorio durante nuestra lectura comentada del viernes 29 de abril, leía yo, señor Rainer, en las palabras de la viuda de Saracini, Sapia Salvani, el mismo sentimiento que percibí en el tormento que experimentó durante tres largos días el arrepentido perseguidor de cristianos, ciego ahora, y suplicante del perdón divino. Aquel otrora perseguidor de cristianos se hallaba en algún lugar de la ciudad de Damasco, ciego, perplejo y muy constreñido, dentro de una habitación hacia donde fue conducido. ¿Quién diría que más tarde se convertiría en el más pequeño de todos los apóstoles…?
-Saulo
de Tarso, el celoso fariseo joven, discípulo de Gamaliel, ¿no es quien fue
cegado camino a Damasco con cartas del sanedrín para arrestar a cuanto
individuo fuera hallado en “el camino”?
-El
mismo que aguardaba contrito porque escuchó desde el cielo la voz que lo había
cegado, a quien había estado persiguiendo con vehemencia, aquel que dijo: “De cierto os digo que en cuanto lo
hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”,
según lo registra Mateo 25:40.
-Advierto
aquí que su analogía no deja de ser precisa. Hallada en la segunda grada, la
terraza de los envidiosos en el Purgatorio, Sapia, después de narrar su
historia a Dante, expresa un remordimiento similar.
-Déjeme
recordar, ella se alegró cuando sus compatriotas sieneses, liderados por su
sobrino Provenzano Salvani, a quien no menciona, perdieron ante los guelfos
florentinos en la batalla de Colle Val d'Elsa.
-Así
es, Herr Luis. Ella cita para esto un cuento popular italiano acerca de un
“tonto mirlo” que celebra la primavera prematuramente como ejemplo de su propia
tontedad, una autocrítica que la hace merecedora de padecer la purga divina en
aquella grada donde moran los envidiosos. Pier Pettinaio, antes de morir en el
año 1289, oró por el tránsito de su alma a través del Purgatorio, según Dante.
Haga usted el favor de leer este episodio en Purgatorio XIII, 109-129.
Me
indicaba con el índice derecho, en una ruma de libros sobre un estante, el lomo
sobresaliente de un empaste de cuero que decía: “Dante Commedia”. La versión
castellana que tenía al costado era la traducción en prosa de Manuel Aranda y
Sanjuan.
Me
ubiqué en la silla junto a la mesa donde nos alumbraba una vela sobre un
candelero de bronce, la misma que formaba parte del recinto de la Villa
Filomena al que el señor Rainer me había acostumbrado. Buscando con solemnidad
aquel pulcro libro, llegué a Purgatorio XIII. Leí con cuidado acomodándome los
marcos de mis lentes en un italiano forzado:
Savia non fui,
avvegna che Sapìa
fossi chiamata, e
fui de li altrui danni
più lieta assai
che di ventura mia. 111
E perché tu non
creda ch'io t'inganni,
odi s'i' fui,
com'io ti dico, folle,
già discendendo
l'arco d'i miei anni. 114
Eran li cittadin
miei presso a Colle
in campo giunti
co' loro avversari,
e io pregava Iddio
di quel ch'e' volle. 117
Rotti fuor quivi e
vòlti ne li amari
passi di fuga; e
veggendo la caccia,
letizia presi a
tutte altre dispari, 120
tanto ch'io volsi
in sù l'ardita faccia,
gridando a Dio:
"Omai più non ti temo!",
come fé 'l merlo
per poca bonaccia. 123
Pace volli con Dio
in su lo stremo
de la mia vita; e
ancor non sarebbe
lo mio dover per
penitenza scemo, 126
se ciò non fosse,
ch'a memoria m'ebbe
Pier Pettinaio in
sue sante orazioni,
a cui di me per
caritate increbbe. 129
A
continuación leí los versos 109 al 129 de la traducción en prosa de Manuel
Aranda y Sanjuan:
No fui sabia, por
más que me llamaran Sapia y me alegraron más los males ajenos que mis propias
venturas. Y porque no creas que te engaño, oye si fui tan necia como te digo.
Descendía ya por la pendiente de mis años, cuando mis conciudadanos se
encontraron cerca de Colle a la vista de sus adversarios, y yo rogaba a Dios lo
mismo que Él quería. Fueron destrozados, y reducidos en aquel sitio al paso
amargo de la fuga; y al ver aquella caza, tuve tal contento, que ningún otro
puede igualársele. Mientras tanto elevaba al cielo mi atrevida faz gritando a
Dios: Ahora ya no temo, como hizo el mirlo engañado en invierno por algunos
días apacibles. Hacia el fin de mi vida quise reconciliarme con Dios; y aún no
habría comenzado a pagar mi deuda por medio de la penitencia, si no fuera
porque me tuvo presente en sus santas oraciones Pedro Pettinagno, que se apiadó
de mí, movido de su caridad.
Imaginé
que recordaba, con esta experiencia de lectura paralela en la distancia del
tiempo, el siglo de Dante. A medida que leía hacían eco en mí la ceguera de ese
otro envidioso arrepentido que se lamentaba de haber actuado con impiedad
contra sus adversarios de la fe en el Mesías redentor de Nazaret.
-Saulo,
en cada una de sus conquistas sobre estos desdichados devotos, ¿no se regocijaba
por su victoria y la derrota de la naciente congregación cristiana?
-Saulo
creía sinceramente que obraba la voluntad divina. Vio nacer a la congregación
cristiana del primer siglo en Jerusalén. Las referencias sobre él están a
partir del capítulo 7 del libro bíblico de Hechos de los Apóstoles, escrito por
Lucas, el evangelista, Hechos 7:58, específicamente.
-Por
esta referencia sabemos que participó en la lapidación de uno de los primeros
mártires del cristianismo, Esteban, y fomentó posteriormente la persecución
despiadada contra todo aquel que se identificara con la iglesia de Jesucristo.
Este erudito en la Ley, ciudadano romano y discípulo de Gamaliel, Saulo de
Tarso.
-El
mismo.
-Camino
a arrestar a los miembros de la congregación de Damasco, Saulo, por gracia
divina, es escogido mediante una condición redentora y purgatorial. Al parecer
el designio lo señalaba desde la posición de este enemigo que ahora concentra
su mirada de halcón en el espíritu y ya no en las formas ni las apariencias
infundidas por el odio y el prejuicio carnal. La ceguera fue pertinente, ¿no lo
cree usted?
-Estoy
convencido de que sí. Se había ganado el temor y repudio de la naciente
congregación. Era paradójico que el mejor enemigo fuera ahora un aliado por
gracia.
-¿Quién
había intermediado por él? El propio Esteban, su propia víctima, antes de morir
clamó al cielo. Por favor.
Me
indicó leer Hechos 7:60 y 8:1 en Torres Amat, la que tenía a mano esta vez.
Y poniéndose de
rodillas, clamó en alta voz: ¡Señor, no les hagas cargo de este pecado! Y dicho
esto durmió en el Señor. Saulo había consentido como los otros a la muerte de
Esteban.
-La
oración había llegado al cielo, y la expiación de Saulo se llevaba a cabo
mediante una ceguera temporal, causada por aquel “Sol” que había amanecido
sobre Damasco, el resucitado Jesucristo (la Luz del mundo).
-Asistí
así en mis lecturas, Herr Rainer, al tránsito de un hombre dominado por el celo
y la envidia, que fue redimido, humillado y transformado en un humilde apóstol
que decidía ponerse al servicio de los goyim,
como llaman los judíos a la gente de las naciones.
-Muy
temida era en aquellos días la gran persecución que los fariseos, saduceos y
escribas desataron contra los seguidores de Jesús de Nazaret. Estos líderes de
opinión tenían fama de ser arrogantes y envidiosos debido a las obras de bien
que Jesucristo y sus discípulos obsequiaban a las multitudes, hasta en día
sábado. Dicha actitud inicua, ¿no la habían revelado también los sacerdotes
principales?
-Ante
Poncio Pilato, durante el juicio contra el Hijo del Hombre, claro que sí.
-Véalo
usted en Juan 8:12 y Marcos 15:9,10.
Leí
atento: “Y volviendo Jesús a hablar al
pueblo, dijo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, no camina a oscuras,
sino que tendrá la luz de la vida.”
Pilatos les
respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos? Porque sabía
que los príncipes de los sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Quedé
asombrado por la actitud que descubrí en estos principales de Israel: envidia.
-Saulo,
véalo usted, perseguía a la congregación cristiana ciego a la justicia divina,
creyendo que defendía la ortodoxia cuando en realidad alimentaba el celo de una
estructura decadente.
Concluyó
Herr Rainer, acomodándose en su silla. Prosiguió:
-La
envidia de los príncipes de los sacerdotes y el fanatismo de Saulo compartían
la misma raíz: el pánico a perder el monopolio de la verdad y el control social
ante una luz emergente que no lograban asimilar. Lea usted ahora Hechos 9:1,2.
Mas Saulo, que
todavía no respiraba sino amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se
presentó al príncipe de los sacerdotes, y le pidió cartas para Damasco,
dirigidas a las sinagogas, para traer presos a Jerusalén a cuantos hombres y
mujeres hallase de esta profesión o escuela de Jesús.
-Corroboraba
este proceder una advertencia dada por el propio Jesucristo, según leerá usted
en Juan 16:2 y 3.
Os echarán de las
sinagogas; y aun va a venir tiempo en que quien os matare, creerá hacer un
obsequio a Dios. Y os tratarán de esta suerte, porque no conocen al Padre, ni a
mí.
-Asombroso
el cumplimiento.
-¿Cuál
considera usted que era el designio de este cazador de cristianos?
-Al
parecer, el plan divino consistía en cegar para un propósito a este vaso
escogido al servicio de las naciones.
-Danke.
Lea usted Hechos 9:2-9.
2 y le pidió
cartas para Damasco, dirigidas a las sinagogas, para traer presos a Jerusalén a
cuantos hombres y mujeres hallase de esta profesión o escuela de Jesús.
3 Caminando, pues,
a Damasco, ya se acercaba a esta ciudad, cuando de repente le cercó de
resplandor una luz del cielo.
4 Y cayendo en
tierra asombrado oyó una voz que le decía: ¡Saulo, Saulo!, ¿por qué me
persigues?
5 Y él respondió:
¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues:
dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón.
6 El entonces,
temblando y despavorido, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga?
7 Y el Señor le
respondió: Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer.
Los que venían acompañándole estaban asombrados, oyendo sonidos de voz, pero
sin ver a nadie.
8 Se levantó Saulo
de la tierra, y aunque tenía abiertos los ojos, nada veía. Por lo cual
llevándole de la mano le metieron en Damasco.
9 Aquí se mantuvo
tres días privado de la vista, y sin comer ni beber.
-El
discípulo de Jesucristo, un tal Ananías, fue comisionado para hallarlo en su
refugio de tormento.
-¡Como
Dante halló a Sapia para contarle el esperanzador plan de Dios sobre su
destino!
-Saulo,
al recobrar la vista por causa del ruego de Ananías, transformó su mirada de
perseguidor.
-Si
usted no me lo indica no lo vería así.
-Poseía
ahora Saulo la mirada del último de todos los apóstoles del Cristo. El
discípulo de Gamaliel había muerto a los ojos de Ananías. Rogaba ahora con
piedad. Sorprendido, el enviado le habló al desdichado fariseo sobre una misión
que requería de su parte humildad y aprecio basados en el amor divino ágape
(caritas).
-Después
de aquella ceguera inducida, era imposible que no se doblegara.
-Como
siervo humilde, sin rastros de soberbia, aceptó Saulo hacerse seguidor de quien
lo hubo cegado y adoptó para sus nuevos hermanos en la fe un nombre que lo
definía renovado: Pablo, que en latín
denota "pequeño", el menor de
los apóstoles en Cristo. Bitte, Hechos 9:17-19.
Leí
con emoción:
17 Marchó, pues,
Ananías, y entró en la casa, e imponiéndole las manos, le dijo: ¡Saulo, hermano
mío!, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino que traías, me ha enviado
para que recobres la vista, y quedes lleno del Espíritu Santo.
18 Al momento
cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; y levantándose fue
bautizado.
19 Y habiendo
tomado después alimento, recobró sus fuerzas. Estuvo algunos días con los
discípulos que habitaban en Damasco;
Ahora,
bitte, 1 Corintios 15:9,10
9 siendo como soy
el menor de los apóstoles, que ni merezco ser llamado apóstol, pues que
perseguí la Iglesia de Dios.
10 Mas por la
gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; antes he
trabajado más copiosamente que todos; pero no yo sino más bien la gracia de
Dios que está conmigo.
-Sin
duda, Jesucristo resucitado había cumplido su rol de Mesías con Saulo y con
todos aquellos ciegos a quienes devolvió la vista durante su ministerio
terrestre. ¡Lo veo con claridad!
-Bitte,
Isaías 61:1,2
1 A este fin ha
reposado sobre mí el espíritu del Señor; porque el Señor me ha ungido, y me ha
enviado para hablar a los mansos y humildes, para curar a los de corazón
contrito, y predicar la redención a los esclavos, y la libertad a los que están
encarcelados;
2 para publicar el
año de reconciliación con el Señor, o su jubileo, y el día de la venganza de
nuestro Dios; para que yo consuele a todos los que lloran;
-Todo
encaja como en un rompecabezas sin faltar pieza alguna. Sobre este uso figurado
de ceguera en la Biblia, Herr Rainer, pude notar, gracias a la concordancia
bíblica, que en ella se atribuye mucha más relevancia a la vista espiritual que
a la carnal. Permítame compartir con usted a continuación algunas citas de
dicha concordancia. En una ocasión en que Jesús curó a un ciego de nacimiento,
aprovechó para señalar lo reprensibles que eran los fariseos, ya que aseguraban
tener vista espiritual, pero voluntariamente rehusaban salir de su ceguera.
Eran como aquellos que amaban la oscuridad más bien que aquellos que aprecian
sinceramente la luz, ¡como en la alegoría de la caverna de Platón!
-Interesante.
-Leo
del texto tomado también de Torres Amat:
Desplegando
mi cuaderno de notas leí el listado preparado por mí:
De
Juan 9:39-41
39 Y añadió Jesús:
Yo vine a este mundo a ejercer un justo juicio, para que los que no ven, vean,
y los que ven queden ciegos.
40 Oyeron esto
algunos de los fariseos, que estaban con él, y le dijeron: Pues, ¿nosotros
somos también ciegos?
41 Les respondió
Jesús: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero por lo mismo que decís:
Nosotros vemos, y os juzgáis muy instruidos, por eso vuestro pecado persevera
en vosotros.
De
Juan 3:19,20
19 Este juicio de
condenación consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, por cuanto sus obras eran malas.
20 Pues quien obra
mal, aborrece la luz, y no se arrima a ella, para que no sean reprendidas sus
obras.
Cuando
se dirigió a la congregación de Éfeso, el apóstol Pablo oró para que fueran
“iluminados los ojos de su corazón”:
De
Efesios 1:16,18
16 no ceso de dar
gracias a Dios por vosotros, acordándome de vosotros en mis oraciones,
18 iluminando los
ojos de vuestro corazón, a fin de que sepáis cuál es la esperanza, o lo que
debéis esperar, de su vocación, y cuáles las riquezas y la gloria de su
herencia destinada para los santos,
Jesús
señaló a Juan en su Revelación que
los que profesan ser cristianos, pero no tienen conciencia de su necesidad
espiritual, están ciegos y desnudos y no disciernen su condición lastimosa
y tambaleante, como le ocurría a la congregación de Laodicea.
De
Apocalipsis 3:18
18 Te aconsejo que
compres de mí el oro afinado en el fuego, con que te hagas rico, y te vistas de
ropas blancas, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos
con colirio para que veas.
Así
como el permanecer en oscuridad por un largo período de tiempo causaría
ceguera, el apóstol Juan asemeja al cristiano que odia a su hermano a alguien
que anda errante en una oscuridad que le ciega.
De
1 Juan 2:11
11 Mas el que
aborrece a su hermano, en tinieblas está, y en tinieblas anda, y no sabe a
dónde va, porque las tinieblas le han cegado.
Asimismo,
Pedro advierte que el que no cultiva los frutos cristianos, el mayor de
los cuales es el amor, está “ciego, y anda
con la mano a tientas”.
De
2 Pedro 1:6-10
6 con la ciencia
la templanza, con la templanza la paciencia, con la paciencia la piedad,
7 con la piedad el
amor fraternal, y con el amor fraternal la caridad, o amor de Dios.
8 Porque si estas
virtudes se hallan en vosotros, y van creciendo más y más, no quedará estéril y
sin fruto el conocimiento que tenéis de nuestro Señor Jesucristo.
9 Mas quien no las
tiene, está ciego, y anda con la mano a tientas, olvidando de qué manera fue
lavado de sus antiguos delitos.
10 Por tanto,
hermanos míos, esforzaos más y más y haced cuanto podáis para asegurar, o
afirmar, vuestra vocación y elección por medio de las buenas obras; porque
haciendo esto, no pecaréis jamás.
-La
fuente de tal oscuridad y ceguera espiritual es revelada como aquel que se
transforma en “ángel de luz”, “el dios de este siglo” y de la oscuridad, que ha
cegado la mente de los incrédulos para que no disciernan las buenas nuevas
acerca del Cristo:
De
Lucas 22:53
53 Aunque cada día
estaba con vosotros en el templo, nunca me habéis echado la mano; mas ésta es
la hora vuestra y el poder de las tinieblas.
De
2 Corintios 4:4
4 para esos
incrédulos cuyos entendimientos ha cegado el dios de este siglo, para que no
les alumbre la luz de la buena nueva de la gloria de Cristo, el cual es la
imagen de Dios.
De
2 Corintios 11:14,15
14 Y no es de
extrañar, pues el mismo Satanás se transforma en ángel de luz.
15 Así no es mucho
que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia o de santidad; mas
su paradero será conforme a sus obras.
***
-Comparta
ahora sus conclusiones, Herr Luis.
-Tenía
para mí sentido, por esta razón, que en la mente alegórica de Dante narrada en
Purgatorio XIII, a propósito de la confesión de Sapia, había una relación de ceguera carnal con la envidia
como proceso lustral.
-Y
¿cuál podría ser el efecto en el lector?
-La
inevitable empatía dolorosa que motive a cualquier lector identificado en el
espejo de este canto. La envidia es tan humana como divina la capacidad de
poder reconocerla en nosotros mismos.
-Y
lo comprende usted así por empatía gracias a la experiencia dolorosa de la
sufriente Sapia, quien miraba con el espíritu dentro de aquellos ojos cosidos
con alambres de hierro. ¿Es así?
-Exacto.
Para mi lectura, es la ceguera espiritual que puede limpiar a toda alma
poderosa e influyente del pecado de la envidia,
como fueron las vidas soberbias de Sapia y Saulo, redimidos ambos por gracia y
mediación para su propia salvación eterna.
-¿Podría
también ser una propia ceguera transformadora? ¿Podría tratarse de la redención
por ceguera de aquella actitud de mal que impide ver la virtud en el prójimo?
¿Es curable la tendencia de no soportar que otros posean lo que uno mismo no
posee?
-Sin
esta condición de “tormento purgatorial”, materializada en todo tipo de
disciplina que experimentamos desde niños, se nos haría imposible el poder
recibir la visión de una suerte de “halcón entrenado”.
-O
la visión trascendente del águila, la mirada del hombre espiritual que está
mejor identificado con una personalidad generosa que fundamenta esencia e
identidad con el Ser infinito en el ágape, (en latín caritas): la personalidad descrita aquí en 1 Juan 4:8,9. Bitte.
Leí
inmediatamente, siempre de Torres Amat:
8 Quien no tiene
este amor, no conoce a Dios, puesto que Dios es todo caridad, o amor.
9 En esto se
demostró la caridad de Dios hacia nosotros, en que Dios envió a su Hijo
unigénito al mundo, para que por él tengamos la vida.
-El
apóstol Pablo, otrora Saulo de Tarso, aconseja con renovada mirada lo que usted
leerá en Efesios 5:1,2.
1 Sed, pues,
imitadores de Dios, como sois sus hijos muy queridos,
2 y proceded con
amor hacia vuestros hermanos, a ejemplo de lo que Cristo nos amó, y se ofreció
a sí mismo a Dios en oblación y hostia de olor suavísimo.
-Un
noble recorrido asistido por la razón en esta segunda terraza que lo induce a
meditar en aquel proceso y en aquella generosa invitación que lo alejará para
siempre de la envidia, Herr Luis.
-Saulo,
los sacerdotes de Jerusalén y la desdichada Sapia —prosiguió Herr Rainer,
apagando con los dedos la pavesa de la vela que empezaba a parpadear—
padecieron la misma enfermedad del espíritu: la incapacidad de tolerar que el
bienestar o la virtud florezcan fuera de sus propios feudos ideológicos o de su
estatus social. La envidia, Herr Luis, mirada desde la tierra y despojada de
sus vestiduras teológicas, no es otra cosa que el síntoma más perverso del
individualismo enconado. Es el odio al progreso del otro, el deseo irracional
de que el vecino caiga en el fango para que nuestra propia medianía parezca una
cumbre.
Se
reclinó en su silla de madera y fijó su mirada en el lomo del Paraíso que
descansaba sobre la mesa.
-Usted
se asombra de esa ceguera antigua, pero si traslada esta lección a nuestra
realidad civil y a la política social contemporánea, verá que el diagnóstico
sigue vigente. ¿Qué es una sociedad corroída por la envidia colectiva y el
sectarismo sino un cuerpo social que prefiere el naufragio común antes que el
éxito del adversario? Cuando las instituciones públicas o las facciones
políticas actúan movidas por el rencor hacia el logro ajeno, las políticas de
bienestar se destruyen. Se legisla desde la mezquindad, se boicotean los
proyectos que benefician a las mayorías solo porque los propone el rival, y los
ciudadanos terminan como los sieneses en Colle, o como Sapia, celebrando la
ruina propia disfrazada de derrota enemiga. El castigo de esa ceguera civil es
el aislamiento y el atraso material.
El
señor Rainer golpeó suavemente la mesa con el índice, enfatizando cada palabra:
-Por
eso, la verdadera experiencia redentora en el plano secular no requiere de un
milagro en el camino a Damasco, Herr Luis, sino de una profunda transformación
cultural y ciudadana. La política social más elevada, ¿no es aquella que logra
curar la ceguera del prejuicio y de la competencia destructiva? Es pasar del
celo que divide a la cooperación que construye; comprender que el bienestar del
desfavorecido o el avance del conciudadano no resta valor a la existencia, sino
que expande el horizonte común.
El
viejo maestro sonrió de medio lado, uniendo las palmas de sus manos en un gesto
de absoluta lucidez secular.
-Al
final de esta comedia humana que llamamos historia,
la madurez de una sociedad se medirá por su capacidad de superar la mezquindad
del orden individual. Dante lo entendió al culminar su viaje en el último verso
del Paraíso, cuando comprendió la fuerza máxima que rige el orden universal.
Traslade usted esa visión mística al ordenamiento de las ciudades y leyes
terrenales, y verá que la conclusión es idéntica, amigo mío: no habrá justicia,
ni equidad, ni verdaderas polis,
hasta que nuestras estructuras sociales dejen de ser movidas por el odio o la
envidia del mercado y el poder, y comiencen a ser impulsadas por la solidaridad
laica y el bien común... es decir, por ese amor cívico que moverá al sol y a las demás estrellas.
-Ciegos
en ese sentido de negación y certeza de purgarnos de la envidia, como Sapia y
Saulo, alcanzaríamos la cualidad más poderosa, dominante y benéfica, la que ha
destruido imperios y doblegado almas envidiosas, Herr Rainer. Por la Luz
perpetua se nos otorga a los lectores una renovada mirada, la facultad de
vislumbrar la mejor versión de nosotros mismos, mediante el cultivo de la nueva
personalidad por gracia. Las palabras finales del poema de Dante perdurarán en
los que amamos su gran obra: "l'amor
che move il sole e l'altre stelle", "el amor que mueve el sol y las
demás estrellas" (Paraíso, XXXIII, 145).
Viernes,
02 de mayo, 2022
LS
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