Sobre la Mayordomía de las Indias: ¿una oikonomia hispanoamericana?



Sobre la Mayordomía de las Indias: ¿una oikonomia hispanoamericana?


Leí en una pared: “LA LEY PREMIA AL MÁS VIVO, AL QUE MATA CON SU AVARICIA. LA ECONOMÍA PREMIA AL QUE MANDA AL QUE VENDE A SU PUEBLO. ¿Y EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA? ¡QUE LO DÉ UN ESTADO QUE SIRVA AL PUEBLO! ¡NO A LOS RICOS! ¡JUSTICIA YA!”


Si la tierra rebosa de frutos, ¿por qué el campesino hereda deudas? 


Si los ríos arrastran minerales, ¿por qué nuestras ciudades arrastran miseria?

Hispanoamérica, ¿no es cuna del mestizaje? ¿No ha sido siempre un péndulo herido?

Atrapada entre el liberalismo que acumula en manos de unos pocos, y el estatismo que expropia repartiendo escasez, ¿con qué sueña?

Si ambos sistemas provienen de la misma matriz materialista, ¿no es entendible que ambos terminen olvidando el principio supremo de la vida?

Una tierra pluricultural, mucho antes de que las carabelas cristianas cruzaran el océano, el hombre de ultramar para esta expedición, ¿no practicaba el ayllu y la minka, aquel trabajo comunitario donde la casa se sostenía por el esfuerzo de todos?

Con la Cruz, ¿no intentó llegar acaso la consumación de esa bienintencionada intuición a través del mandato del amor fraterno y el destino universal de los bienes? 

Entonces, ¿por qué se toleró que el "Oikonomos" se convierta en una arena de gladiadores?

Si la tradición arraigó en la cruz del redentor, la propiedad privada, que no es robo, ¿cuándo se hizo derecho absoluto? ¿No recordaban los Padres de la Iglesia que “si tienes dos túnicas, una pertenece al que tiembla de frío”? La propiedad privada, ¿no lleva en sí misma una hipoteca social?

Para desarmar la “dialéctica del amo y el esclavo” que nos desangra, ¿por qué no ensayar una suerte de “economía de mayordomía fraterna”? Un sistema que no busque ni el monopolio del capital ni la dictadura del proletariado, sino la administración de la Casa Común, ¿no aliviaría la fricción de la “injusticia social”?

Todo proyecto económico, estatal o privado, ¿no debería someterse a una sola auditoría fundamental? “Esto. ¿otorga vida o quita vida”? 

Verbigracia, si una industria minera genera capital pero contamina el agua de la que bebe la comunidad, ¿quita la vida? Ergo, ¿es usura disfrazada de progreso y carece de legitimidad moral?

El terrateniente, el empresario, el campesino; ¿es dueño soberano y absoluto de la Creación.? ¿No es el humano usufructuario, inquilino de paso, y por tanto administrador de un tiempo prestado? El marco legal, ¿podría fomentar y proteger la propiedad privada y la libre iniciativa, pero condicionadas severamente a su utilidad comunitaria y a la creación de trabajo digno? El que acumula tierras para dejarlas yermas, ¿no peca contra el hambre de su hermano?

El pater familias y la mater familias, ¿no son acaso los primeros oikonomos? El Estado ¿podría sustituir a la familia? ¿No sería su noble función la de “subsidiarla” bajo el mismo criterio con condiciones favorables para su vida? ¿No se aspiraría entonces a fortalecer la microempresa familiar, la cooperativa agrícola y el gremio, protegiéndolos de la asfixia fiscal y del monopolio transnacional?

Fundir la minka nativa con el principio de subsidiariedad cristiana, ¿es factible? Lo que puede resolver y administrar el municipio o la comunidad local, ¿por qué habría de absorberlo un Estado centralista y burocrático que no conoce el rostro de sus habitantes?

¿Será la raíz del problema la usura institucionalizada? El sistema bancario hispanoamericano, ¿asfixia o no al emprendedor? Una verdadera economía cristiana pluricultural ¿fomentaría bancas de desarrollo ético, cooperativas de crédito y cajas municipales donde el interés sea mínimo, destinado solo a sostener la administración, no a parasitar el trabajo ajeno?

¿Se puede legislar la fraternidad? Quizás no. Pero ¿se puede dejar de premiar la acumulación desalmada?

Marx quiso acabar con las clases a través de la sangre y el resentimiento. Hegel justificó la historia a través del choque constante. La América hispana, conservadora y creyente, ¿no tiene acaso otra vocación? ¿La vocación de la reconciliación?

El ciudadano pudiente no debe ser destruido, ¿no debería ser convertido en mayordomo? El de escasos recursos ¿por qué no debe ser utilizado como carne de cañón revolucionaria? ¿No debería ser elevado a co-administrador, conociendo mejor que nadie la explotación de la naturaleza y sus recursos?

„Unusquisque, sicut accepit gratiam, in alterutrum illam administrantes, sicut boni dispensatores multiformis gratiae Dei“


“Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo a los otros, como buenos dispensadores de la multiforme gracia de Dios”

1 Pedro 4:10 (Scio San Miguel)


Así,

“LA RIQUEZA NO SE ACAPARA. SE COSECHA EN COMÚN. La tradición no es ceniza, sino fuego que calienta la casa para que la mesa esté servida.”


Si el mercado existe para el hombre, y no el hombre para el mercado,

Si el trabajo es un medio para vivir, y no la vida un medio para trabajar

Si la tierra tiene un Creador, y nosotros somos sus convidados,

¿No es hora de que en Hispanoamérica se deje de actuar como huérfanos que se pelean por migajas?

¿No es urgente acaso empezar a conciliar absurdas disputas como herederos que administran una casa común?

Quizás por ello, 

“Que la ley castigue al que quita la vida por su avaricia. 

Que la economía premie al que da vida con su trabajo.

Y que “el pan nuestro de cada día”, no dependa jamás del capricho de ningún amo”.


24.07.26

10 Av, 5786 

HR

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