Sobre criba y deseos selectivos






Leí en una pared: “No permitas que nadie te haga sentir que no mereces lo que deseas”.
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¿Cuanta influencia pudiera tener una voluntad ajena en las decisiones personales? 

¿No depende acaso de la apertura que usted le otorgue al opinante? Cada quien es responsable de conseguir aquellos anhelos.
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Sin embargo, al empezar, ¿qué aprendemos de las cualidades prácticas de una esponja y un tamiz? Una absorbe, asimila y la otra selecciona, discrimina. La sabiduría enseña que la criba inteligente, sensata y asistida, consistiría en equilibrar aquella esponja y tamiz.
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Puede inclinar o no la voluntad por lo más conveniente para el logro de sus anhelos y así aprender a discriminar en condiciones de madurez. Las decisiones afectivas, por ejemplo, ¿no se juzgan por sus frutos? Satisfacción compartida o mutua infelicidad, es lo que significaría una sensata o insensata selección que el tiempo develará.
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“Hijo mío, de veras presta atención a mis palabras. A mis dichos inclina tu oído. No se escapen de tus ojos. Guárdalos en medio de tu corazón. Porque son vida a los que los hallan y salud a toda su carne. Más que todo lo demás que ha de guardarse, salvaguarda tu corazón, porque procedentes de él son las fuentes de la vida”, leemos en los Proverbios 4:20-23.
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Para lograr la satisfacción plena y sensata de un deseo, por tanto, ¿no habrá que procurar ese efecto con el tamiz de la razón? ¿Evitará la inmundicia del esponjoso corazón?
Aquel afecto iluminado conseguirá el equilibrio esperado. Y así se otorgará el mérito de un sentido de logro. 

Cuando este logro le signifique buenos frutos, ¡dichosa le habrán sido todas aquellas decisiones asistidas en la búsqueda de sus más preciados anhelos!

11.02.19
06 Adar, 5779
HR

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