Sobre la santidad
Leí en una pared: “Todos somos santos cuando hablamos de los pecados de los demás”
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Cuando proferimos juicios de valor ¿no somos jueces?
Hablar de los pecados de los demás, por tanto, nos hace jueces.
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Alguien que es discreto prefiere rechazar cargos incompetentes y se proclama aprendiz: acepta consejos.
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Reconoce al adulador, a quien deja amablemente pasar; tolera palabras mordaces; es capaz de ver sabiduría en alguien menor que él. Se declara, por tanto, “docto ignorante”.
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Y en el ejercicio de aquella Docta Ignorancia, comprueba que el error es el recurso de una perpetua escuela permitida para avanzar hacia la virtud, atento a la sabiduría que, mediante aquel caminar, deberá ir descubriendo para hacerla suya y también para procurarla en otros.
Y en el ejercicio de aquella Docta Ignorancia, comprueba que el error es el recurso de una perpetua escuela permitida para avanzar hacia la virtud, atento a la sabiduría que, mediante aquel caminar, deberá ir descubriendo para hacerla suya y también para procurarla en otros.
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Luego de esta experiencia abrasiva, serán otras las voces que hablarán de santidad, no de individuo, sino de Autor y Fuente de dones.
¿No es consecuente la honra por haberse ganado todo el cariño y consideración debido a buenas obras y buena actitud en favor de ellos?
06.02.19
01 Adar, 5779
HR
01 Adar, 5779
HR

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