Sobre las huellas del tiempo






Leí en una pared: “Que nadie me arrebate las arrugas de mi frente, conseguidas a través del asombro ante la belleza de la vida...”
...

¿No nos confirma las huellas de un rostro, de corona argenta, la labor del tiempo? 

¿Devela aquella imagen de sutil distorsión la presencia de una nueva belleza?
...
El espíritu constante, renovado día a día, se delata en una mirada perpetua (porque los ojos lo reflejan y una mirada no cambia).
...
La actitud bañada en virtud ... ¡esa capacidad de asombro y aquella sonrisa festiva de niño permanece intacta!
...
Al evidenciarse, ¿no nos revela su verdadera esencia? Un espíritu en constante renovación que se vale de aquel cuerpo cansino, limitado, pero embellecido por el fuego de su luz.
...
Las prioridades, los valores son otros: discurren acordes a aquel curso inexorable. La semilla madurará, se abrirá tierra adentro, será después cáscara de otoño que se irá con la tarde y el viento, pero dejará el contenido que custodió con amor: el sustento para otra vida...

De allí el epílogo: “la verdadera belleza trascienda lo cronológico y la banal apariencia...”

13.02.19
08 Adar, 5779
HR

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