Sobre la afinidad de los complementos




Leí en una pared: “Terminarás realmente decepcionado si piensas que la gente haría lo mismo que tú harías por ellos. No todos tienen el mismo corazón que tú”.
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Lo atractivo, ¿no se da por las diferencias? 

Las igualdades se “repelen” porque no son complementarias; quizás sumen y hagan un todo homogéneo, pero permanecen desunidas (nadie tiene dos brazos derechos, por ejemplo).
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El aprecio -que precede a la sensación atractiva- ¿no se da por la percepción que uno tiene debido a la ausencia de un valor o la presencia de una novedad? 
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Cautiva al espíritu, por ejemplo, tener sobre la mano algo llamativo, diferente para la percepción: una brillosa perla, una concha exótica, una mariposa colorida.
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Así, “tener el mismo corazón” no garantiza ninguna unión.
Sí garantiza unidad, en cambio, el complemento de diferentes idealidades, gustos y expectativas que hacemos comunes, porque afines podrían ser aquellos objetivos, y estos se logran por las diferencias compartidas de dones y virtudes de cada individuo (“individuo”, unidad peculiar).
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¿Podríamos entonces hablar de afinidad? Complementos afines: la trama colorida de un hermoso telar.

Y son las diferencias afines, en temas afectivos o de amistad duradera, las que calzan perfectas en pos de un mismo objetivo al amparo y obra del amor altruista.

10.02.19
05 Adar, 5779
HR

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