Sobre la sana correspondencia afectiva




Leí en una pared: “Me cela, me controla, me revisa el celular, me humilla, me aísla, me grita, me empuja, me pega, me mata. Córtalo de raíz. Si te maltrata no te quiere”
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¿Qué es más sensato? ¿Acudir al bombero o al técnico electricista?

Los buenos hábitos de ingesta con alimentos sanos y naturales, ¿no evitan acaso los dolorosos tratamientos para enfermedades terminales?
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Por tanto, la solución a todo problema afectivo, ¿no estará en su contradicción? ¿Qué demuestran en temas de elección afirmaciones de este tipo?:
“Me cree, me respeta, me otorga el beneficio de la duda, me ensalza, me acompaña, me habla con bondad, me lleva de la mano, me acaricia, da la vida por mi...”
¿Es esto idealismo? ¿Habrán seres dignos de tales afirmaciones?
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La escuela de la contradicción enseña que sí existe el idóneo complemento afectivo, y que éste es fruto de una sabia elección, un hallazgo de virtud, del mismo modo como existe también un consecuente necio para alguien falto de razón.
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Aunque aquella pareja conviva con una suma de reiterados errores, existirá también la enmienda. 
Habrá quizás el lastimar, pero también el curar; aflorará el error, pero también el perdón. Lo importante, ¿no es la actitud de cambio inducido por la humildad y el afecto? ¿todas las acciones que busquen la paz para que ambos se procuren tranquilidad?
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Los afectos complementarios sanos se re-descubren permanentemente y se atraen por el ejercicio de la empatía, la sensata razón y el amor fraterno, que al fin y al cabo es el “vinculo perfecto de unión”.
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El dominio de todos los sentidos bajo estos dones regentes, ¿no son en gran medida fruto de este ejercicio espiritual?

La práctica de éstos los unirá eficientemente en una dichosa relación que confirmará que dejaron de ser dos para ser "una sola carne".

18.02.19
13 Adar, 5779
HR

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