Sobre el dolor fecundo






Leí en una pared: “Si es dolor lo que sientes, no es amor lo que vives: desengáñate”

Un alma que sufre, ¿no se obliga al arraigo de todo lo que le permita sustento? 

El sustento es vida y la vida un regalo que nadie sensato deja pasar.
Aquel espíritu sufrido mendigó afecto, privado quizás desde su etapa formativa. No sació plenamente la sed.
Sensible a su causa, creció fugitivo, saturado de engaño y víctima del oportunismo egoísta. Los lobos siempre al asecho emergieron de la oscuridad en busca de corderillos, sirviéndose de la desidia e irresponsabilidad egoísta de los progenitores (quizás aquellas almas sean presas también del suceso imprevisto).
No todo fue gris. La sabiduría emanó de esa necesidad de supervivencia, porque la luz de la razón le orientó para aprender del sufrimiento, las carencias afectivas y de la injusticia social.
Le otorgó oportunidad de dar fruto de todas sus reservas de afecto. Se decidió a servirse de sus propias manos. Y en ese medrar apareció el par complemento, sediento también de piedad, laborioso e ingenioso para sobrevivir.
¿No es curiosa aquella misión?

Se correspondieron hasta la muerte en sustento y abrigo; inspiraron entre otros congéneres amor altruista, piedad, indiferencia, desdén... una criba entre el genuino y falso prójimo.

Y todo, durante el breve tránsito del camino trillado de sus vidas...

30.01.19
24 Shevat, 5779

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