Sobre competencias y valoraciones de vida
Leí en una pared: “Presta constante atención a los que te ayudan a sacar lo mejor de ti y a los que te aman más allá de tus defectos. Están a tu alrededor para recordarte que tu vida importa”.
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¿Por qué vuestra vida importa?
Aquel que lo dice, ¿qué aprecia de usted?
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Algunos oportunistas buscan talentos para propósitos pecuniarios: los llaman “aguerridos prospectos ganadores”, porque enseñan a ser mejores a costa de otros y en favor de sus intereses.
Sus loas entonces, ¿qué pretenden?
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Las cosas buenas y nocivas están revueltas en el entorno, también las pasajeras y duraderas aspiraciones.
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Los elementos malos se respiran y ven con facilidad. Es fácil acostumbrarse a lo evidente, a la opinión de las multitudes, que forman parte de la necesidad humana por fuerza de la costumbre y la necesidad, la cultura de cómo vivir en un mundo donde sobrevive “el más apto”. A este perfil lo definen como “competitivo”.
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No es el caso de aquellas personas que, cual diamantes y fragancias, el común de la gente le pone precios exorbitantes por ser elementos raros.
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Para hallarlas, habrá que doblegar esfuerzos, no en dinero sino en discernimiento.
Los valores duraderos, ¿no están también en el entorno?
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Aunque evidentes en la creación, no son fácilmente discernidos:
Una puesta de sol, un amanecer, las primeras horas del canto del mirlo, el plenilunio sobre el océano... ¿Sirven de algo a partir de la contemplación?
Son utilitarios para el cultivo de la virtud y fortaleza del espíritu.
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Así,
“Preste constante atención a los que junto a usted obtienen lo mejor del entorno, los que aprecian las manifestaciones de virtud. Están a vuestro alrededor para recordarle que la vida importa”.
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Lo virtuoso evidente pasará desapercibido para el hombre temporal y carnal, pero nunca para cualquiera que aprecia y siente gratitud,
hombres y mujeres de bien, conscientes de su búsqueda y satisfacción espiritual.
30.03.19
23 Adar Bet 5779
HR
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