Sobre la enmienda a un anciano
Leí en una pared: “AÚN PUEDO HIJO. [...] Invítame a tu casa, el domingo en la mañana, a compartir tu buena mesa y sentirme acompañada…
Háblame con cariño, hijo, no me retes ni te alteres; los viejos somos como niños: nos gusta que nos mimen, nos sonrian sin desaire…
Festeja mis ocurrencias, no critiques mis locuras; trataré de ser valiente aunque surjan amarguras…
No me alejes de tu lado, no me hables con engaño; tengo aún mi mente clara, los recuerdos son de antaño…
Ven a verme a casa, hijo, yo no te pediré nada; solamente tu presencia y contemplar tu cara…
No me dejes triste y sola, no me metas a la cama; los doctores se equivocan: el dolor está en el alma”.
Háblame con cariño, hijo, no me retes ni te alteres; los viejos somos como niños: nos gusta que nos mimen, nos sonrian sin desaire…
Festeja mis ocurrencias, no critiques mis locuras; trataré de ser valiente aunque surjan amarguras…
No me alejes de tu lado, no me hables con engaño; tengo aún mi mente clara, los recuerdos son de antaño…
Ven a verme a casa, hijo, yo no te pediré nada; solamente tu presencia y contemplar tu cara…
No me dejes triste y sola, no me metas a la cama; los doctores se equivocan: el dolor está en el alma”.
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¿Qué dejan los padres envejecidos de herencia cuando llegan los días de la parálisis e impotencia?
Dignidad, compañía, oídos atentos, tolerancia, cariño fraternal...
¿Por qué la exigencia de estos requerimientos? ¿No son éstas las últimas cosas que al final de la vida se reclaman?
¿No se asemejan a los desesperados reclamos infantiles por hambre y sueño?
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Salvo que la muerte sea por suceso imprevisto, la ancianidad es la última estación que pone a prueba a cualquier espíritu sensato: devela con qué material fue labrada su prole.
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"Ahora bien, alguien puede construir sobre el fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja. Ya se verá de qué está hecha la obra de cada uno. El día lo mostrará, porque por fuego será revelada; el fuego mismo probará qué clase de obra ha hecho cada uno"
(1 Cor 3: 12,13)
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Pero la vida ¿no es experiencia que debe continuar?
De allí que aferrarse a la vida signifique negar la soledad que destruye y la indiferencia que mata, la inacción, el sentimiento de inutilidad... un reclamo a quien corresponda.
Pero la vida ¿no es experiencia que debe continuar?
De allí que aferrarse a la vida signifique negar la soledad que destruye y la indiferencia que mata, la inacción, el sentimiento de inutilidad... un reclamo a quien corresponda.
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Luego, ¿Es posible el entrenamiento?
Si los padres ya descansan en la muerte, y siente alguien que tiene una deuda de amor (la necesidad de un propósito de enmienda al haber negado afecto cuando pudo haberlo dado), existe la posibilidad de “adoptar paternidad” en la casa del olvido: cualquier asilo o cualquier envejecido en desahucio o abandono.
Luego, ¿Es posible el entrenamiento?
Si los padres ya descansan en la muerte, y siente alguien que tiene una deuda de amor (la necesidad de un propósito de enmienda al haber negado afecto cuando pudo haberlo dado), existe la posibilidad de “adoptar paternidad” en la casa del olvido: cualquier asilo o cualquier envejecido en desahucio o abandono.
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Por cariño fraternal es posible enjugar en la persona envejecida el dolor que reclama descanso y toda atención faltante que esperaba de los suyos.
También una obra de bien, una deuda impagable hacia los que fueron o no progenitores.
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Por cariño fraternal es posible enjugar en la persona envejecida el dolor que reclama descanso y toda atención faltante que esperaba de los suyos.
También una obra de bien, una deuda impagable hacia los que fueron o no progenitores.
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“Acuérdate de cuál es la duración de mi vida. ¿Acaso es totalmente en vano el que hayas creado a todos los hijos de los hombres? ¿Qué hombre físicamente capacitado hay vivo que no haya de ver la muerte?”
(Sal 48: 47-48)
“Y aun hasta la vejez y canicie, oh Elohim, no me dejes, hasta que informe acerca de tu brazo a la generación; a todos los que han de venir, acerca de tu poderío”
(Sal 71:18)
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(Sal 48: 47-48)
“Y aun hasta la vejez y canicie, oh Elohim, no me dejes, hasta que informe acerca de tu brazo a la generación; a todos los que han de venir, acerca de tu poderío”
(Sal 71:18)
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Existe, por ello, una reciprocidad divina: “a los misericordiosos se les mostrará misericordia”.
El propósito de enmienda y el obrar benigno garantiza paz y tranquilidad de conciencia para todo bienhechor desinteresado, altruista, que deja esperanza, consuelo y un buen ejemplo en los más jóvenes.
El propósito de enmienda y el obrar benigno garantiza paz y tranquilidad de conciencia para todo bienhechor desinteresado, altruista, que deja esperanza, consuelo y un buen ejemplo en los más jóvenes.
Y también un obrar de lo que uno mismo espera cuando llegue aquel día.
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Por tanto,
¿Cuál la herencia?
¿No es el amor desinteresado, la caridad que invita a la renuncia y convierte al ser egoísta en dador alegre?
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No hay palabra que describa la consecuencia de un acto hospitalario (amor al extraño), como el permitir que un anciano parta de la vida con la sensación de dejar aquello que garantizará en otros la prolongación de otras vidas y sus propios días,
Más allá de sentirse recordados, queridos, amados...
01.03.19
24 Adar, 5779
HR
24 Adar, 5779
HR

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