Sobre las consecuencias del dolor fecundo




Leí en una pared: “Hay dos tipos de dolor: uno que te lastima y el otro que te cambia”.
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¿Es posible una consecuencia feliz por efecto del mal?

La dicotomía del dolor, ¿no es percibida acaso por el efecto de su contradicción?
Dolor infecundo y dolor fecundo: agua tóxica y lustral a la vez.
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Aún quien lastima deja inconsciente lecciones amonestadoras pese a las brutales cicatrices y malestares.
Nadie que daña queda impune en vida. Las consecuencias de su irracionalidad aguzarán en él un dolor de enmienda o de muerte, quizás.
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El objeto de dolor será fortalecedor si la sensatez lo motiva a aceptar auxilio: el dolor lamentablemente ciega razones. 
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Aprenderá para él y para los suyos que el mejor camino será la contradicción de esa infame experiencia: serenidad, empatía, silencio, y quizás alejamiento por desconsideración e irracional arrebato.
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Aún el dolor fecundo, bajo la disciplina amorosa obra también como sanador. 
Duele el proceso de dejar atrás todo vestigio de orgullo arraigado en uno. 
A cambio, alivio y paz al experimentar la sensación de haber arrojado lastres durante el proceso de ser corregido bajo el rigor de la disciplina. Los resultados finales ¿no justificarán entonces aquel dolor?

Habrá buen efecto por experimentar mejores sensaciones de transformación desde una condición de necedad incontrolada durante todo el proceso de alcanzar, por efecto de aquel dolor, sabiduría práctica.

Don inesperado... ¡Y tan necesario en el camino de la corta vida, además!

26.02.19
21 Adar, 5779
HR

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