Sobre el proselitismo de la felicidad




Leí en una pared: “Yo no te puedo hacer feliz a ti y tú no me puedes hacer feliz a mi. No es la misión de nadie hacer feliz a nadie. La oportunidad de todos es encontrar la propia felicidad y luego compartirla con los demás”.
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"Encontrar la propia felicidad para luego compartirla”, ¿no es hacer feliz a otros? 

Las madres sienten una misión de amor cuando alimentan y hacen felices a sus crías nacidas y aún no nacidas. Comparten gustosas de su vida y organismo.
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Por reciprocidad, el dar, ¿no hace feliz a quien se considera infeliz?
Ayuda a sobreponerlo de esta oscura condición por el acto liberal de compartir. 
Contra su voluntad es retribuido con mucho más de lo que pueda imaginar y así es como llega a descubrir la clave de su propia dicha: en la contradicción de su imperfecta y tacaña actitud.
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Ofrecer lo que no se tiene, ¿no equivale a dar ilusión? La misión de un espíritu discreto, ¿no es procurar (si está en el poder de su mano) que los demás también gocen de la dicha de recibir para aprender a dar?
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Cierta mujer prudente le dijo a un mendigo: "te daré alimento si barres mi vereda de todas las hojas secas que encuentres". Ese día el desdichado dejo de ser mendigo. Aprendió a ganarse la vida trabajando con sus manos y enseñando a sus hijos a ser felices con el oficio de jardinero y también con otras acciones del dar.
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Después de todo, lo poco o mucho que se tenga, ¿no es consecuencia de recibir a cambio de dar una contraprestación? 
Pero la vida, ¿qué contraprestación es? Ninguna: todo fue recibido. Por tanto, todo aquel que recibe, ¿puede aprender a dar? ¿Puede imitar a ese primer dador?
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De allí el sentido noble de un don nacido de la gratitud llamado “desprendimiento”, cualidad innata en el hogar del sabio, donde todos se regocijan por la misma gracia que ellos llaman "bendición".
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Así es como el compartir lo que uno tiene a mano es fuente inagotable de felicidad (“donde uno come pan, también comen dos”).
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Por esta razón la sensata razón cuestiona: ¿es mi deseo? ¿Me conmueve sinceramente la desigualdad? ¿He sido objeto de conmiseración? ¿Qué herencia ejemplar quiero dejar a mi prole? Si enseño a un niño a cuidar con ternura e interés a su mascota, ¡con cuánta más razón al semejante que en verdad lo necesita!
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Es verdad,
Nadie pretenderá cambiar la realidad con un simple deseo ni con caridad eventual, pero sí poseer la actitud y el dominio pleno de transformar su propia inclinación de indiferencia, quizás egoísta, para hallar disfrute en la práctica generosa y anónima del dar: una acción de gratitud por el perpetuo recibir.
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Solo así, todo aspirante a ser feliz habrá encontrado un sentido y una misión de vida... 

¡Será por tanto dichoso por encontrar con estos actos su propia dicha!

23.02.19
Shabat, 18 Adar, 5779
HR

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