Sobre „la dicha de haberte conocido“




Leí en una pared: “Lo que más me gusta de la ayuda recíproca y desinteresada entre dos personas es la duda de no saber, al final, quién tuvo la suerte de conocer a quién”
...

¡Fortuna compartida!
Ambos se conocieron muy jóvenes en el ejercicio de mutua correspondencia.

Acumularon vida enriquecida y gestaron vidas en el vínculo unificador de un hogar.
...
Enfrentaron tribulaciones, cubrieron dolores vendándose mutuamente.
...
Cuando sufría el otro socorría.
Cuando hubo hambre se saciaban a la vez.
...
Ella se regocijaba, ¡él la festejaba con sobresaltos!
...
Ambos vieron llegar y partir cada retoño de retoño de vida, en obediencia al dicho: "...dejarán a su padre y madre...”
...
Ambos vieron cogidos en sus manos el fin de su juventud.
Mutuos peinaron canas, unas más grises que otras...
...
¿Diríase de ellos “idealizados”?
La realidad es que aquel cariño se cimentó en el discurrir de muchas décadas.
...
El más débil partió.
El otro un invierno más.
El último día juntos, le dejó una nota escondida entre las rosas:

“Espérame...”

04.03.19
27 Adar, 5779
HR

Comentarios

Entradas más populares de este blog

I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables

Rosa de mi sueño

Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz