V. Risotadas



V. Risotadas

“Ríen.

“Soy solo una boca que profiere para sordos oídos.

“Acostumbrados están al que balbucea penitente y no al que trona como forte de timbal sobre creyentes que solo buscan ver antes que oír, cuando aquel que apela a sus oídos busca en ellos remecer.

“¡Deberían tener oídos para ver y ojos para oír!

“Y la cultura, aquella razón de su orgullo, es lo que los distingue de los apacibles cuidadores de cabras.

“¿Apelaré entonces a su orgullo y no a las razones que niegan oír? ¿Apelaré entonces al desprecio?

“¡Apelaré entonces al desprecio para hablarles del último hombre!”

El arcano habló.

“Ha llegado la hora de que fijéis vuestra esperanza, la hora en que debéis plantar la semilla de vuestra más alta esperanza: ¡hacedlo antes que la tierra se haga baldía y que de ella no tengan para vosotros ningún frondoso árbol!

“Mirad: llega la hora en que hombre alguno dejará de tensar la cuerda del arco para lanzar las flechas anheladas más allá del hombre mismo.

“Mirad: ¡tengan caos dentro de vosotros mismos para dar a luz estrellas que tintineen ahora que el caos mora todavía dentro de vosotros!

“Mirad: llega la hora en que hombre alguno dejará de dar a luz estrellas.

“Mirad: llega la hora del más despreciable hombre, es decir, de aquel que no se desprecia a sí mismo.

“¡Mirad! os hablo del último hombre.

“De aquel que inquiere qué es el amor, qué es la creación, qué es el anhelo, qué es la estrella… y cuando inquiere parpadea.

“Sobre la tierra empequeñecida por el último hombre da saltos el último hombre, como alimaña indestructible porque es quien más vive.

“Aquellos que dice y parpadean: “os hablaremos de nuestra felicidad”

“Aquellos que abandonaron el duro vivir porque gente toda necesita calor y por amor a ellos y a causa de ellas se les  oprime.

“Pecado es quien estando enfermo es cauteloso y desconfiado. Necio por tropezar a causa de piedras y de hombres. 

“¡Cicuta para que el sueño sea placentero!
¡Mucha cicuta para el placer de aquel sueño!

“Trabajo arduo como pasatiempo sin que se nos haga daño.

“Ni pobres ni ricos, nada de molestias.

“Ni gobernantes ni sumisos gobernados, nada de molestias.

“Ningún pastor para un solo rebaño. Sois lo mismo, sois iguales. Quien así no lo sienta ¡que marche al manicomio!

“ ‘Todos antes estaba locos’, afirman los más perspicaces entre ellos mientras parpadean.

“En otro tiempo todo el mundo deliraba” - dicen los más sutiles, y parpadean.

“Los más inteligentes conocen lo que ha ocurrido. Discuten y se reconcilian para no dañar el estómago.

“¡La salud primero! Para ellos placeres moderados de día y placeres moderados de noche.

“Aquellos dicen así y parpadean: “os hablaremos de nuestra felicidad”

Calló el arcano. Y al callar cerró así su prólogo.
Y al callar el arcano vociferó la multitud de congregados:

“Ea, ¡queremos a ese último hombre, Zaratustra! ¡Haznos así como aquel último hombre para regalarte al supra - hombre!”

Rieron y vociferaron con risotadas.


Triste el arcano le hablo así y por esta causa a su corazón:

“Incomprendido soy. Soy solo boca que profiere para sordos oídos.

“Mucho tiempo en las montañas, entre arrollos y árboles. ¡Soy quien habla como un apacible cuidador de cabras para ellos!

“Mi alma apacible como el alba entre mis montañas recibe afrentas y burlonas risotadas de estos. 

“Me miran y se ríen, ¡y al reírse de mi me odian con gélida risa!”


17.08.25
LV

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