X. La sabiduría de aquel vuelo
X. La sabiduría de aquel vuelo
“¡Mis animales!”
Dijo para sí el arcano mirando al mediodía y señalando con la mirada atenta el vuelo de un águila, cuyo agudo grito despertó su atención hacia lo alto.
Cruzaba aquel ave trazando amplios círculos celestes, bajo cuyas garras una serpiente colgaba, no como una presa, sino como una amiga, enroscada ella alrededor de su cuello.
“El ave más imponente y más orgullosa debajo del sol,
“El animal más inteligente y más sabio debajo del sol,
“¿Sales a reconocer el terreno?
“Te interesa saber si Zaratustra aún vive.
“Dime tú, ¿vivo yo todavía?
“He encontrado más peligros entre los hombres que entre vosotros, los animales…
Peligrosos son todos los caminos por donde anda Zaratustra.
“¡Guíenme animales míos!”
Se acordó el arcano al decir esto de las palabras del viejo santo en el bosque. Suspiró y confesó así a su corazón:
“¡Ojalá fuera yo más inteligente! “¡Ojalá fuera yo más inteligente de verdad, como mi serpiente!
“Pido cosas imposibles: ¡pido a mi orgullo por esta causa que camine siempre junto a mi inteligencia!”
“Y si alguna vez mi inteligencia me abandonara - ¡ay que sí le gusta a ella escapar volando! - ¡que mi orgullo continúe volando junto con todas y cada una de mis locuras!”
Así comenzó el ocaso de Zaratustra.
20.08.25
LV

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