III. Prédica
III. Prédica
Convocados en el ágora por fuerte voz, el arcano gritó a todos aquellos que por ver al malabarista se congregaban allí:
“¡Os enseño al supra – hombre! Vosotros, meros hombres, tendrán que superarlo.
“Lo consabido y creado para vosotros, eso “superior” que habéis recreado, es afán de animal que intenta superar al hombre, el vergonzoso mono, el primigenio gusano que aspira a ser hombre… ¿no veis que aún sois monos y gusanos? Vuestro más preclaro sabio, ¡tan solo una planta fantasmal es!
“¡Os enseño al supra – hombre!: el verdadero sentido de la tierra y no aquella esperanza supraterrenal. Despreciáis la vida con cicuta que convidan y que ustedes mismos prueban para desaparecer con vuestras víctimas condenadas. Los asesinos perecen así junto a quien anuncia un obituario -a su propio Dios- olvidando para sí mismos la condena por el mayor delito: el deicidio. Pero no sospechan lo más terrible: ¡intentar atentar contra la tierra!
“En la reyerta del alma contra el cuerpo, aquella desprecia al cuerpo para irse por fin de aquel cobijo y a la vez de la tierra. Pero aquella alma se hace por esta misma causa despreciada. Vean: en el espejo de vuestras almas, ¿no la veis a ella pobre y sucia? ¡Solo el ponto entero os limpiaría plenamente! ¡El supra – hombre que os enseño es ese ponto que podría limpiar por fin todas vuestras miserias plenamente!
“Cuando así suceda habrá llegado el tiempo del gran desprecio. Nauseabunda será en aquella hora vuestra razón y vuestra virtud atesorada.
“Dirán en aquella hora: ‘mi felicidad, pobre y sucia no justifica mi existir’
“Dirán en aquella hora: ‘mi razón, pobre y sucia, tan solo un lamentable existir, no está a la altura de un león cazador’
“Dirán en aquella hora: ‘mi virtud… no me enfurece porque es pobre y sucia e intenta persuadirme sobre el bien y sobre el mal. Ella es tan solo un lamentable existir’
“Dirán en aquella hora: ‘mi justicia… no es un rojo vivo candente’
“Dirán en aquella hora: ‘mi compasión… ¿no es acaso aquella cruz donde clavo yo al semejante? La mía, hombres humanos, ¡no es esa crucifixión!’
“Aspiro a escucharlos gritar como yo. ¿Qué es realmente lo que en vosotros clama al cielo? ¿Será vuestros propios pecados? No: ¡es vuestra mezquina moderación lo que clama como pecado al cielo!
“Os falta el rayo que los haga dementes, ¡hombres humanos que aspiran a sabios!”
“¡Os enseño al supra – hombre!: ¡el rayo demente que los haría a vosotros dementes, oh hombres humanos!”
Calló el arcano.
“Suficiente con tus palabras malabarista, ¡calla y actúa ya!”
Y entre burlonas risotadas, en medio del ágora, asomóse presto el verdadero malabarista para actuar.
15.08.25
De “El ocaso del arcano”
LV

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