II. Descenso



II. Descenso

-“No es como mis ramas: ¡se ha transformado!” ¿Qué pretendes aqui como incendiario, dime tú? ¿Por qué osas inquietar a los que duermen? ¿No prefieres el ponto para navegar antes que arrastrarte tú mismo sobre tierra seca como serpiente?”

-“¿Acaso, viejo, no percibes que amo a los hombres?”

-“¿Acaso, niño, no percibes que amo a Dios? Amé también a los hombres y me hastié de su imperfección. ¿Por qué crees que hoy me deleito sólo en el bosque?

-“Pero te hastiaste de hombres con las manos vacías, viejo. No les llevaste un regalo como pretendo yo.

-“¡Inútil empresa! Quítales y llévate lo que mejor a ti te plazca a cuestas, allá en lo alto donde depositabas cenizas!. ¡Que ellos no mendiguen con tus limosnas antes que lo intenten de tus abundancias inmerecidas!”

-“Doy abundancias y no pobrezas”

-“No sabes nada del hombre desconfiado, Zaratustra. Terminarás cargando de retorno tus riquezas. Serás para ellos un vil ladrón, el fisgón que inquieta de noche en duermevela. Te puedo enseñar a ser oso entre osos y aves entre aves: entre mis osos y mis aves”

-“¿Para qué?”

-“Para alabar a Dios entre gruñidos y cantos”

Meneadas las cabezas, el viejo y el niño se distanciaron riendo para sus adentros antes de obsequiarse o quitarse cosa alguna.

-“¡Es una lástima que nadie le haya alcanzado al pobre viejo el obituario de Dios!”

14.08.25
De “El ocaso del arcano”
LV

Comentarios

Entradas más populares de este blog

I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables

Rosa de mi sueño

Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz