Elucubraciones I. Sobre el SER y la consciencia finita de lo infinito.
Elucubraciones I. Sobre el SER y la consciencia finita de lo infinito.
-Alejado por un instante de proposiciones y supuestos de verdad, Herr Rainer, me he entregado al feliz acopio de frases y citas inspiradoras que me sirven de combustible para inspirarme y procurar terminar lo que quiero empezar. Alguna vez hablamos de la bondad del ser selectivo, del arte de cribar las ideas y dejar que éstas tomen forma por la experiencia y observación, además de considerar seriamente lo que nuestros antecesores, los más respetables pensadores, han escrito sobre este inacabable mundo de las ideas. El gran problema es ¿y por dónde empezar?
-Me imagino que vuestro acopio de citas y frases célebres le ocupan muchísimas hojas en todos estos años que le tienen entretenido en este afán, ¿es así?
-Muchos manuscritos, servilletas, cuadernos cuadriculados para efectos de gráficas, hojas en blanco de los textos que leo… en fin, cualquier espacio en blanco que encuentro cuando necesito apuntar algo que me ha asombrado y despertado la curiosidad de pronto.
-¿Podría usted ilustrármelo?
- Véalo usted aquí mismo.
Rebusqué con fruición una libreta de notas, un pequeño cuaderno empastado destinado a “libreta topográfica” que convertí en “apuntes de paso” (así lo rotulé) y, con la emoción de un mozo que muestra a su profesor la tarea para ser calificada, leí señalando con mi índice derecho: “Primero: no admitir jamás nada por verdadero que no conociera que evidentemente sea tal; no abarcar en mis juicios nada que no hubiera ocasión de ponerlo en duda. Segundo, dividir cada dificultad en tantas partes como fuera posible para examinarla. Tercero, conducir en orden mis pensamientos, iniciando de los más sencillos hasta el conocimiento de los más compuestos. Cuarto, elaborar enumeraciones completas y revisiones generales sin omitir nada”.
-¿Cuáles son los créditos para esta traducción del “¿Discurso del Método”, bitte?
Buscando en mis apuntes, leí: “Traducción de J. Rovira Armengol, Editorial Losada, Buenos Aires, octava edición, 1972.
-¿Qué desea obtener con estas ideas en lo particular?
-Me llamó la atención el método con el cual se pudo revolucionar el pensamiento escolástico.
-Interesante. Como estos debe haber cientos en vuestro haber, ¿verdad?
-Así es. Son testimonios de lecturas fecundas a los que debo dar forma como un ejercicio de experiencia intelectual propia.
-Sobre esto, ¿no han escrito ya los autores? Me parece que hay también otros asuntos que son así de relevantes, a los que usted podría prestar vivo interés.
-Apreciaré su consejo. ¿Por dónde empiezo? ¿Por dónde inicio?
-¿Qué persigue con todo este afán? Intente una respuesta que no sea apresurada ahora mismo.
Meditando en silencio y con la mirada perdida en el piso de madera del recinto que nos cobijaba en Villa Filomena, rebusqué intencionalidad hacia mis adentros, preocupado porque los segundos avanzaban sin tener claridad de intención. Ante un pequeño indicio de responderle, mi interlocutor me hizo un gesto con la palma derecha de la mano, indicándome que no me apresurara a una respuesta, porque de haberla dado me habría delatado como un acopiador de novedades que carecía de propósito alguno. En mi pausada respiración y mi forzada introspección vino de pronto la claridad: estaba seguro de querer escribir algo propio, algo que sea fruto de lectura y meditación para darme a mí mismo la certeza por mis convicciones y materializar en propósito digno este cúmulo de frases, aforismos y versos escritos de puño y letra por mi persona.
-Intento ser auténtico en mi forma de pensar, a partir de cuestionamientos y experiencias ajenas.
-Danke. Mientras usted cavilaba para sus adentros, recordaba esta frase lumínica del viejo rey Salomón. Léala, bitte.
Puso sobre mi mano un librito abierto que identifiqué rápidamente con una versión bíblica que solía tener a mano el señor Rainer para este tipo de disquisiciones: Francesca y Solé. Leí:
“Guárdate, hijo mío, de hacer más allá de esto; componer muchos libros es cosa sin fin, y demasiado estudio fatiga al cuerpo”. Eclesiastés 12:12.
Cerrando inconscientemente el librito sobre mi mano derecha que la había recibido, fui invadido por los pensamientos más desalentadores en aquel instante. Mi perplejidad, creo, se hizo evidente.
-Mucho de verdad hay en estas palabras para alguien que lo tuvo todo, Herr Rainer. ¿Quién podría objetar al rey Salomón?
-Mucha inquietud hay, y también despropósito en todo aquel que, por mirar hacia afuera descuida sus adentros, Herr Luis.
Creyendo adivinar la intención de sus palabras me adelanté a decirle con aire revanchista:
-Pero la multitud de todos estos pensamientos me inspiran el grato afán de cribar, comparar y clasificar como sugiere el “método”; de este trabajo surgirán tesoros descubiertos, perlas de gran valor para mis adentros; muchas de estas propuestas me han llevado a soluciones y caminos inexplorados, esos senderos que otros ya encontraron para continuarlos.
-¿Qué entiende usted por “elucubración”?
-Mirar hacia adentro, para uno mismo, en meditación profunda.
Trajo hasta mí un antiguo diccionario castellano de etimología. Leí allí donde me lo indicó:
“…"Elucubración", del latín elucubrare: "redactar a la luz de una vela", derivado de ex (hacia afuera) y lux (luz). La palabra describe la acción de reflexionar intensamente, a menudo sin fundamento, resultado de cavilar durante largas horas, como si se trabajara a la luz de una lámpara. La raíz se remonta al verbo latino elucubrare. Ex-: Prefijo latino que significa "hacia afuera". Lux: "luz". -brum: Sufijo latino que indica "instrumento", en referencia a la lámpara de luz. Evolución del significado: Originalmente, significaba trabajar de noche usando una lámpara. Con el tiempo, evolucionó para referirse a la reflexión excesiva y, a menudo, infundada, como la que se realiza en largas vigilias”.
Dejé de leer para darme cuenta de algo que había obviado: una velita encendida sobre la única mesa alrededor de la cual la oscuridad y nosotros éramos los únicos actores en escena.
-Mucha inquietud hay, y también despropósito en todo aquel que por mirar hacia afuera descuida sus adentros, Herr Luis.
Alcé la mirada y observaba a mi interlocutor cómo tomaba con delicadeza del asa de aquel pequeño candelabro de bronce, para posarla nuevamente sobre la mesa. Me dijo:
-Mire hacia adentro primero, Herr Luis. Tiene a la oscuridad por aliada. Despreocúpese, que lo demás se dará a conocer al amanecer. Limítese a elucubrar antes que a clasificar. Hallará felices coincidencias en esos apuntes que dejarán de serle ajenos. Hablemos, por ejemplo, del ser: qué es el SER y la consciencia finita que despierta para hablar de un Todo infinito, sin nominarlo ni categorizarlo.
-El ser es el principio de todo. Hablar del ser es tratar de la consciencia humana y sus facultades para hacerse en este mundo con identidad y propósito.
-Bitte.
Me dejó el mismo diccionario etimológico sobre la mesa y busqué bajo “SER”. Sin duda nos adentrábamos a un tema que requerirá de mi introspección a la cual fui invitado con generosidad.
“Ser", del latín esse, que significa "existir". Sin embargo, también deriva del latín sedere ("estar sentado"), y esta dualidad de origen explica en parte su complejidad y las irregularidades en sus conjugaciones. De esse proceden la mayoría de las conjugaciones del presente y del pretérito indefinido, mientras que sedere es la fuente de verbos como seer (castellano antiguo), que se relaciona con el "ser" actual. Origen de la palabra: Esse: Verbo latino principal para "ser" y "existir"; Sedere: Verbo latino que significa "estar sentado". Seer: Verbo del castellano antiguo que viene de sedere, y al que se asocia el verbo actual "ser". Relación con "estar". El verbo "estar" proviene del latín stare, que significa "estar de pie". Mientras "ser" se relaciona más con la esencia o existencia fundamental (esse), "estar" se vincula con un estado o posición temporal (stare). Esta diferenciación se originó a partir de la existencia de dos verbos latinos distintos, uno para la existencia (esse) y otro para la permanencia o posición (stare).
-El ser, por tanto, ¿es la consciencia permanente de un existir para SER?
-Sin duda alguna. Para existir.
-El no ser, ¿qué es entonces?
-El opuesto, el imaginario negado de aquel ser que se ve en la escena denominada “existencia”.
-Es decir, ¿será aquel vacío de oposición que usted menciona la oportunidad de reconocer el propio origen en aquel existir percibido de un supuesto consciente y absoluto denominado “nada”?
-El “no ser” retorna a su origen, es verdad. Toma consciencia de que algo ES, porque existe, proviene del NO SER así elucubrado.
-La existencia es entonces la condición primaria del despertar de aquel Ser que elucubra una realidad en sus inicios. La posibilidad de Ser en el cosmos es entonces posible y también debido a un devenir percibido y aceptado por certeza sensible.
-¿Todo lo percibido tuvo un origen entonces?
-Piense usted cuándo se da aquel origen, ¿porque otro se lo dijeron o porque lo pensó elucubrando para sus adentros?
-La idea de “ser” y “no ser” tiene origen en el instante percibido.
-La nada, ¿será entonces lo impensado, lo no articulado e inimaginado?
-Visto desde la perspectiva de quien lo piensa, mientras lo piensa hay algo, pero nomina “nada” a un supuesto inexistente que subyace en lo no pensado.
-Siendo que la nada es elucubrada en un imaginario finito, es el principio, el inicio del ser que se permite la comprensión de la existencia de todo por el método de los opuestos, ¿no lo cree usted?
-Asombroso, es verdad. Para hurgar en la nada hay que imaginar esa fosa oscura sin fondo…
-La existencia, ¿hace posible entonces la toma de consciencia de que es posible concebir presencia y su opuesto, la no presencia en el cosmos?
-Sin duda.
-Dicha presencia entonces en el consciente del “ser pensante” es devenir del Ser.
-Existimos para elucubrar al SER, quien sentado, se faculta para verse como SER.
-Vamos bien hasta acá. ¿Qué rol juegan los sentidos del SER pensante?
- Darse cuenta de sus percepciones en la vigilia, cuando las circunstancias lo inducen a elucubrar.
-Perfecto. El cosmos es percibido por los sentidos que facultan para percibir y elucubrar con la mente. ¿Es así?
-Naturalmente. Sin las facultades sensoriales no puede coordinar en un sistema de ideas lógicas toda la variedad caótica que lo rodea.
-La mente como facultad humana, ¿con qué propósito hace posible la creación de las ideas?
-La compresión de su presencia en el cosmos, es decir saberse actor con propósito en la escena del mundo.
-Sobre la cual se auto-percibirá como Ser categórico, ¿no lo cree?
-Claro que sí. Al facultar ideas por cosas percibidas, él mismo es parte de aquellas cosas materiales.
-Muy bien. Las ideas del ser se definen en “conceptos” o categorías ontológicas que son acopios de ideas generadas en el imaginario finito en proceso y constante cambio, según lo percibido. ¿Qué ocurre cuando compara sus elucubraciones con otros seres perceptibles como él?
-La afinidad de ideas, más allá de que sean coincidencias, le dará cierto grado de certeza, sin duda.
-Por la palabra hablada y por la escritura, el ser, ¿no define conceptos o variables de opinión finitas sujetas a cambio y evolución? Y por qué no también a cambios de involución. ¿Lo cree así?
-La opinión expuesta para otros inquieta por curiosidad y novedad para que haya un intercambio de opiniones sobre una misma cuestión.
-Ergo, todo ser pensante, ¿demuestra ser un ente peculiar cuando se somete a esta experiencia? ¿O es masivamente análogo con otros cuando se dan estos ejercicios para entrenar facultades?
-Nadie puede coincidir en las ideas en sumo grado, pero sí en una que otra feliz coincidencia.
-Muy bien. Entonces, ¿a qué llamaría usted “evolución”?
-Progreso, crecimiento, transformación (dije esto último pensando en las mariposas y su metamorfosis).
-Véalo con cuidado. La evolución, ¿será un concepto imaginado del ser para definir la idea de desarrollo, crecimiento o evidencia de cambio en los procesos naturales del devenir? Piense en vuestra ilustración: la mariposa.
-Pensé en ella cuando propuse la metamorfosis de una oruga en crisálida.
-La involución entonces, ¿será su opuesto imaginado?
-Por supuesto. Si hay evolución, el proceso inverso es también un fenómeno real.
-Entonces, si se admiten realidades en el imaginario y opuestos, ¿qué es el Todo?
-Difícil definirlo, Herr Rainer. Me imagino que es lo que contiene todo: el vaso en su total dimensión conteniendo toda el agua.
-Pero algo contiene también a vuestro vaso, y véalo usted mismo: el entorno, usted mismo y vuestra idea de “contener algo”.
-Pero entonces jamás llegaremos al origen…
-Por la consciencia finita del ser se llega al concepto del “Todo”, el conjunto universal y omni-abarcante con todos sus elementos, que son las partes que componen la totalidad imaginada de aquel pensante ser, ¿no lo cree?
-Hablamos entonces del origen inconmensurable e inimaginado…
-Los elementos del Todo son aquello que contiene la totalidad del cosmos que limita el propio devenir del ser, porque ¿no acabamos de concluir que el agua es contenida por el vaso? Entonces, la idea finita de contener algo es un paralelo infinito para algo que lo contiene todo. ¿Cómo lo llamaría usted?
-Sería para mí el Todo que lo contiene todo.
-Hablamos entonces de un origen imaginado. Por tanto, ¿qué sí es y qué no es?
-Lo que decidimos imaginar, Herr Rainer. Creo que la respuesta la tiene quien mejor describa su imaginación en este campo.
-Véalo así. Lo que “es” y “no es”, ¿no son conceptos finitos imaginados del ser que se nutre de la comprensión por el recurso de los opuestos que conviven con su propio devenir? ¿Cómo describe un niño su mundo? Piénselo. Mejor dicho, recuérdelo.
-Para un niño su mundo es mamá, papá, sus juguetes, su cuna, la leche y sus necesidades.
-Y el devenir de aquella criatura, ¿transformará sus percepciones?
-Por supuesto, y será un continuo cambio de opinión a medida que sus certezas lo defrauden en el camino de su búsqueda.
-Excelente. De adulto el recurso será elucubrar a partir de los opuestos, ¿no lo cree? El opuesto es el recurso del ser para la comprensión natural de cada uno de los elementos y categorías de cosas y fenómenos en el cosmos. Entonces, ¿será el cosmos el escenario que lo sensibilizará como aquel que despierta de este modo su consciencia? Aquel escenario es por ello un devenir de continuo aprendizaje que se asemeja a un espiral infinito.
-Ya lo veo. La consciencia humana es finita, pues tiene origen y fin. El despertar a la consciencia es un proceso de evolución paralelo al desarrollo corpóreo que tendrá fin en la muerte del pensamiento.
-Gut. Por aquella consciencia finita del ser, facultado para elucubrar, llega al concepto de “infinito”, ¿dónde usted se lo imagina?
-En sus orígenes ignotos.
-El infinito inconmensurable, incomprensible, es la idea remota de un ser generador, de un principio de diseño y creación que es concebido y aceptado por el imaginario del ser consciente y finito. Si él mismo se faculta como artesano de madera, y su oficio es darle forma a los troncos que ha cortado en el campo para “transformarlo” en objetos utilitarios, ¿cómo cree que se auto-percibe?
-Como maestro artesano, un bienhechor de cosas utilitarias.
-Y cuando preguntan por el origen de dicho objeto, como una buena obra de artesanía por sus acabados, estando ya muerto, ¿qué dirían como testimonio de parte los que lo conocieron?
-“El origen de esto fue hechura de fulano de tal, maestro artesano, quien hacía de los troncos del campo muebles finos”
-Excelente. Entonces ¿es imposible hablar de los orígenes?
-Entiendo que no, aunque no sepamos cómo se llamaba y dónde vivía aquel artesano. Lo atribuiremos a un “maestro artesano”.
-Así es. Por tanto, ¿considera usted que la “infinitud” como concepto para un ser limitado signifique que lo abarcará todo?
-He allí el desafío: hurgar en el ignoto origen de todo.
-Utilizando las facultades limitadas no deja de ser difícil, salvo que vuestra imaginación lo faculte a posibles certezas que comprobará en las cosas hechas, como el mueble de un artesano ya fallecido.
-Somos tan limitados en ese sentido.
-Los conceptos de tiempo y espacio son los elementos de comprensión limitada del ser. Entender la infinitud bajo esos parámetros mensurables lo dificulta, Herr Luis. Piense en la posibilidad de que el devenir sea el escenario imaginado de vuestro existir, donde el ser y la nada conviven en la consciencia de lo finito, por todo lo que hemos analizado hasta acá.
-Lo finito, por tanto, está sujeto a una existencia limitada y corpórea bajo las leyes naturales regidas por el espacio- tiempo. ¿Será así?
-Usted lo acaba de decir. Espacio es el límite de la extensión dinámica del ser consciente de sus limitaciones mentales, pese a que la infinitud es posible en su imaginación despojada de factores mensurables.
-Tiempo entonces es un factor limitante…
-Tiempo es el límite de aquella extensión dinámica medida en el transcurso de dos acontecimientos o sucesos recordados por usted mismo. Un lapso entre un suceso y otro, ¿no lo cree?
-Tiempo es un recurso finito. Claro que sí.
-Tiempo es un recurso de la razón dado en presente continuo.
-El presente continuo es entonces el devenir donde se recrea el imaginado pasado y el imaginado futuro, denominados “recuerdo invocado” y “proyección imaginada”.
-Véalo usted así, todo el devenir se dará como una suma de actos en el presente continuo y no en los espacios imaginados que son aquellos recursos finitos del “recuerdo” y “proyección”.
-La consciencia, la mía propia es sensible al entorno inmediato y al proceso de vida de mi propio ser en esto que alguna vez usted me lo señaló como “presente continuo”.
-Todos los posibles elementos que determina el ser dentro del devenir son traídos al presente continuo como recursos imaginados del recuerdo.
-Sin el recuerdo no podríamos reconstruir lo ya vivido, es verdad.
-El recuerdo o “memoria” es así un recurso del ser para comprender las causas y sus efectos, por las cuales vive en dinámica constante. Le estoy agradecido, Herr Rainer. Me acaba de ilustrar usted el valor de la elucubración. Debo convencerme que, con este recurso puedo mirar con autoridad hacia afuera, mediante una lectura precozmente critica hasta darle forma a mis propias convicciones.
-Hasta que usted se convenza de que todas vuestras certezas serán siempre temporales, Herr Luis. Le dará usted el valor de “verdadero” o “falso” a todo aquello que vuestra comprobación lo convenza de que en realidad es así, porque usted así lo vivió y experimentó desde las entrañas de vuestra oscuridad que busca aquella luz pequeña que todo lo puede finalmente iluminar.
15.11.25
23 Jeshvan, 5786
LV
LV

Comentarios
Publicar un comentario