Sobre dignidad y honra heredada
Leí en una pared: “Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más. [...] El me respondió: ‘Es una caridad envuelta en dignidad, hija mía’...”
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La dignidad, ¿no es un preciado regalo inspirado en el cariño y el aprecio?
La creación dignifica al otorgar medios para hacer valer a todo ser vivo. Quien recibe es digno de recibir, porque la vida ¿no otorga igual oportunidad a todos? La creación es así la razón de aquellos dignos, sin distinción.
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Quien recibió por actos generosos aprende a valorar y desarrolla así sentido de valoración.
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El sentido de valía lo inclina a corresponder responsable, serio y con respeto hacia sí mismo y después hacia los demás. De allí que comprenda el significado equilibrado del amor propio ligado al amor e interés por los demás.
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Comprender el valor de algo o de alguien le da razones para censurar actitudes que humillan, es decir ofensas que podrían mellar orgullo u honor por reflejarse en palabras o conductas irreflexivas como un ser degradado.
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Quien agrede quizás olvida o ignora que también comparte oportunidades y medios generosos para el disfrute de vida con el objeto de su desanfado.
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Aquel que se valora se procura respeto por actitud y hechos. Sus objetos de bienestar le otorgan gustosos estima y honra, porque aquel también ha compartido generoso de lo que le pertenece y sin escatimar costos.
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¿Podemos afirmar entonces que la honra se procura por legado de actitud y ejemplo? ¿Es una virtud recibida por herencia?
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Dignidad es así majestad, gloria y honor otorgada y reconocida con sinceridad y certeza, asimilada por enseñanza y conducta. Todo ser vivo, ¿no tiene acaso oportunidad de poseerla?
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Los padres otorgan dignidad cuando amorosos cuidan de sus más pequeños procurándoles rico y abundante alimento, abrigo, disciplina, tiempo y enseñanza, como la creación hace, como sus progenitores quizás también hicieron. Sus hijos son para ellos de valor incalculable.
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Dignidad es así majestad, gloria y honor otorgada y reconocida con sinceridad y certeza, asimilada por enseñanza y conducta. Todo ser vivo, ¿no tiene acaso oportunidad de poseerla?
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Los padres otorgan dignidad cuando amorosos cuidan de sus más pequeños procurándoles rico y abundante alimento, abrigo, disciplina, tiempo y enseñanza, como la creación hace, como sus progenitores quizás también hicieron. Sus hijos son para ellos de valor incalculable.
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Los esposos se otorgan dignidad cuando amorosos se demuestran afecto y procuran satisfacer altruistas las necesidades mutuas, otorgándose bienestar y protección según sus requerimientos. Ambos se consieran de valor incalculable.
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Los abuelos la enseñan y recomiendan con el ejemplo.
Los conciudadanos de bien se procuran dignidad debido al afán de corresponderse con mutuo respeto. Así, la sana convivencia en comunidad tolera cualesquier diferencia de variada índole. Se valoran y lo demuestran.
Los conciudadanos de bien se procuran dignidad debido al afán de corresponderse con mutuo respeto. Así, la sana convivencia en comunidad tolera cualesquier diferencia de variada índole. Se valoran y lo demuestran.
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La honra, tan merecida y anhelada, ¿por qué entonces negarla?
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“Y algo más he visto bajo el sol: que los veloces no siempre ganan la carrera, ni los poderosos ganan siempre la batalla, ni los sabios tienen siempre alimento, ni los inteligentes tienen siempre riquezas, ni siempre les va bien a los que tienen conocimiento, ya que a todos les llega algún mal momento y algún suceso imprevisto.
La honra, tan merecida y anhelada, ¿por qué entonces negarla?
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“Y algo más he visto bajo el sol: que los veloces no siempre ganan la carrera, ni los poderosos ganan siempre la batalla, ni los sabios tienen siempre alimento, ni los inteligentes tienen siempre riquezas, ni siempre les va bien a los que tienen conocimiento, ya que a todos les llega algún mal momento y algún suceso imprevisto.
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“Y es que el hombre no sabe su hora. Así como los peces son capturados en una red mortal y los pájaros en una trampa, los hijos de los hombres son atrapados en un tiempo de desastre, cuando este les llega de repente”
(Ecle 9:11,12)
“Y es que el hombre no sabe su hora. Así como los peces son capturados en una red mortal y los pájaros en una trampa, los hijos de los hombres son atrapados en un tiempo de desastre, cuando este les llega de repente”
(Ecle 9:11,12)
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¿Tiempo de honra? ¿Tiempo de ser auxiliado? ¡Sucesos inevitables! Cuando la adversidad llega, ¿quién es digno de ayuda?
¿Tiempo de honra? ¿Tiempo de ser auxiliado? ¡Sucesos inevitables! Cuando la adversidad llega, ¿quién es digno de ayuda?
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El prudente y modesto que no exigió gloria, pero que la procuró para otros, ¿no sería también objeto de atentos auxilios durante el día malo? ¡Quienes lo conocen le procurarán una inesperada cosecha de su propia siembra!
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“Además, observé bajo el sol un ejemplo de sabiduría que me impresionó.
“Había una ciudad pequeña con pocos hombres. Y un rey poderoso se dirigió contra ella; la cercó levantando impresionantes estructuras de asedio.
“Se encontraba allí un hombre pobre pero sabio, y él salvó a la ciudad con su sabiduría. Sin embargo, luego nadie se acordó de aquel hombre pobre.
“Y me dije a mí mismo: “La sabiduría es mejor que la fuerza; aun así, la sabiduría del pobre se desprecia y no se hace caso de sus palabras”.
“Es mejor hacer caso de las calmadas palabras del sabio que de los gritos del que gobierna entre los tontos.
“La sabiduría es mejor que las armas de guerra, pero un solo pecador puede destruir mucho bien”.
(Ecle 9:13-18)
El prudente y modesto que no exigió gloria, pero que la procuró para otros, ¿no sería también objeto de atentos auxilios durante el día malo? ¡Quienes lo conocen le procurarán una inesperada cosecha de su propia siembra!
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“Además, observé bajo el sol un ejemplo de sabiduría que me impresionó.
“Había una ciudad pequeña con pocos hombres. Y un rey poderoso se dirigió contra ella; la cercó levantando impresionantes estructuras de asedio.
“Se encontraba allí un hombre pobre pero sabio, y él salvó a la ciudad con su sabiduría. Sin embargo, luego nadie se acordó de aquel hombre pobre.
“Y me dije a mí mismo: “La sabiduría es mejor que la fuerza; aun así, la sabiduría del pobre se desprecia y no se hace caso de sus palabras”.
“Es mejor hacer caso de las calmadas palabras del sabio que de los gritos del que gobierna entre los tontos.
“La sabiduría es mejor que las armas de guerra, pero un solo pecador puede destruir mucho bien”.
(Ecle 9:13-18)
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Los necios pisotean la dignidad ajena pero la reclaman porque también la necesitan.
Los necios se enseñorean de poder y cavan así sus propias tumbas.
Los necios pisotean la dignidad ajena pero la reclaman porque también la necesitan.
Los necios se enseñorean de poder y cavan así sus propias tumbas.
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La vanagloria de sus éxitos es efímera y tan volátil como el rastrojo en tiempos de trilla.
Nada se llevarán a su tumba, ni siquiera el recuerdo.
La vanagloria de sus éxitos es efímera y tan volátil como el rastrojo en tiempos de trilla.
Nada se llevarán a su tumba, ni siquiera el recuerdo.
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De esta forma,
“Cuando mi padre compraba productos simples a los más pobres a precios altos, aunque no los necesitaba y les pagaba más, lo que hacía era encargar en mis manos una caridad envuelta en dignidad para darla a los demás, en especial a los que no reciben honra.
“Cuando mi padre compraba productos simples a los más pobres a precios altos, aunque no los necesitaba y les pagaba más, lo que hacía era encargar en mis manos una caridad envuelta en dignidad para darla a los demás, en especial a los que no reciben honra.
Ahora lo hago contigo, hija mía”
17.08.2019
Shabat, 16 Ab, 5779
HR
Shabat, 16 Ab, 5779
HR
Dario Silva Filstein, Gracias

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