Sobre precios y valoraciones




Leí en una pared: "El mundo está al revés. Las personas saben el precio de todo, pero no saben el valor de nada"
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¿En virtud de qué vale la pena saber el precio de todo?
¿En virtud de qué vale la pena reconocer el valor de algo?

Saber el precio de todo, ¿no suena a falacia? ¿Quién posee esa potestad?
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En el mejor de los casos, podría leerse como una hipérbole que señala a quien oficia de perito cotizador o recaudador de dinero.
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Quizás apunte también al oficio de cotizarlo todo en función a valoraciones volátiles y especulativas referenciales, transacciones de cambio que llaman "valor nominal".
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El precio, ¿no es en resumidas cuentas el pago, la recompensa para obtener algo clasificado como "bienes y servicios"? ¿No es el valor real de la suma de inversión de esfuerzo, desgaste y tiempo para
obtener algo en contraprestación
?
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Por esta razón todo servicio es cotizable y ofertado. La inversión aquí es por el talento, habilidad y singularidad diferenciada, llamada "competitiva".
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En aquellas sociedades donde se prefirió abolir la paridad de un valor material denominado "fijo" como el oro a cambio de otros valores volátiles y con fines especulativos, el valor material de las cosas se prestó a la usura desenfrenada. El valor aquí es referencial y se juega en el denominado Mercado de Valores.
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Y el afán de un cotizador profesional o broker en este marco, ¿no es acaso la competencia y especulación de medios para utilidad y beneficio inmediato?
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De esta forma, los mecanismos de precio, oferta y demanda le sirven de herramienta para fines de negocio cuantioso. Creado este ciclo, el mercado se convierte en el templo de sus afanes, porque vive de las necesidades básicas y colectivas puestas en una ruleta.
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Tan valorada están las adquisiciones que también se denomina "precio" a lo que se pierde o se sufre a cambio de obtener otra cosa. ¿No dice mucho del criterio popular sobre valoraciones? ¿No fue la denominada "plusvalía" la teoría del excedente monetario obtenido por esfuerzo humano que lucha por justipreciar una producción entregada a explotación y usura?
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¿Cuál es la razón por la cual se determina un valor sobre una posesión material utilizando dinero?
Sin este invento ideado para cuantificar y nominar precio, el trueque sería una transacción complicada en el intercambio de bienes que demanda una moderna sociedad consumista y utilitaria.
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Podría decirse entonces que los afanes y las riquezas materiales se han "condensado" en el summum de lo que hoy se maneja como los manipulables papeles billete y monedas, a cambio de no trasladar toros para trocarlos por sacos de cereales. Todas las cotizaciones de bienes, ¿no son por tanto tangibles?
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De allí que alguien haya afirmado que "quien no sepa el valor real de nada" se afana con ciega avidez.
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"El que ama el dinero nunca estará satisfecho con su dinero, ni el que ama la riqueza, con sus ingresos. Eso también es en vano" (Ecle 5:10).
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Luego, concluyamos que las posesiones materiales son afanes necesarios, prescindibles y perecibles. Todo aquello destructible por acción natural resulta vano porque cumple funciones utilitarias en carrera competitiva entre el consumidor y los naturales efectos entrópicos: el moho, los roedores o la inevitable corrosión que hace de estos bienes valores depreciables en el tiempo.
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Si hablamos de la medida de la importancia o utilidad de un ser, de una cosa, de una idea, ¿no hablamos de verdaderos valores?
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Valoración, ¿no está dada en tanto entidad moral, intelectual o física que se aprecia de alguien?
Los verdaderos valores, ¿no son por tanto intangibles?
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"Porque la sabiduría es una protección igual que el dinero es una protección. Pero esta es la ventaja del conocimiento: la sabiduría conserva la vida de su dueño". (Ecle 7:12)
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En una sensata escala de valores, ¿qué determina en alguien la denominada bonanza? ¿No son las circunstancias?
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Para alguien rico que agoniza de hambre y sed en el calor de un desierto abrazador, un sorbo de agua y una pieza de pan, ¿no le representaría toda su fortuna? A ese anhelo de apaciguar sed y hambre, ¿no le daría la sensación de bonanza si pudiera obtenerla a toda costa? Lo daría todo por aquellas riquezas.
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Por tanto, ¿no es la vida el valor más preciado, tanto del pobre, del modesto satisfecho, como también de un rico?
De allí que los cotizadores reconozcan y arenguen esta vieja premisa: "la vida no tiene precio...” (porque en realidad sí tiene valor)
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Así se explica que,
El mundo metalizado tiende a su propia contradicción desfavorable.
Conocer el precio de todo no es comprender el valor real de algo.
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Los precios determinan el cambio material de servicios limitados, necesarios y de posesiones perecibles.

Los valores intangibles, en cambio, son la razón de la felicidad y de la anhelada dichosa longevidad.

08.08.2019
07 Av, 5779
HR

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