Sobre el poder de la gratitud




Leí en una pared: “¿Qué es lo que más recuerda de su experiencia como rescatista?
“Una tarde salvé a trece bañistas de la mar brava. Lo que más recuerdo es que ninguno de los trece se volvió para darme las gracias”

...
La gratitud, ¿cuánto habla de alguien? ¿Será importante tan solo una palabra agradecida?

Ser agradecidos, ¿no es revelar aprecio?
...
Y quien aprecia revela nobleza de espíritu, porque se detuvo y valoró modesto una ausencia, quizás por carencia.
Quizás una lección no conocida
Quizás no dar por obvias las acciones de bien
Quizás el poder de la exhortación de la abuela: “aprende a agradecer, ¡se dice ‘gracias’!”
...
O tal vez el estímulo, la motivación al buen dador para exhortarlo a seguir en hechos de bien
O tal vez el ejemplo para el oído atento del mozuelo que escucha aunque parezca distraído.
O tal vez la necesidad de ver en el aprecio la oportunidad de ser condescendientes.
...
La gratitud obra bien porque conduce al aprecio, y por aprecio se aprende a amar.
...
Otro hubiese sido el final:
“¿Qué es lo que más recuerda de su experiencia como rescatista?
“Una tarde salvé a trece bañistas de la mar brava. Lo que más recuerdo es que uno solo de los trece se volvió para darme las gracias. Desde allí rescatar a otros es mi vocación de vida”
...
Queda por tanto mucho por hacer en favor de los más pequeños, bajo la amorosa custodia paternal.
Quizás una sola palabra de encomio sincero consiga motivar hombres y mujeres que sean agradecidos.
Quizás una palabra de gratitud a la amada o al amado que ministra sea suficiente para fortalecer el mutuo voto de amor.

Una palabra agradecida: el inicio para todo hombre y mujer que aspira a la virtud.

31.07.2019
28 Tamuz, 5779
HR

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