Sobre el amor cuerdo




Leí en una pared: “Creo firmemente que los amores cuerdos no existen, el amor saca de nosotros esa locura que la cotidianidad trata de esconder .....(Lacan)”
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El amor cuerdo, ¿es el amor asistido por la razón?

¿Cuál de todos los amores sobreviven al fuego?
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Si es la pasión, el amor no tiene porqué ser razonable.
Toda atracción decanta en el apetito saciado para procrear.
Así, el deseo atrae a las abejas que se sacian irracionales de exquisita savia, para ser portadoras de polen.
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Si el amor es apego entrañable al ser querido, el amor tiene dosis de ser racional.
Todo apego al hijo o a los padres decanta en preservar con sabiduría y afecto a una vida que nace y crece con la necesaria asistencia y amor que le brindan sus progenitores.
Así, el polluelo de águila anidará con su madre hasta que, arrojado por ella misma al vacío, sus plumas remeras desarrolladas le garantizarán en ese preciso instante un vuelo perfecto, para así ser poseedora de sus propias presas y su propio nido, muy lejos de sus protectores.
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Si el amor es apego al amigo, el amor aprende a ser razonable, porque la condición de una amistad, ¿no depende también de pruebas de lealtad y socorro en el tiempo de angustia?
Así, al amigo entrañable se le conoce en la bonanza y en la pobreza, pero especialmente cuando la adversidad pone a prueba a dicho amigo.
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Si el amor es uno inspirado en principios, aprehendido, fundado en conocimiento y experiencia, hablamos, monsieur Lacan, de un amor “cuerdo”, adquirido, iluminado y desapasionando.
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Por este amor se perdona al enemigo,
Por este amor se tiene conmiseración al espejo,
Por este amor se otorga el beneficio de la duda,
Por este amor se aprende a escuchar y a revalidar oportunidades,
Por este amor se tolera en grado razonable.
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Así,
“Creo firmemente que los amores cuerdos sí existen.

Este amor permanente saca de nosotros esa locura irracional que la cotidianidad trata de exhibir...”

15.08.2019
14 Ab, 5779
HR

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