Sobre las limitaciones afectivas




Leí en una pared: “¿Hasta dónde debemos amar? El límite lo define nuestra dignidad, nuestra integridad, nuestra felicidad, cuando el "ser para el otro" te impide el "ser para ti mismo".
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Cuando vuestro amor no es correspondido, ¿hasta dónde debería usted amar?

¿Por qué existe el temor de estar inseguros como quien pretende una “cosecha de viento”?
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La reacción natural a una expresión libre y consecuente de amor, ¿no es la mutua correspondencia?
¿Quiénes entonces se corresponden?
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Los intereses que atraen a dos personas, ¿no penden entre las satisfacciones egoístas y el interés sincero por conocerse sin atropellar la dignidad del otro?
Existe además un deseo de compartir, y este móvil, ¿no es el mejor?
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Es probable que exista también una opción de auto satisfacerse en un experimento de corto aliento: una jugada de azar.
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La bondad de conocerse sincera y razonablemente ayudará a dirigir esperanza y esfuerzo con pie seguro, sin dudar y con acierto.
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La confianza no tendría porqué ser vulnerada ni traicionada.
La dignidad, la integridad y felicidad permite “ser para el otro" sin temor a la no correspondencia, porque estos atributos, ¿no se confirmaron y fortalecieron en una larga relación de mutua aceptación?
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Estos por tanto son los frutos de un paciente regar y cuidar con sol y agua: con el sustento que toda relación necesita para mantenerse fortalecida.
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De esta forma,
¿Hasta dónde debería alguien amar?
El límite lo define la apertura que brindó el conocerse en lo bueno y también bajo la adversidad, el llegar a aceptarse mutuos entre dolencias e instantes breves de amor, seguros el uno para el otro.
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La dignidad, la integridad y la felicidad para ellos significa mutuo mérito, mutua satisfacción, mutua cosecha 

y confianza bajo el vínculo perfecto de una satisfaciente y duradera relación de amor.

30.07.2019
27 Tamuz, 5779
HR

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