Sobre resistencia al cambio




Leí en una pared: “No es el cambio lo que produce dolor, sino la resistencia a él. Quizás lo que temes no es empezar con lo nuevo, sino poner punto final a lo de siempre”
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Los cambios, ¿no resultan ser procesos bondadosos de vida?

Una semilla ¿no se hace flor?
Una oruga, ¿no se hace criatura alada?
Las aguas del océano, ¿no se hacen nubes?
Las nubes, ¿no se hacen ríos profundos?
Los ríos profundos, ¿no saturan la tierra?
La tierra, ¿no produce semilla? (Ecle 1:7)
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¿Quién puede resistir esos cambios?
Los niños se hacen adultos y algunos adultos se hacen sabios.
Los necios, humildes en Luz, se hacen también sabios.
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Por la ardua labor la semilla se hace pan: la necesidad despierta al ingenio y el ingenio satisface el alma de los que ama y el suyo propio: el desgaste físico ve la satisfacción en la cosecha de un arduo trabajo.
La fricción y el calor para elaborar aquella masa de harina es energía que logró transformación para contentamiento y sentido de logro.
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Sin embargo, voltear una página, ¿por qué se complica en alguien?
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La rutina crea el hábito y la costumbre dependencia cuando las facultades de supervivencia permanecen dormidas en un espíritu. ¿Error de los padres? ¿Ilusión de tratarlos con el lenguaje de los inmaduros? ¿Delirios de una grandeza desmedida?
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Perder este sostén emotivo le corta la respiración a alguien que sufre de carencias emotivas.
La desesperanza da lugar al miedo y el terror a la impotencia.
Un espíritu atemorizado, paralizado, ¿no es presa fácil de un depredador?
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Cuando un progenitor y su socia colman de cariño y afecto a sus niños, ¿no están enseñándoles sentido práctico de seguridad?
El abrazo, el beso espontáneo para ellos es calor acogedor y las palabras de afecto confirmación de un estado en el que la confianza y el sentido de protección se inculcan en él activamente, se arraiga en él para felices resultados: el desarrollo de su sólida personalidad.
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Será por ello que, durante una feroz turbulencia que golpeó y sacudió a un avión de pasajeros, cuando la gente se confundía en gritería e histeria por una inminente muerte, se hizo muy difícil comprender la actitud despreocupada de un pequeñito, distraído con su juego e ignorado del caos que ocurría alrededor.
“¡Oye tú!, ¿es que no tienes miedo?” Le gritó una histérica.
“No señora” -la miró. “Mi papá es el piloto”
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En circunstancias como estás, la serenidad y la confianza ¿no gobiernan al espíritu y con éste estado emocional se opta por mejores caminos?
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De esta manera,
"La resistencia al cambio produce dolor por vacíos de inseguridad. Quizás el temor radique en empezar con lo nuevo, o tal vez en ponerle punto final a lo de siempre".
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Deje usted de estar lloriqueando miedos: ¡incorpórese!
Escoja un niño. 
Edifique en él condiciones de seguridad por el cuidado afectuoso, cariñoso hacia su dignidad. Aliméntelo. Dígale una una y otra vez que lo ama como padre o madre suyo.
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Garantícele usted mismo un feliz cambio: que sea un valeroso padre, una abnegada madre que otorgará guia y calor para todos los que amará mañana.

Regocijarse en su obra por contemplar una transformación lo convencerá desde ahora que es inútil resistir al inevitable y bondadoso cambio.

10.07.2019
07 Tamuz, 5779
HR

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