Sobre la enmienda en libertad




Leí en una pared: “Deja ir a quien no se quiere quedar, suéltalo, su parte en tu historia ya se terminó”.
...

¿Es necesario dejar ir a quien decidió irse?

A menos que esté aferrado, aquella dependencia apuntaría a desamparo, enfermedad o dolor.
...
La libre voluntad eligió irse por el camino que mejor consideró, sin meditar en las consecuencias.
Luego, no se necesita dejar ir: simplemente se fue, y al hacerlo produjo liberación.
...
Las adherencias quizás parezcan intentos de supervivencia de una rutina o una costumbre que ata a un espíritu como esclavo,
a que otros decidan por él o por ella
a que otros trabajen por él o por ella
a que otros piensen por él o por ella.
...
Quizás tuvo progenitores que subestimaron iniciativa u opinión precoz y buscaron “hacer” y “pensar” por cada uno de sus hijos.
¿Serán las consecuencias de frustrar un desarrollo?
...
La capacidad intelectual e inventiva de un niño es asombrosa.
“Papá, ¿por qué le regalas al señor que cuida un trozo de la torta de mi mamá?
“Por que debe tener hambre, hijito.
“¿Y si le das toda la torta? sus hijitos ya no tendrán hambre. ¿Le vas a dar toda la torta? Mi mamá puede hacer más”
Discutir con este niño, ¿seria prudente?
...
Encomiar y animar iniciativas propias, ¿no los motivaría a seguir por ese camino, libre del criterio o prejuicio de otros y alentados por contribuir a causas buenas?
¡Y cuánto más con la fuerza de la motivación y el ejemplo!

Por tanto,
Quien no se quizo quedar, ¿por qué retenerlo? Ya eligió, es libre y deja en libertad a la vez.
...
La enmienda espera mucho del trabajo sobre futuros adultos, aquellos que agradecerán haber conocido la felicidad de un dador generoso.

Su parte en vuestra historia, por tanto, aún no culmina.

11.08.2019
10 Ab 5779
HR

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