Sobre buenas y malas compañías
Sobre buenas y malas compañías
- noviembre 06, 2018
Leí en una pared: "Dime con quién andas y te diré quién eres"
...
Las sanas relaciones, ¿no se corresponden por afinidad y empatía? También las malas.
La consecuencia de la terca e insistente
dependencia de la equivocada "afinidad y empatía", del inútil y letal
apego, ¿no deviene agotamiento emocional y sentimientos de fracaso e
impotencia?
...
Dicha tendencia, ¿no pervierte egoísta el
correcto sentido de una relación inspirada en el amor filial y ágape? Ergo, la consecuencia
suele ser el optar por una soledad infructífera.
...
¿Qué espera entonces encontrar aquel
espíritu solitario bajo la sombra un prospecto ideal si anhela compartir con
aquel tiempo y vida? He aquí el dilema.
...
Un feliz encuentro, quizás...
Si educa primero al corazón afectivo para
no rebuscar con ceguera "virtudes" donde no las hay y así arrastrar
la voluntad bienintencionada.
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Un feliz encuentro, quizás...
Si educa la razón en equilibrio con
sentimientos nobles, que lo acredite como alma benigna, porque procura el mutuo
bienestar con quien se rodea.
...
Un feliz encuentro, tal vez...
Si respeta la individualidad: aquella "soledad constructiva" que
fortalece convicciones y los valores que complementan. ("La única soledad
constructiva es la que uno mismo se reserva para su Hacedor...").
...
En la medida que contemplemos así al
propio espejo (“¿puedo descubrir en mi lo
que espero yo de ti?"), reduciríamos el tema a este sólo aspecto,
Y así tendría aquel solitario la certeza
de encontrar y decidir asertivamente por una mejor compañía gracias a una
educada empatía.
HR
05.11.18

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