Sobre la sabiduría de la buena elección

Sobre la sabiduría de la buena elección



Leí en una pared: “Si pudiera de un plumazo borrar mi estúpido pasado y empezarlo todo otra vez”

 

Vana ilusión, pues nuestras vivencias ¿serán accidentes que se borran? ¿Serán fenómenos de la conciencia cuya huella es la argamasa para edificar el presente?

Sin las ruinas de aquel pasado, careceríamos del objeto sobre el cual ejercer un juicio evidente y correctivo.

Durante el proceso de educar emocionalmente a hijos adolescentes, ¿cómo ayuda el ejemplo de los progenitores al enseñar la sabiduría del saber elegir con acierto cuando llega el tiempo de escoger y la prudencia del saber aceptar?

...

8 [Chorus Fratrum.] Soror nostra parva, et ubera non habet; quid faciemus sorori nostrae in die quando alloquenda est?

9 Si murus est, aedificemus super eum propugnacula argentea; si ostium est, compingamus illud tabulis cedrinis.

10 [Sponsa.] Ego murus, et ubera mea sicut turris, ex quo facta sum coram eo, quasi pacem reperiens.

8 [Coro de Hermanos.] Nuestra hermana es pequeña, y no tiene pechos; ¿qué haremos con nuestra hermana el día que se haya de hablar de ella?

9 Si es muro, edifiquemos sobre él baluartes de plata; si es puerta, fortifiquémosla con tablas de cedro.

10 [La Esposa.] Yo soy muro, y mis pechos son como torre, desde que me presenté delante de él como quien ha hallado la paz.

(Cantar de Cantares 8:8,9, Félix Torres Amat / Scio de San Miguel)

A la luz de esta alegoría, cabe preguntarnos: ¿De qué manera el buen ejemplo de los progenitores se erige como ese muro y baluarte? ¿La inmadurez es esa pequeñez habitada por afectos ciegos? ¿O quizás la madurez, el baluarte de plata donde la elección halla su paz al dirigirse hacia lo verdaderamente bueno?

Aún ante el fracaso, la enmienda de una mala decisión mediante el ejercicio del autoanálisis y la íntima percepción del error (“mea culpa”), dejará en su prole un ejemplo de sabiduría que ellos algún día copiarán. El hijo no hereda un historial perfecto, sino la evidencia de un juicio moral rectificado:

¿Cómo hacer entonces para levantarse de las cenizas y construir con mejores cimientos, duraderos?

 

“Si pudiera de un plumazo inculcar mi pasado y verificarlo en los míos, en todos de una vez”

 

Sería menester pensar en un hogar basado en la sabiduría del “saber esperar” -esa pausa necesaria para que la conciencia perciba lo correcto-, donde la pasión no sea un fenómeno ciego y desesperante, sino una intencionalidad afectiva, un impulso vital guiado por aquella evidencia que asistiría silenciosa y prudentemente al amar.

 

30.10.18

21 Jeshvan, 5779

HR

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