Sobre efectos y causas en quienes opinan y escuchan




Leí en una pared: “La delgada línea que divide opinar y criticar es la misma que separa ser directo y ser cruel”.
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La opinión adversa, ¿cuándo es cruel?
La opinión crítica, ¿cuándo es don?

Los estados de ánimo en el prójimo, ¿no son acaso como los campos de cultivo donde un cultivador cosecha según el terreno elegido? Hablamos de un auditorio donde se combinan reacciones que devienen pareceres y estados de ánimo.
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Se granjeará buen favor, quizás amistad; tal vez animadversión, muy probablemente alguno que otro epíteto, o quizás más de una frase suspicaz... He aquí la siembra. ¿Cuál entonces el fruto?
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Una opinión deja ver los recónditos secretos del yo escondido. Quien escucha y opina, reacciona algunas veces maquillado o encubierto por la etiqueta y las buenas maneras o quizás por la afrenta descabellada de una impetuosa e indomable franca opinión.
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¿Sería prudente calificarla según el efecto y la causa?
La prudencia en el tiempo contribuirá sin duda a saberlo.
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Cuando el opinante es discreto escucha a los demás para considerar palabras e ideas antes de exhibirlas: toma en cuenta susceptibilidad, tolerancia y capacidad de comprensión antes de intentar un aporte, pero especialmente motivos: los suyos y propios.
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“Y además de haberse hecho sabio el congregador, también enseñó de continuo conocimiento a la gente, y meditó e hizo un escudriñamiento cabal, a fin de arreglar muchos proverbios ordenadamente. El congregador procuró hallar las palabras deleitables y la escritura de palabras correctas de verdad”
(Ecle 12:9,10)
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Cuando el opinante es impetuoso y raya en el desborde verbal, quizás no ha medido con interés las consecuencias de sus palabras. ¿Están acaso muy bien calculadas? Habla con valor, eso sí, con temeridad, asistido por el poder de la franqueza y a mansalva (es posible, en contados casos, que en aquel minuto emerja el desquite por un pasado arropado de trauma).
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“Tal como alguien demente que anda disparando proyectiles ardientes, flechas y muerte, así es el hombre que ha embaucado a su semejante y ha dicho: “¿No lo hice por broma?”” (Prov 26:18, 19)
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“Existe el que habla irreflexivamente como con las estocadas de una espada, pero la lengua de los sabios es una curación. El labio de la verdad es el que será establecido firmemente para siempre, pero la lengua de falsedad no durará más de un momento”. (Prov 12:18,19)
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Sea como fuere, habla considerada o desconsiderada. Exhibe un instrumento que revela, enseña y educa para cualquier oído inclinado a la sabiduría.
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Pero la lengua amable pueda que esconda maldad encubierta: el arte del engaño y la estafa.
Pero la lengua franca, tosca y temperamental pueda que esté impulsada por bondad revelada: las bofetadas del bienintencionado bienhechor.
El campo de cultivo, ¿qué frutos entonces dará?
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Prescindiendo de semilla y sembrador, la condición de corazón y madurez otorgará virtud como consecuencia de escuchar mensajes malintencionados o bondadosos: la criba la otorgará la humildad y la prudencia asistida. ¿Cuándo?
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Antes de desbordar estados de ánimo.
Antes de concluir certeza cuando no se tienen elementos seguros de juicio.
Antes de arrepentirse por haber quebrado confianza e impuesto duda en algún conocido íntimo.
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“Haz cosa rara tu pie en la casa de tu semejante, para que no tenga su suficiencia de ti y ciertamente te odie”. (Prov 25:17)
De allí la bondad de este oportuno consejo de Luz.
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Por tanto,
La delgada línea que divide opinar y criticar no es problema ni cálculo para quien desea aprender de la diversidad de habla e intención. Está inclinado a conocer a costa de tolerancia.
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Sea cual sea la intención de quién opina o critica, quien es discreto suma con acierto aquella oportunidad de gratitud que aporta y procura intención de diálogo.

Escuela y lección de tolerancia que cosecha excelentes y duraderas relaciones en el complejo proceso que representa la sana convivencia humana.

05.06.2019
02 Sivan, 5779
HR

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