Sobre palabras honradas y probas




Leí en una pared: “La gente se inspira por nuestras acciones, no nuestras palabras.
Hay una sola forma honesta de vivir: la de los actos. El reino de las palabras tiene reyes decapitados”
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En el reino de las ideas se forjan todas las palabras, audibles y escritas. 

Ellas van más allá de la vida, sobreviven a las generaciones. Se acopian en hojas foliadas, en libros: bibliotecas. ¿Qué inspira una idea? ¿No es la voluntad motivada a interpretar?
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Algunas veces la ausencia de ideas motivan a muchos a recurrir a la ley del menor esfuerzo: llenar vacíos con palabras ajenas, exhibidas como cáscaras vacías. El motivo: algo que decir para no callar.
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Y la palabra expresada, ¿no revela además el conjunto de los pensamientos?
Estos pensamientos se sintetizan en una suma de ideas.
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La acción confirma el trasfondo de una dominante idea, más allá de las palabras.
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Cuando son probas, honran la palabra hablada o escrita.
Descubra, por tanto la idea omitiendo toda palabra: concéntrese en los hechos.
Los pensamientos por ello son confirmados por las acciones.
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¿Por qué entonces algunas palabras carecen de confianza?
“El viento se las llevó porque fueron espejismos” dice alguien que esperaba consecuencia.
La decepción, ¿no es la consecuencia final de haber descubierto ideas malsanas disfrazadas en decorosa palabras?
"¡Poemas de falsedad!" Sentencia un decepcionado.
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“El congregador procuró hallar las palabras deleitables y la escritura de palabras correctas de verdad” (Ecle 12:10)
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¿Hay intención en la selección de "palabras correctas de verdad"?
“La sabiduría del sagaz es entender su camino, pero la tontedad de los estúpidos es engaño.
Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra, pero el sagaz considera sus pasos.
Los inexpertos ciertamente tomarán posesión de la tontedad, pero los sagaces llevarán el conocimiento como prenda sobre la cabeza.” (Prov 14:8,15,18)
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El pago de no discernir una idea ¿no es en el peor de los casos el engaño? La ignorancia tiene por ello un precio alto.
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El sagaz no es crédulo: medita, considera su camino, sus propios pasos. El conocimiento, frente al color y dimensión de una palabra lo asiste y previene en todo momento.
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"¿Comprendo el rumbo de mis caminos? ¿Sé lo que quiero?"
Sin identidad, al no tener claro el rumbo de vida habrá reincidencia... "Si no sé lo que deseo, ¿cómo pretendo saber a quién quiero?"
La voluntad tropezará con la misma piedra. Y el desengaño, ¿no es desgaste?
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En la intención de un dicho o una expresión de galanteo, rimado o no, ¿hay voluntad y sincero deseo?
La voluntad es querer. Obrar con resolución y voluntad conllevará una acción:
Si es egoísta, el engaño -quizás la seducción- procurará una víctima.
Si es altruista, será palabra proba, honrada, sincera, y además asistida. "Valdrá oro", porque vivirá la experiencia que demuestran cariñosos muchos que son mudos.
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Las acciones por ello tendrán impacto, consecuencias en el destinatario.
¡Cuánto valor tiene la palabra de aquel que la honra!
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La voluntad expresada tiene por esta razón consecuencias. ¿Cuáles desea para usted?
El peso y la probidad de la palabra la atribuirá el destinatario, no el remitente.
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Ergo,
"La gente se inspira por intenciones, deseos que mueven la voluntad. Cuando las expresa en palabras, ¿tienen estas sólido arraigo?
Hay una brecha evidente entre la intención y un hecho.
Y hay una sola forma honesta de vivir: la de las palabras que son consecuencia de nobles actos que significan nobles pensamientos.

El reino de las palabras sin fundamento tiene por ello reyes decapitados”

01.07.2019
28 Sivan, 5779
HR

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