Sobre los reparos al dar



Leí en una pared: "A veces por querer ayudar acabamos molestando. No siempre es bueno darlo todo. Es mejor dar cariño con medida, para que lo valoren más y sepan apreciar el esfuerzo que esto supone”
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¿A quién molesta el ser ayudado? ¿Hace bien usted al dosificar vuestra generosidad? ¿En qué medida debería usted interesarse en los demás? El cariño, ¿es dosificable o incontenido?
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No todos tienen las condiciones presentes para apreciar el generoso dar. Por ello, ¿no existe un tiempo para todo asunto?
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"Para todo hay un tiempo determinado; hay un tiempo para cada actividad bajo los cielos:
[...] un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo que se plantó;
[...] un tiempo para abrazar y un tiempo para privarse de los abrazos;
[...] un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar;
Por eso dije en mi corazón: “El Dios verdadero juzgará tanto al justo como al malvado, porque hay un tiempo para cada actividad y para cada acción”.
(Ecle 3: 1, 2,5,7, 17)
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No todos tienen las condiciones presentes para agradecer por aprecio el generoso dar. Quien es altruista busca con sabiduría el momento idóneo, en fidelidad a la causa de su lealtad motivada por amor.
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La prudencia, ¿no es hija de la experiencia? Tener las condiciones generosas para estar atentos a cualquier ayuda, ¿no contribuye al bienestar y al preservar vidas?
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Las madres no duermen por atender a un hijo en su lecho de enfermedad.
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Los conyuges que se aman no duermen por atenderse durante el periodo del malestar. ¿No se colman acaso de atenciones?
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Algunos aprenden tarde y prefieren velar a sus muertos sin poder el sueño conciliar.
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Por prudencia se avisora desde lejos el momento idóneo. Cuando llega la ocasión no existe para un alma generosa dosis alguna para asistir con cariño a quien ama. El cariño es así desborde de incontenido amor. Aquel dar, ¿no es acaso una entrega de lo que desea y puede en la medida que ama?
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Dar de la abundancia sincera de vuestro corazón aunque otros no lo correspondan ¿no es gratificante para usted cuando entrega? No está supeditada vuestra felicidad por buen obrar a las consecuencias finales, porque la retribución ¿no es devolver condiciones más felices? El prudente no insiste allí donde el don es despreciado. Quizás sea otro el medio y el tiempo. Quizás se limite a orar para encomendar.
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La dosis la ha discernido quién evaluó motivos, tiempo idóneo y en qué medida es prudente su generosa entrega. Bueno es encontrar discresión por tanto en toda intención.
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El aprecio por recibir es, por desgracia, virtud de pocos: sólo aquellos que atesoran la verdadera esencia de vuestro ser, la intención del por qué usted da le dirán "gracias" en su silencio y muda sonrisa.
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Quizás el persuadir por buenas razones que hagan disipar a quien recibe de usted aquel miedo durante su estado tormentoso, casi siempre pasajero.
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Por tanto,
"Hay quienes prefiren no ser ayudados, no siempre es bueno insistir. Hace bien usted en entregar con cariño y sin medidas para enseñar por actitud el valor de la generosidad y así copien otros y con aprecio el esfuerzo que supone toda entrega generosa”
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Cuando una joya es retornada la ganancia sigue siendo parte de los tesoros de aquel generoso corazón, fuente de todo dar.
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La dicha de sembrar tiene mérito indiscutible como verbo. El resultado final ¿no dependerá también de la clase de terreno sobre el que usted intenta sembrar?

Vea usted la bondad del dar sin reparos ni medidas cuando vuestra volundad le ordene entregar.

09.06.18
06 Sivan, 5779
HR

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