Sobre el capricho de las Moiras




Leí en una pared: “Al fin y al cabo es [usted] responsable de su propia existencia. Uno se convierte en quién decide ser”.
“¡No!, Nuestro destino no está solo en nuestras manos, casi nunca...”
...

“Estoy mojado... ¡maldita lluvia!”
...
“Bendita sea la hora que traje paraguas... ¡dichosas plantas que beben de ti, aguacero celestial!”
...
Dos percepciones
Dos estados de ánimo
Dos realidades
Dos paradigmas
La lluvia: una sola

Los caminos, “al hacerse al andar”, ¿no son senderos de únicos pies?
Quizás la calzada sea lugar de tránsito para multitudes. Pero las huellas son únicas, como las aguas del río: “nadie nada donde otro nadó...”
...
El Hado de los griegos dominaba la voluntad terrenal. Eran las Moiras las que tejían y decidían la acción y futuro (destino) humano, en la rueca y en el tamaño del hilo recogido en el huso de su capricho.
...
Siendo el caso, ¿dónde quedaba el libre albedrío?
Para los dioses helenos el albedrío era derecho del Olimpo.
Y aquellos dioses, ¿no resultaron arruinados, arrimados? ¿No son piezas de exhibición en Londres y Berlín?
...
¿Y la voluntad humana?
Goza de la libertad concedida: vive.
Y aquella libertad lo hace responsable de sus pisadas.
De manera que, ¿hay excusa y pretexto para culpar al Olimpo?
...
“Porque hay un suceso resultante respecto a los hijos de la humanidad y un suceso resultante respecto a la bestia, y ellos tienen el mismo suceso resultante. Como muere el uno, así muere la otra; y todos tienen un solo espíritu, de modo que no hay superioridad del hombre sobre la bestia, porque todo es vanidad. Todos van a un solo lugar. Del polvo han llegado a ser todos, y todos vuelven al polvo. ¿Quién hay que conozca el espíritu de los hijos de la humanidad, si asciende hacia arriba; y el espíritu de la bestia, si desciende hacia abajo a la tierra? Y he visto que no hay nada mejor que el que el hombre se regocije en sus obras, pues esa es su porción; porque, ¿quién lo hará venir para que mire lo que va a ser después de él” (Ecle 3:19-22)
...
La porción asignada en infinitivos:
Tiempo de amar
Tiempo de odiar
Tiempo de reír
Tiempo de llorar
Tiempo de comer
Tiempo de ayunar
Tiempo de hacer
Tiempo de deshacer
Tiempo de vivir
Tiempo de morir
...
“Para todo hay un tiempo señalado, aun un tiempo para todo asunto bajo los cielos” (Ecle 3:1)
...
La obra quedará como testimonio de voluntad en hechos mensurables: monumento, epitafio, cicatriz, poema, partitura, tradición, re-invención, patente, crónica, receta, obituario.
...
Los fiscales de la historia denunciarán cualquier intento de torcer lo que no es, debido a que “nadie hará volver [al artífice] para que mire lo que va a ser después de él”.
...
Así,
“Al fin y al cabo es usted responsable de su propia existencia. Uno se convierte en quién decide ser: cosecha de gozo por siembra industriosa o desdicha por siembra necia.

Nuestro destino no es capricho de Moiras: está en nuestras manos el hilo y la rueca.
Se obra y cosecha consecuencias por cada voluntad expresada en los actos”.

02.07.2019
29 Sivan, 5779
HR

Comentarios

Entradas más populares de este blog

I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables

Rosa de mi sueño

Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz