Sobre "asfixiar al príncipe azul”




Leí en una pared: "El truco para que el príncipe se vuelva azul está en asfixiarlo”.
Vaya usted e indague para sí:

Consumado el crimen, ¿está resuelto el problema? Discierna usted causa y móvil. Luego pregunte a un espejo.

¿”Asfixiar” una relación idealizada?
¿La urgencia de renunciar a dependencias infecundas, nocivas?¿La huida para encontrar mutua felicidad con quien compartir vida en condiciones de paz y libertad?
¿La enmienda para aprender del error y en soledad?
Esta experiencia escasa de amor, ¿será que habrá recobrado el juicio por aceptar la realidad? ¿niega acaso una decepción la posibilidad de mantener relaciones posteriores sanas y permanentes?
La relación afectiva ideal y madura prepara vidas para la preservación de otras: el cariño de los padres para el apego afectivo; el respeto para conocer justicia que da sagacidad, que cultiva tolerancia; disciplina para rectificar actitudes egoístas. Esta formación, ¿deviene aprecio? ¿No fue la primera escuela de amor la de los progenitores? La orfandad, la negación de ese amor formativo, ¿no triunfa acaso con todas sus secuelas y carencias? Cuando dos vidas se unen bajo la forja de esta escuela de aprecio, ¿garantizan la continuidad de su entrenamiento? Los autores de los días, ¿lo sabrían por el fruto de su siembra?
Del éxito de esta formación, la convivencia, ¿tendría que ser conflictiva? dos seres imperfectos, ¿aprenderían a compartir en mutua correspondencia altruista, concentrados en formar vidas dichosas?
La realidad, por tanto va más allá de la idealidad afectiva.

Dígame entonces, ¿se considera usted un ideal o una realidad para quien lo ama? ¿Puede usted evitar el crimen del “no habido” príncipe azul?

07.12.18
3 Tevet, 5779
HR

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