Sobre la impotencia asistida de un espíritu




“¿Te has mostrado desanimado en el día de la angustia? Tu poder será escaso” (Proverbios 24:10).
La impotencia de un espíritu que padece tristeza prolongada...¿qué hacer?
Las palabras reconfortantes de un desconocido surten efecto algunas veces. Quien está triste no puede comprender que nada hay imposible de resolver y que el problema viene casi siempre con una solución encubierta.
¿Cómo develársela? ¿Ayudaría tantear con discernimiento sereno en medio de la oscuridad por él? Pensar por un afligido en estas condiciones exige encontrar hechos de verdad y esto implicará una cuota razonable de sacrificio abnegado de quien otorga y obediencia y modestia de quien recibe. También la actitud filial de quien se propone ayudar.

Una idea permanece adherida a un juicio, esté o no procesada, quizás no comprendida a cabalidad. Mala o buena será por el efecto que cause. Buena, si fortalece, levanta, anima, si logra otorgar razones convincentes y un propósito creíble conocido como esperanza. ¿Habrá aquí un ejercicio de empatía para persuadir con delicadeza? Será necesaria esta cualidad en todo instante.
Pero las ideas ¿llegan solas? ¿No se inducen por la libre voluntad? La buena voluntad sensible verá aquí una apremiante necesidad de actuar y buscar: saber para comprender, entender para proceder con eficiencia en cada intento paciente.
Las ideas someterán a prueba la humildad y el orgullo del objeto de ayuda. La humildad ayudará a procesar y acepta posibilidades que deberá comprobar, otorgándole a cualquier causa el beneficio de la duda. El orgullo romperá en protesta y se declarará contestatario, prejuicioso, en abierta oposición: una manifestación cordial que “enfermará los huesos”...
Es aquí cuando aquel espíritu discreto otorga la palabra apropiada: una sola inspirada... una luz que llevará a lumbrera que impida el golpe a ciegas del prójimo dolido, su objeto de misericordia.
Será necesaria más luz para percibir y decidir asistido por conocimiento (siempre habrá una lumbrera mayor).
De este modo, el curso del problema estará encaminado a una solución... ¿rebuscarlo quizás en la contradicción?
“Tengo hambre”, busque usted saciarle.
“Tengo necesidad de afecto”. Que encuentre en su amistad sincera al amigo par.
“Tengo problemas materiales”
Aprenda usted de un sabio el valor del oficio y el uso eficiente de sus manos...también de las bondades del ahorro y la previsión inspiradas en una escala de valores de contentamiento y autosuficiencia. Así podrá motivar con el ejemplo.
En temas complicados como el afecto dañado por infidelidad o decepción, valdrá aquí el saber escuchar, escuchar y seguir escuchando ... para comprender.
¿Está aferrada a una pesadilla, a una obsesión, al miedo a un ...”¿será o no será?” Siga usted escuchando. ¡Reprima la lengua!
Y aún ante evidencias, ¿no serán acaso la serenidad el mejor camino para vislumbrar la verdad? ¿Tiene usted reunidos todos los elementos reales para llegar a un juicio de valor?
Serenidad es virtud de la razón.
Celo mórbido es ceguera, defecto del impulsivo corazón...
Escuchar es la facultad de entender. Y el tacto la eficiente herramienta para conseguir entendimiento.

Será un amigo bueno y oportuno quien prepare el espíritu, porque anhela motivado compartir liberalmente lo que no le pertenece...la sabiduría serena.
“Recibieron gratis, den gratis”... ordenó el Instructor.
Vanagloriarse de los dones ajenos es soberbia insoportable...
Lo bello en alguien es estar allí cuando se le requiere, y obrar imperceptible, invisible a vista de otros, anónimo pero eficiente. Aquellos que gustan compartir sin exigir nada a cambio se regocijan en deleite supremo: la satisfacción del obrar liberal y eficiente con resultados edificantes, ¡y el consecuente regocijo de devolverle una sonrisa y una razón de vivir a otro espíritu entrenado en el ejercicio liberal del agape!

18.12.18
10 Tevet, 5779
HR

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