Sobre la correspondencia afectiva




Leí en una pared: “No es lo mismo decir ‘te quiero’ que ‘yo también’ "
 
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La respuesta a un “te quiero” ¿no da lugar a un acto espontáneo? Una sonrisa, un abrazo, un beso cariñoso, quizás. Tal vez el simple silencio.
La gran pausa, ese meditar que sigue a lo oído, es la correspondencia ideal a ese afecto.
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Cuando es impulsiva o “recíprocamente social”, la mecha de esa lumbre se extingue prontamente.
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Llegar a este nivel de afecto implica una correspondiente y meditada afirmación: “Te quiero”: la seguridad de saber qué es lo que se quiere y a quién se quiere. Decirlo habla de una confesión y del valor de esa certeza.
 
La puerta de la franca confianza entonces ha sido abierta...
 
04.12.18
HR

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